CARACTERÍSTICAS GENERALES DE LOS EVANGELIOS
Los evangelios son el legado que nos acerca a la vida y prédica de Jesús. Los cuatro evangelios seleccionados por la iglesia se escribieron en diferentes momentos, mucho después de la muerte de Jesús y para congregaciones muy diferentes, aparte de contar en cada caso con información de origen también diferente, de forma que las diferencias entre ellos son importantes, aunque describan acontecimientos semejantes.
JOSÉ ANTONIO PARRA-JESÚS DE NAZARET
José Antonio Parra en Asociación la Tortuga de El Charco
9/29/202612 min read


CARACTERÍSTICAS GENERALES DE LOS EVANGELIOS
Hemos dejado atrás el mes de septiembre, que para los católicos es el mes de la Biblia, porque el día 30 es la festividad de san Jerónimo, el hombre que dedicó su vida al estudio y a la traducción de la Biblia al latín.
San Jerónimo, que nació en Dalmacia, sobre el año 340 y murió en Belén, donde vivía, fue el que tradujo la Biblia del griego y del hebreo al latín. La traducción al latín de la Biblia hecha por san Jerónimo, es llamada la Vulgata ("edición para el pueblo"), y ha sido hasta la promulgación de la Neovulgata en 1979, el texto bíblico oficial de la Iglesia católica romana.
La Biblia no es un libro, sino una biblioteca, un conjunto de libros. Dentro de la Biblia tenemos el Antiguo Testamento, formado por 46 libros, y el Nuevo Testamento, que lo forman 27 libros; en total 73 libros que conforman la Biblia católica. La Biblia protestante tiene 7 libros menos, en el Antiguo Testamento; por tanto, son 66 libros.
El Nuevo Testamento, el más importante para nosotros, nos narra el nacimiento y el ministerio de Jesús, sus milagros, sus enseñanzas, su muerte y su resurrección. Sus libros nos hablan también sobre los primeros cristianos y el nacimiento y la expansión de la Iglesia.
Fue en el año 1993, cuando la Iglesia Católica sacó un documento titulado "La interpretación de la Biblia en la Iglesia", publicado por la Pontificia Comisión Bíblica. Y en este documento se indica que, hoy día, los católicos no podemos leer la Biblia de una manera simple, infantil, sino que debemos intentar aplicar el método histórico-crítico, de análisis bíblico.
Y es que, la mayoría de las veces, hemos hecho lecturas "literales" de los Evangelios, y creemos que todo lo que nos cuentan ha ocurrido así exactamente, punto por punto. Y no es así. Los Evangelios son narraciones teológicas destinadas a unas comunidades concretas de creyentes.
Ninguno de los cuatro Evangelios pretende contar una vida de Jesús, sino transmitir su "Buena Noticia". Por eso, a pesar de que son “Palabra de Dios”, también están teñidos por la subjetividad de sus autores, adecuando la vida de Jesús a la "Buena Noticia" que quieren contar. Por ejemplo, Marcos escribe para una comunidad de origen pagano, y la "Buena Noticia" que quiere contarles, no le sirve a Mateo, que escribe para una comunidad de origen judío, y tiene que modificar muchas cosas que copia de Marcos. Lo mismo le sucede a Lucas, y a Juan, que escriben para unas comunidades mixtas (paganos, judíos, helenistas, samaritanos), y toman elementos de la tradición oral.
Lo que rescatamos de valioso, es el esfuerzo de los cuatro evangelistas de convertir una biografía de Jesús en una "Buena Noticia", que es lo que realmente importa. Por eso, creemos que los cuatro Evangelios están inspirados por Dios para que así se escribieran. Por tanto, cada evangelista seleccionó, organizó e interpretó los acontecimientos de una manera particular. Por eso, puede hablarse de un solo Evangelio, anunciado en cuatro relatos diferentes.
Hay un consenso general entre los exegetas, en valorar el Evangelio de Marcos como el más antiguo de los cuatro, el más histórico, porque es el más cercano a los hechos, y el que nos presenta a un Jesús más humano y sufriente. Fue escrito probablemente en Roma, alrededor del año 70, en plena guerra judía contra Roma.
El autor, que no conoció personalmente a Jesús, recopiló y seleccionó tradiciones de carácter oral, es decir, de la predicación oral de los testigos. Fue informándose, reuniendo material, y se le ocurrió la idea de poner cronológicamente, los datos de que disponía: bautismo de Jesús, tentaciones, milagros, parábolas, pasión y muerte. Marcos empleó muy pocas palabras de Jesús; más bien contó los “hechos” de Jesús. Su Evangelio no tiene casi sermones ni enseñanzas de Jesús; tiene “hechos” de Jesús.
Marcos fue el inventor del género literario “Evangelio”. El Evangelio de Marcos servirá, por tanto, como modelo de relato evangélico, y fuente de la que se sirven Mateo y Lucas. Su esquema cronológico y geográfico, tiene bastante de reconstrucción artificial, pero los materiales que recogió son de máxima importancia, para conocer cómo fue recordado desde el principio Jesús, su actuación y su mensaje. Es el Evangelio más corto, con 678 versículos, divididos en 16 capítulos.
Anterior al Evangelio de Marcos, existió también un escrito, de alrededor del año 60, y que Marcos no conoció. Ese escrito, no ha llegado hasta nosotros, sino que está incorporado en Mateo y Lucas, que lo utilizaron como fuente importante de sus respectivos Evangelios. Los investigadores han deducido su existencia, al comprobar que Mateo y Lucas, que escriben con independencia el uno del otro, y no se conocieron, coinciden, sin embargo, en muchos versículos (230), incluso literalmente. Este hecho solo se puede explicar, si ambos están copiando de una misma fuente anterior a ellos.
A este escrito, de autor desconocido, se le ha designado como Fuente Q (inicial del término alemán Quelle, que significa fuente). Este escrito o Documento Q, redactado en griego, fue compuesto seguramente en Palestina, antes de la destrucción de Jerusalén. Solo contiene dichos y frases sueltas de Jesús (106); no se recogen relatos de ningún género, ni la narración de la pasión o las apariciones del resucitado. Estas frases y dichos fueron recogidos, probablemente, por discípulos de los primeros años, que continuaron el estilo de vida y predicación de Jesús, y a los que les interesaba mucho conocer su enseñanza. El Documento Q, es hoy objeto de la atención preferente de muchos autores, y constituye uno de los capítulos más apasionantes de la investigación moderna sobre Jesús.
El Evangelio de Mateo fue escrito en los años ochenta del siglo I. Apareció probablemente en territorio sirio, quizás en Antioquía. Es el más judío de los Evangelios, porque está dirigido a creyentes de origen judío, y en una época de fuerte polémica y enfrentamiento entre sectores cristianos y dirigentes judíos.
Mateo, utilizó como fuente de su composición el Evangelio de Marcos. Y con esto se responde a la pregunta, de que el autor de este segundo Evangelio, al que llamamos Mateo, no es el apóstol Mateo, pues si así fuera, tendría información de primera mano, y no hubiera tenido necesidad de obtener la información de Marcos, que no fue testigo ocular.
Utiliza también como fuente el Documento Q, así como diferentes tradiciones de dichos y parábolas recopiladas solo por él, además de un material de carácter más legendario, que le sirve para componer su relato de la infancia de Jesús. En total, su Evangelio tiene 1.071 versículos, que constituyen sus 28 capítulos.
En líneas generales, Mateo copia y sigue la línea de Marcos, pero organiza bastantes materiales según su propio plan. Varias veces adapta claramente las palabras de Jesús, a la situación conflictiva en que vive, pero conservando su contenido esencial.
El Evangelio de Mateo es mucho más extenso que el de Marcos, porque contiene muchas palabras de Jesús, que sacó del documento Q. Mateo conoció esa lista de 106 dichos o frases de Jesús, pero como eran frases sueltas, no sabía cuándo las había pronunciado Jesús, y entonces Mateo formó con ellas cinco discursos. Por eso, en el Evangelio de Mateo tenemos cinco sermones y otras enseñanzas sueltas de Jesús, formadas a partir del documento Q, del cual toma los 230 versículos, y eso se sabe porque 230 versículos son los que coincide, palabra por palabra, exactamente con Lucas.
También el Evangelio de Lucas fue escrito, como el de Mateo, por los años ochenta. Está concebido como la primera parte de una gran obra, dividida en dos: Evangelio de Jesús y Hechos de los Apóstoles.
Lucas utilizó como fuentes, además de Marcos y el Documento Q, un abundante material recopilado por él mismo, y que abarca casi la mitad de su Evangelio. Son relatos originales de Lucas. Por ejemplo, la visitación de María a su parienta Isabel, que no la pudo copiar de Marcos, porque éste no cuenta nada de la infancia de Jesús; tampoco pudo copiarla del documento Q, porque éste no cuenta “hechos”, y además Mateo no la tiene; por ello, lo tuvo que obtener de una información particular. Así, también la parábola del hijo pródigo, la parábola del buen samaritano… Por tanto, es el evangelista más original, y el que más información particular tiene en relación a los demás. En total Lucas consta de 1.151 versículos, en 24 capítulos.
En líneas generales, también Lucas copia y sigue a Marcos, con algunos cambios y con algunas omisiones importantes. Lucas trabaja y moldea la figura de Jesús, según su propia perspectiva, pero es para dar relieve a una imagen, que está ya en el recuerdo de las tradiciones que emplea.
Hay un detalle a tener en cuenta entre Mateo y Lucas. Mateo tiene 28 capítulos, mientras Lucas tiene 24. Eso nos hace creer que el Evangelio de Mateo es más largo, pero no lo es. Son 1.151 versículos de Lucas, frente a los 1.071 de Mateo. Así, pues, el Evangelio de san Lucas, aunque tenga menos capítulos que el de san Mateo, es más largo, el más largo de los cuatro Evangelios.


El Evangelio de Juan se aproxima en su estructura a los de Marcos, Mateo y Lucas, pero es muy diferente. Apareció probablemente en la región de Siria, a finales del siglo I. El esquema narrativo se distancia del de los otros tres, llamados sinópticos por su afinidad y sus semejanzas, en cuanto al orden de la narración y al contenido.
También el lenguaje y el contenido de su mensaje son diferentes: en los sinópticos, Jesús narra bellas parábolas o pronuncia breves sentencias, mientras que, en Juan, desarrolla largos discursos muy alejados de ese estilo inconfundible. En los sinópticos, la predicación de Jesús se centra en el Reino de Dios, mientras que, en Juan, Jesús habla de su persona y su misión. Además, en los sinópticos, Jesús defiende constantemente la causa de los pobres y oprimidos, mientras que, en Juan, apenas se dice nada de ellos. En total su Evangelio tiene 879 versículos, divididos en 21 capítulos.
Los investigadores consideran que los Evangelios sinópticos son los que mejor información nos ofrecen sobre el recuerdo de Jesús, transmitido por las tradiciones, aunque Juan proporciona, a veces, información de gran valor histórico, como, por ejemplo, que los primeros discípulos de Jesús, provenían del círculo de Juan el Bautista; que no hubo proceso judío contra Jesús, sino un interrogatorio para trasladar la denuncia a Pilatos, etc.
Hay que dejar claro, por tanto, que los Evangelios no son biografías de Jesús, ni son tampoco relatos de lo que Jesús hizo, contados por testigos oculares, ni tampoco grabaciones literales de lo que Él dijo. En este sentido, nunca olvidaré lo ocurrido, hace unos años, en una cena en casa de un amigo. Salió la conversación sobre los Evangelios, y comenté que, según los especialistas, la redacción de los cuatro Evangelios, no fue anterior al año 70 ni posterior al año 100 d.C. Entonces, mi anfitrión, a pesar de su formación muy católica, se alteró y me dijo: “¡Un momento! Estoy haciendo números y, si los Evangelios se escribieron tan tarde, ningún testigo ocular pudo haberlos escrito”. - “En efecto –respondí–. -Solo el cuarto Evangelio afirma haber sido escrito por un testigo presencial. Sin embargo, hoy en día, ningún especialista cree que lo escribiera Juan, el hijo del Zebedeo. Juan fue un pescador, un “hombre sin formación”, según Hechos de los Apóstoles (4:13); en cambio, el cuarto Evangelio está lleno de extensos, profundos y complejos discursos de teología bien sofisticada. Además, este Evangelio, igual que los otros tres, se escribió en griego y no en arameo, que era la lengua de Juan y de los apóstoles". Entonces, me dijo, sinceramente afectado: - “¡Esto no es lo que me enseñaron en la catequesis! ¡Me dijeron que los discípulos seguían a Jesús a todas partes, y anotaban todo cuanto decía, y que así se escribieron los Evangelios!” Un comentario tan ingenuo como ese, formulado por un adulto católico, pero más bien de mundo, me animó a preguntarle: "En catequesis, ¿también te dijeron si los discípulos utilizaban cuadernos y bolígrafos?" Entonces, su rostro reflejó haber comprendido al fin.
El Evangelio de Juan ha tenido una enorme influencia en el desarrollo del credo cristiano y en las doctrinas que definen la “ortodoxia” cristiana occidental. Es probablemente el preferido, o el que más le suena, a la mayor parte de las personas que se sientan en los bancos de nuestras iglesias.
También, el Evangelio de Juan, ha proporcionado personajes y escenas que forman parte imborrable del imaginario cristiano: las dudas de santo Tomás, la Samaritana junto al pozo, Lázaro rescatado de la muerte, María Magdalena sola y llorando en la tumba el día de Pascua, Nicodemo y su entrevista clandestina con Jesús, el ciego de nacimiento… Todas estas figuras, muy vivas en nuestra imaginación, proceden del genio literario del autor del cuarto Evangelio. Ninguna de estas figuras aparece en los Evangelios sinópticos, con excepción de María Magdalena, que Juan, sin embargo, presenta de forma muy distinta a como la presentan los otros evangelistas.
Los cuatro Evangelios comienzan el relato del Jesús adulto con la figura de Juan Bautista, y terminan su narración con la entrada triunfal en Jerusalén, que recordamos en la procesión del Domingo de Ramos. En todos ellos, la historia de la pasión incluye la traición, la detención, la crucifixión y la resurrección. Sin embargo, en Marcos, Mateo y Lucas, Jesús sube a Jerusalén, desde Galilea, una única vez, cuando va a ser crucificado; en cambio, en Juan, Jesús repite el viaje varias veces. En Marcos, Mateo y Lucas, la vida pública de Jesús se desarrolla a lo largo de un año. Juan sugiere una duración de dos a tres años.
En Juan no hay noticia de un nacimiento milagroso o “virginal” de Jesús. Dos veces, en los capítulos 1 y 5, el Evangelio de Juan se refiere a Jesús como “el hijo de José”. Juan no cuenta ninguna parábola de Jesús, ni hace un exorcismo; sus enseñanzas vienen en largos discursos teológicos, más bien complicados. Juan no cuenta la agonía en el huerto de Getsemaní, sino que muestra a Jesús dirigiéndose con resolución hacia una crucifixión, que Él ve como su momento de glorificación.
Con Juan estamos en otro mundo, en otro universo, en otro Jesús. En este Evangelio, el último que se escribe, la figura de Jesús ha crecido tanto, que es el único que declara, explícitamente, que Jesús es Dios.
Vemos que, en los tres sinópticos, a Jesús le arrestan las autoridades judías. Juan agrega que también vienen a arrestarlo las autoridades romanas. Y no hay beso de Judas, porque Juan no permite que nadie lleve la iniciativa, salvo Jesús. No puede, por tanto, Judas venir a entregarlo porque es Jesús el que se entrega: “…Nadie me quita la vida, yo la doy voluntariamente”.
En el Evangelio de Juan, no existe el relato de la Última Cena, y su lugar lo ocupa el lavatorio de los pies a los discípulos. Según Juan, la Última Cena no es la Pascua, no es cena pascual, aunque para los sinópticos, sí lo es. Juan es el único evangelista que sitúa a la madre de Jesús al pie de la cruz, como testigo de la crucifixión. Los otros Evangelios ni la mencionan, y buena parte de la piedad tradicional en torno a la Virgen María, reflejada en tantas pinturas y esculturas, se basa en este Evangelio.
Los “milagros” de los tres Evangelios sinópticos, son llamados “signos” en Juan. La resurrección de Jesús es bastante “física” en el cuarto Evangelio; tanto como para invitar a Tomás, a meter los dedos en los agujeros de los clavos de las manos y de los pies, e introducir su mano en la herida del costado; herida del costado que, por cierto, solo Juan menciona. Este aspecto físico de la resurrección, hace que Juan esté próximo a Lucas, cuyo Jesús resucitado pide a sus discípulos que lo toquen, ya que los espíritus no tienen carne; y lo aleja, en cambio, de Pablo, Marcos y Mateo, para los que el Cristo resucitado trasciende el reino de lo físico y supone una nueva dimensión de la vida y de la conciencia.
Realmente, las diferencias entre el cuarto Evangelio y los tres sinópticos, son tan significativas que, una armonización de los cuatro en una única cristología, es casi imposible. En lenguaje corriente, Marcos nos presenta un Jesús completamente humano, sobre el que se derrama el Espíritu de Dios en el bautismo, haciendo de Él un ser lleno de Dios, pero completamente humano. En cambio, Juan sugiere que Jesús es la “Palabra” preexistente de Dios, encarnada en Él. El Jesús de Marcos puede quejarse en la cruz: “Dios mío, ¿por qué me has abandonado?”, mientras el Jesús de Juan, termina su vida con las palabras de “todo está cumplido”. Para Juan, Jesús nunca estuvo separado de Dios, pues pone en sus labios la frase: “El Padre y yo somos uno”.
José Antonio Parra Tomás
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