-LOS SEGUIDORES DE JESÚS-
Las lenguas no son otra cosa que las variaciones locales de una lengua madre, en nuestro caso el latín. Esas variaciones son propias de lenguas anteriores y de los usos que las gentes de un lugar dan a las palabras de esa nueva lengua. La religión, en nuestro caso el Cristianismo, con una historia ya de más de 2.000 años y con una extensión universal, está sujeto igualmente a adaptaciones, creencias y maneras de ver sus múltiples acontecimientos. Con los seguidores de Jesús pasa algo parecido, sus denominaciones fruto de un uso intenso y continuado han dado lugar a algunos errores que merece la pena aclarar.
JOSÉ ANTONIO PARRA-JESÚS DE NAZARET
José Antonio Parra en Asociación la Tortuga de El Charco
10/28/202615 min read


Como vemos los “Doce” y los “discípulos” eran dos grupos diferentes, aunque los Doce formaban parte de “los discípulos”, pero los “discípulos” eran muchos más, y los “Doce” solo eran ese número dentro del grupo de los “discípulos”.
Y también tenemos un cuarto grupo, dentro de los discípulos que eran “los apoyos domésticos”, que ayudaban a Jesús de otra manera, que no era el seguimiento itinerante como hacían otros “discípulos” y los “Doce”; por eso, se les da el nombre de “apoyos domésticos” porque cada uno, desde su pueblo, su casa, apoyaban a Jesús.
Por último, podemos distinguir otro grupo, que son “Los Apóstoles”, que no tienen nada que ver con las muchedumbres, ni con los discípulos, ni con los Doce, ni con los apoyos domésticos, sino que son un grupo aparte, que surgió después de la muerte de Jesús, y no formaron parte de su vida. Mientras Jesús vivió no tuvo apóstoles, tuvo discípulos, los Doce, etc., pero no tuvo apóstoles; éstos, son un grupo pos pascual.
Las muchedumbres: sabemos que, desde el comienzo de su vida pública, a Jesús le siguieron las muchedumbres. Jesús les hablaba de un Dios que no venía a castigar a la gente, ni a pedirles cuentas de sus actos, ni a juzgarlas ni condenarlas. Jesús les hablaba de un Padre misericordioso y bondadoso, que les acompañaba en sus miserias, y estaba siempre al lado de ellos, aportándoles en lo que les hacía falta: “el pan de cada día”, el amor del Padre por sus criaturas. Todas estas cosas impresionaron mucho a las gentes, ya que Jesús inauguró un estilo de predicación y un lenguaje muy cercano a ellos.
Mucha gente de estas muchedumbres que seguían a Jesús, era pobre y desgraciada, es decir, personas excluidas, sin ocupar un lugar social, y no porque Jesús eligiera a esta gente, sino porque la inmensa mayoría de los galileos eran pobres: campesinos, pastores, agricultores, gente pobre y sencilla.
Pero, también hay que reconocer que Jesús se relacionó con gente pudiente. Es falso que Jesús solo andaba y se relacionaba con los pobres, desahuciados, etc. Encontramos a mucha gente adinerada, y de buena posición económica, que seguían a Jesús. Por ejemplo, tenemos el caso de Leví (Mc 2,13-15), que era cobrador de impuestos, y los cobradores de impuestos eran gente muy bien situada económicamente. También tenemos a la mujer con hemorragias (Mc 5, 25-34), que toca el manto de Jesús por detrás para curarse. Nos dice el Evangelio que era una mujer rica, y que había usado su dinero en los médicos.
Jairo (Mc 5, 35-43), jefe de la sinagoga de Cafarnaúm, hombre poderoso y rico, al que se le muere su hija, y Jesús la devuelve a la vida.
El famoso centurión de Cafarnaúm (Mt 8, 5-13), militar situado muy bien económicamente, y al que Jesús le cura a su criado.
Zaqueo (Lc 19, 1-10), jefe de los cobradores de impuestos, era tan rico que, cuando se encuentra con Jesús, se convierte y promete dar la mitad de sus bienes a los pobres y, además, a todos los que hubiera estafado, iba a devolverles cuatro veces más.
La mujer con perfume (Mc 14, 3-9). El perfume estaba valorado en 300 denarios y, si tenemos en cuenta, que un obrero cobraba un denario diario, sería el sueldo de un obrero de casi todo un año. Esta seguidora de Jesús tendría mucho dinero.
El dueño de la casa donde Jesús celebró la Última Cena (Mc 14, 12-26). La casa tenía que ser grande para que pudieran estar todos los discípulos, y por ello, el propietario sería persona muy bien situada económicamente.
Vemos, pues, como Jesús tuvo también seguidores de un buen nivel económico, de buena posición social, y que lo acompañaron durante su vida.
Las muchedumbres la formaban gente que iba y venía, y no lo seguían permanentemente. A veces, se mostraban enfervorizadas, pero no era un entusiasmo profundo y duradero. Por eso, eran muchedumbres casuales, aleatorias, dependía del lugar donde Jesús iba. La mayoría de esta gente, nunca se comprometió a fondo, a pesar de las expectativas de Jesús. Esto es importante a tener en cuenta, porque va a ser la razón por la que Jesús abandonará Galilea e irá a Jerusalén.
Pero, ¿Cómo de grandes eran estas muchedumbres? La respuesta es que no se puede saber, porque no hay datos. La única vez que los Evangelios nos dan una cifra de esas muchedumbres que seguían a Jesús, es en la multiplicación de los panes. Y sabemos que hay dos multiplicaciones de los panes en los Evangelios de Marcos y de Mateo, y las dos nos dan cifras. En la primera multiplicación de los panes, en Mc 6,43-44, nos dice: “…Y recogieron las sobras: 12 cestos de pan y peces. Los que comieron eran 5.000 hombres”. Y la segunda multiplicación de los panes, en Mc 8, 8-9, nos dice: “…Comieron y se saciaron. Y de los trozos sobrantes recogieron 7 cestos. Fueron unos 4.000”.
Estas son las dos únicas veces en los Evangelios, que se nos dan cifras de estas muchedumbres, que seguían a Jesús. Pero, ¿se puede aceptar estas cifras? Hoy, los exegetas sostienen que no son cifras reales, que son cifras simbólicas, imposibles de ser ciertas.
Si se piensa en la población que había en los pueblos y aldeas de Galilea, se deduce que no llegan a estas cifras. Por ejemplo, Cafarnaúm, una de las ciudades más grandes de Galilea (junto a Tiberiades y Séforis), ciudad fronteriza, con centurión al mando de una guarnición de tropas, aduana, etc. Y se le calcula una población de 1.500 a 2.000 habitantes. Si hubiera habido 5.000 hombres en la multiplicación de los panes, habría que imaginar tres veces la población de Cafarnaúm; es decir, tenemos que juntar todos los pueblos y aldeas de Galilea, que se vaciaron para ir a escuchar a Jesús, por lo que se considera imposible tener esas cifras como ciertas. Lo que sí se puede decir es que la gente que lo seguía era muy numerosa para aquel contexto. Quizás eran 200-300-400 personas.
Y si se acepta, que la multitud que le seguía era muy numerosa para aquel contexto, podemos entender entonces la crucifixión de Jesús, porque si hubiera reunido poca gente, no habría sido una amenaza para los romanos y habría pasado sin pena ni gloria, sin ser una molestia política; lógicamente, un profeta que predica el amor al prójimo y que reúne 40-50 personas, no hubiera supuesto un problema para Roma. Por el contrario, si el gobernador romano se ocupó de detenerlo y ejecutarlo, es porque Jesús preocupaba a las autoridades por la mucha gente que reunía. Y esto se puede justificar teniendo en cuenta lo que pasó con Juan el Bautista.
Independientemente de lo que dice el Evangelio, Flavio Josefo cuenta que el motivo por el que mataron a Juan, fue la cantidad de gente que reunía. Nos dice que Herodes Antipas, tetrarca de Galilea, se preocupó y asustó ante la posibilidad de una revuelta, por la cantidad de seguidores que tenía Juan el Bautista. Igualmente, a Jesús lo mataron, no tanto por lo que decía y predicaba, sino por la cantidad de gente que le seguía.
Los discípulos: Jesús tuvo un grupo de discípulos estables que lo acompañaban permanentemente. Y estos eran hombres y mujeres, que dejaban a sus familias, y le seguían de manera permanente en su vida itinerante. Vuelvo a hacer la aclaración de no confundir “los discípulos” con los “Doce”.
En Lc 6,17, dice lo siguiente: “Bajando con ellos, se detuvo en un paraje llano. Había una gran multitud de discípulos suyos, y una gran muchedumbre del pueblo, de toda Judea y de Jerusalén…”. Junto a la gran muchedumbre del pueblo, había muchos discípulos.
Para entender la revolución que Jesús causó con sus discípulos, hay que tener en cuenta el sentido de la palabra “discípulo”. En hebreo, la palabra “discípulo” se dice “talmid”, y en arameo “talmida”. Pues bien, esta palabra no aparece nunca en el Antiguo Testamento, salvo en un texto en el primer Libro de las Crónicas (25,8), referente a un estudiante de música; es decir, no había discípulos o, por lo menos, no los había con esta palabra. Tampoco aparece la citada palabra en ninguno de los más de 900 rollos de escritos de Qumrán, como si no hubiera habido discípulos entre ellos.
Por su parte, en griego, la palabra “discípulo” se escribe “mathetés”. Y tampoco aparece en la versión griega del Antiguo Testamento, llamada de los “Setenta”. Igualmente, no aparece en la literatura griega intertestamentaria (siglo II a.C.- siglo I d. C.).
Entonces, al no aparecer la palabra “discípulo” en ningún libro anterior ni contemporáneo a Jesús, los exegetas han llegado a la conclusión, de que fue Jesús el que creó esa palabra para referirse a sus seguidores. La palabra existía, pero el concepto de “discípulo” para sus seguidores, fue creado por Jesús. Esto es algo verdaderamente revolucionario.
Los Doce: en cierto momento, Jesús eligió, de entre sus discípulos, a doce. Así en Mc 3, 13-19, dice:
“Y subió a la montaña, y llamó a los que Él quiso. Y constituyó a doce para que fuesen sus compañeros y para enviarlos a predicar, y para que tuvieran poder de expulsar los demonios. Designó, pues, a los Doce; y puso a Simón el nombre de Pedro; a Santiago, hijo de Zebedeo, y a Juan, hermano de Santiago –a los que puso el nombre de Boanerges, es decir, hijos del trueno–, a Andrés, a Felipe, a Bartolomé, a Mateo, a Tomás, a Santiago hijo de Alfeo, a Tadeo, a Simón el Cananeo, y a Judas Iscariote, el que lo entregó”.
Este texto, es el más antiguo que se conoce, donde aparece la lista de los Doce.
Si Jesús ya tenía numerosos discípulos que lo ayudaban en las tareas, ¿por qué eligió aparte a estos Doce? Hay que hacer un poco de historia: sabemos que el pueblo de Israel estuvo formado por 12 tribus. Estas tribus fueron desapareciendo poco a poco. En el año 721 a.C., los asirios invadieron el reino del norte y se llevaron cautivas 10 tribus. Años más tarde, en el año 587 a.C., los babilonios conquistaron el reino del sur, y se llevaron cautivas a las 2 tribus que quedaban (Judá y Benjamín). Pero, de todas estas tribus, solo regresaron a Israel, los integrantes de la tribu de Judá (de donde procede el nombre de judíos).
¿Qué fue de la vida de las otras once tribus? ¿Por qué regiones desconocidas estaban diseminadas? ¿Acaso Dios permitiría que se perdiera una parte del pueblo elegido? Frente a estas preguntas que se hacía la gente, los profetas predijeron que llegaría un día en que Dios volvería a reunir a las doce tribus de Israel. Así, Isaías (27, 12-13), Jeremías (29,14) Ezequiel (20,34), Sofonías (3,20), Miqueas (2,12), habían anunciado que, al final de los tiempos, el Señor traería a los israelitas dispersos por todo el mundo, y los reuniría en un solo pueblo. Entonces el número “doce” volvería a ser la característica del pueblo de Israel.
Recordando estas profecías, Jesús buscó entre sus seguidores a doce hombres, uno por cada tribu perdida, y los hizo sus discípulos inmediatos, más allegados. Era una manera de decir, que Dios estaba comenzando un nuevo pueblo, sobre el fundamento también de doce, pero de una manera nueva e insospechada. Las profecías, pues, se habían cumplido en Jesús. Los nuevos tiempos habían llegado. Este significado del grupo de los doce debió de ser tan obvio, que los evangelistas ni siquiera se molestaron en explicarlo. Pero los doce hombres elegidos por Jesús nunca se llamaron “apóstoles”, sino simplemente los “Doce”.
Siempre hablamos de los doce apóstoles y es un error. El nombre oficial era los “Doce”, y en los Evangelios siempre se habla de los “Doce” como institución. Y en Marcos 3,14, se dice el motivo de elegirlos: “Instituyó a Doce para que estuvieran con Él, y para enviarlos a predicar”.
La primera función es que lo acompañaban, como símbolo de la restauración de las 12 tribus. Al ver a Jesús caminando, rodeado por los Doce, despertaba en la gente el sueño largamente acariciado. Por tanto, no era un mero gesto simbólico; en la mentalidad judía, se ponía en marcha una realidad.
Y, la segunda función, era enviarlos a predicar a pueblos y aldeas, porque Jesús tenía urgencia de anunciar la “Buena Noticia”, a la mayor cantidad de gente. Los Evangelios traen ejemplos de estos envíos, con los consejos que Jesús les daba a los misioneros. (Mc 6, 6-13) (Lc 10,1).
Estas dos funciones que tenían los Doce, es decir, estar con Jesús y enviarlos a predicar, eran funciones que cumplían en el “presente”, en el tiempo que vivía Jesús. Pero hay una tercera función, que cumplirían los Doce en el futuro. Así aparece en Mt 19, 28:
“Cuando el Hijo del hombre se siente sobre su trono glorioso, os sentaréis, vosotros también, sobre doce tronos, y juzgaréis a las doce tribus de Israel”.
Eran el símbolo de un nuevo comienzo para Israel. Así, se entiende la petición de Santiago y Juan de ocupar los mejores puestos, a la derecha e izquierda de Jesús.
En el Nuevo Testamento, tenemos cuatro listas de los componentes de los “Doce”: Marcos, Mateo, Lucas y Hechos de los Apóstoles. Juan no menciona el grupo de los “Doce”.


La lista de Marcos y Mateo vemos que coinciden. Lucas, en cambio, nos da una lista ligeramente diferente, y esta lista de Lucas coincide con la de Hechos, por ser el mismo autor. Los cuatro primeros nombres, coinciden en las cuatro listas, aunque cambien el orden. Los cuatro siguientes, también coinciden en las cuatro listas.
Sin embargo, en los cuatro últimos, aparecen las diferencias. Por ejemplo, Marcos y Mateo mencionan a un tal Tadeo, que no está en Lucas ni en Hechos. Y en su lugar Lucas y Hechos nombran a Judas de Santiago. Y, claro, entonces serían 13, y por ello, la tradición identifica a Judas con Tadeo, y así tenemos a Judas Tadeo, que no existe, por ser un invento de la tradición, aunque tiene muchos devotos, que lo han proclamado abogado de las causas difíciles.
Lo mismo ocurre con Leví. Hay que recordar que en Mc 2,14, se cuenta la vocación de Leví: Jesús lo llama y éste lo siguió. ¿Dónde está Leví en estas listas? Y claro, la tradición no podía permitir que se perdiera, y entonces lo identificaron con Mateo. Pero no son la misma persona.
Igualmente, con otro discípulo llamado Natanael. En Jn 1, 45-51, se cuenta la vocación de este discípulo, que Jesús lo llama y éste le sigue. ¿Dónde está Natanael en las cuatro listas? No está. Y entonces la tradición lo ha identificado con Bartolomé. Hasta el punto que, cuando llega la fiesta de san Bartolomé (24 de agosto), en la Misa, se proclama el Evangelio de la vocación de Natanael.
Todo este esfuerzo de asimilar nombres, se ha hecho para que sumen doce, pero esto nos muestra que no todos los nombres de los “Doce” se grabaron firmemente en la memoria de la tradición posterior.
El Evangelio de Juan no tiene interés en el grupo de los “Doce”, y nunca dice que Jesús haya elegido a doce. Por ello, no trae la lista de sus integrantes. Únicamente menciona a 3 de ellos, como miembros de los “Doce”: a Simón Pedro, en Jn 6,67-69; a Judas Iscariote, en Jn 6,70-71; y a Tomás, en Jn 20,24.
Los apoyos domésticos: lo componían mucha gente entusiasmada, agradecida, que Jesús les había tocado el corazón…, pero que no todos podían abandonar su casa para seguirlo. Entonces, colaboraban con Jesús de diversas maneras: le ofrecían alojamiento, comida, información, y todo tipo de ayuda cuando Jesús visitaba un pueblo o una ciudad. Estos adeptos constituían lo que podemos llamar “grupos de apoyo”, que ayudaban a Jesús.
Por los Evangelios conocemos a algunos de estos personajes. Por ejemplo, Zaqueo (Lc 19, 1-10), que, una vez convertido, constituiría una ayuda a Jesús en Jericó. Marta y María (Lc 10,38-42), en Betania, y también en esa ciudad a Simón el leproso (Mc 14,3). En Betfagé (Mc 11,2) el dueño del burro. En Jerusalén (Mc 14, 13-15), el dueño de la casa de la Última Cena.
Estos colaboradores no son llamados discípulos, y muchos de ellos eran personas curadas, o liberadas por Jesús, que querían colaborar con Él.
Los Apóstoles. La palabra apóstol (apóstolos), significa “enviado”. Este título de “apóstol”, en realidad surgió después de la muerte de Jesús. Durante su vida, Jesús no tuvo apóstoles, porque no los envió a ningún sitio concreto. Iban a algún pueblo o aldea, pero enseguida volvían.
Pero, cuando Jesús murió, algunos discípulos fueron enviados por las comunidades a predicar el Evangelio, como testigos de su resurrección. Así nace el título de “apóstol”, para designar la nueva misión que tenían. Entonces, los primeros que se convierten en apóstoles fueron los “Doce”. Pero hubo también otros que, aunque no conocieron a Jesús personalmente, también fueron enviados, y se llamaron apóstoles.
Por tanto, no podemos confundir a los Doce con los apóstoles. Los Doce fueron apóstoles, pero no fueron los únicos apóstoles. Así en Hch 14,14, tenemos como apóstoles a Pablo y Bernabé. En 1Ts 2,7, aparecen como apóstoles Silvano y Timoteo. En Gal 1,19, aparece como apóstol Santiago, el hermano del Señor. En Rm 16,7, aparecen Andrónico y Junia (una mujer) como apóstoles. En Flp 2,25 aparece Epafrodito. Por ello, no son doce los apóstoles, sino que lo son todos los enviados posteriores que se dedicaron a predicar el Evangelio.
Que los “Doce” y los “apóstoles” eran grupos distintos, lo vemos claramente en el mismo Pablo, en 1Cor 15, 3-7:
“Porque os trasmití ante todo lo que yo mismo recibí: que Cristo murió por nuestros pecados, conforme a las Escrituras; y que fue sepultado; y que resucitó al tercer día, según las Escrituras; y que se apareció a Cefas, y después a los Doce. Luego fue visto por más de quinientos hermanos a la vez. Posteriormente se apareció a Santiago, y luego a todos los apóstoles”.
Con el paso de los años, fueron muriendo los Doce. Entonces los apóstoles pasaron a ser la máxima autoridad dentro de la jerarquía de la Iglesia primitiva. En 1Cor 12, 28 dice Pablo:
“Dios puso en la Iglesia, primero a los apóstoles, segundo a los profetas, tercero a los maestros, a otros les dio el don de milagros, de curaciones, auxilios, gobiernos y variedades de lenguas”.
También en la carta a los Efesios (Ef 4,11):
“El mismo (Jesucristo), a unos constituyó apóstoles, y a otros profetas, y a otros evangelistas, y a otros pastores y maestros”.
Más tarde desaparecieron también los apóstoles, entonces surgieron otros ministros nuevos, como los presbíteros, diáconos y obispos. Pero, ya nadie tuvo el título oficial de “apóstol”. Cuando a partir del año 70 comenzaron a escribirse los Evangelios, algunos de los nombres de los Doce se habían perdido, y se terminaron mezclando con los nombres de otros apóstoles posteriores.
Como a los “Doce” también se les había llamado “apóstoles”, en los Evangelios a veces aparecen como “los Doce apóstoles” (Mt 10,2) (Lc 6,13) (Lc 17,5) (Lc 22,14). De ahí viene nuestra confusión actual.
José Antonio Parra Tomás
LOS SEGUIDORES DE JESÚS
Solemos imaginar a Jesús siempre rodeado por los Doce apóstoles. Así, lo encontramos representado en el arte, en la literatura, en el cine…, siempre se habla de Jesús y los Doce, incluso en los chistes que se cuentan, siempre aparecen los Doce apóstoles con Jesús; es una imagen estándar que tenemos.
Y esto es un error, que no se corresponde con lo que fue la realidad. Jesús no andaba con Doce personas. Jesús tenía un grupo de gente mucho más numeroso de seguidores, y estaban divididos en diferentes categorías. Por eso, tenemos que olvidarnos de esa imagen de Jesús con los Doce, y asimilar lo que realmente “vemos” en los Evangelios.
Cuando nos adentramos en los textos de los Evangelios, descubrimos las distintas categorías de seguidores que acompañaban a Jesús. Vamos a intentar clasificarlos.
En primer lugar, estaban “las muchedumbres”, que eran la gente de los pueblos y aldeas que le salían a su encuentro para escucharlo. Eran un grupo grande de gente anónima que le acompañaba.
Dentro de este grupo de “las muchedumbres”, podemos distinguir un grupo más pequeño, que eran “los discípulos”. Estos eran gente más comprometida. A su vez, dentro de este grupo de “los discípulos”, había un tercer grupo, que eran los “Doce”.


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