CUEVA NEGRA: UN REFUGIO DE CASI UN MILLÓN DE AÑOS
Cueva Negra, situada en Caravaca, Murcia, que ha sido refugio para fauna diversa y también para nuestros antepasados desde hace casi un millón de años, Esta cueva se va convirtiendo tras cada nueva campaña de excavaciones en un nuevo referente de la vida de nuestros antepasados de aquella época.
PATRICIA OLMOS
Patricia Olmos en Asociación la Tortuga de El Charco
9/20/20266 min read


Patricia Olmos Carpe.
Campaña de excavaciones en Cueva Negra verano 2026.


CUEVA NEGRA: UN REFUGIO DE CASI UN MILLÓN DE AÑOS
En el corazón del noroeste de la Región de Murcia, muy cerca de Caravaca de la Cruz, se encuentra uno de los yacimientos arqueológicos más importantes de Europa para comprender los primeros momentos de la presencia humana en el continente. La Cueva Negra del Estrecho del Río Quípar constituye un auténtico archivo natural que ha conservado huellas de nuestros antepasados, permitiendo reconstruir cómo vivían, qué herramientas utilizaban, qué animales compartían su entorno e incluso cómo comenzaron a dominar el fuego.
Tras más de tres décadas de excavaciones e investigaciones multidisciplinares, este enclave murciano se ha convertido en una referencia internacional para el estudio del Paleolítico Inferior. Sus hallazgos no solo han permitido conocer mejor a los primeros pobladores del sureste de la Península Ibérica, sino que también han aportado evidencias que obligan a replantear algunos aspectos sobre la evolución tecnológica y cultural de las primeras comunidades humanas europeas.


UN REFUGIO PRIVILEGIADO
Cueva Negra se localiza en un gran abrigo rocoso orientado al norte, excavado en las biocalcarenitas del Mioceno superior, sobre el margen derecho del río Quípar, en el estrecho que este río atraviesa antes de continuar su recorrido hacia la cuenca del Segura, su situación actual permitió que los sedimentos depositados durante el Pleistoceno quedaran protegidos de la erosión producida por el río.
Hace unos 900.000 años el paisaje era muy diferente al actual. Frente al abrigo existía una zona húmeda alimentada por el río Quípar, formada por pequeños lagos y áreas pantanosas que atraían a una gran diversidad de animales. Durante miles de años, las crecidas estacionales fueron depositando lentamente sedimentos muy finos en el interior de la cavidad, sellando progresivamente los restos dejados tanto por los grupos humanos como por la fauna que habitaba el lugar.
Uno de los aspectos más relevantes de Cueva Negra es la precisión con la que se ha podido establecer su cronología. Las investigaciones han combinado diferentes métodos científicos, entre ellos estudios paleomagnéticos y bioestratigráficos y dataciones mediante resonancia de espín electrónico y series del uranio. Los resultados sitúan la ocupación del yacimiento entre aproximadamente 990.000 y 772.000 años antes del presente, convirtiéndolo en uno de los asentamientos humanos más antiguos de Europa occidental.
Esta cronología coincide con un momento especialmente importante en la evolución humana. Durante este periodo diferentes poblaciones de homínidos estaban expandiéndose por el continente europeo y adaptándose a los nuevos ambientes y desarrollando tecnologías cada vez más complejas.
LAS HERRAMIENTAS DE LOS PRIMEROS HABITANTES
Las excavaciones han recuperado miles de piezas líticas elaboradas principalmente sobre sílex, aunque también aparecen útiles fabricados con caliza, cuarcita, mármol e incluso radiolarita.La mayor parte de las herramientas son pequeñas lascas y núcleos obtenidos mediante técnicas de talla bastante sofisticadas para una cronología tan antigua. Los investigadores han observado métodos de explotación repetitiva de los núcleos que muestran una planificación tecnológica superior a la que tradicionalmente se atribuía a estas poblaciones humanas.
Entre todos los hallazgos destaca especialmente un bifaz tallado sobre un canto calizo. Esta herramienta representa uno de los ejemplos más antiguos de este tipo conocidos en Europa occidental y constituye una prueba de que las innovaciones tecnológicas asociadas al Achelense ya habían llegado al sureste peninsular hace cerca de 900.000 años.


EL FUEGO MÁS ANTIGUO DE EUROPA
Sin duda, uno de los descubrimientos que ha otorgado mayor relevancia internacional a Cueva Negra es la identificación de un nivel con claras evidencias de combustión. Una extensa superficie con sedimentos ennegrecidos, abundantes restos óseos quemados y piezas de sílex fracturadas por la acción del calor. Diversos análisis mineralógicos, químicos y microscópicos han demostrado que estos materiales alcanzaron temperaturas superiores a los seiscientos grados centígrados.
Los investigadores aplicaron además novedosas técnicas de análisis sobre diminutos huesos de micromamíferos, cuya alteración térmica confirmó que los restos habían sido sometidos a un calentamiento intenso y localizado.
Aunque el debate científico sobre el origen exacto del fuego continúa abierto, el conjunto de evidencias convierte a Cueva Negra en uno de los yacimientos europeos más antiguos que documentan un posible control humano del fuego. Este hallazgo resulta extraordinario porque dominar el fuego supuso un cambio decisivo en la evolución humana. Permitió cocinar los alimentos, calentarse durante los periodos fríos, iluminar las zonas de habitación, protegerse de los depredadores y favorecer nuevas formas de organización social alrededor de las hogueras.
UN PAISAJE LLENO DE VIDA
Los restos fósiles recuperados en el yacimiento permiten reconstruir con notable precisión el ecosistema que rodeaba el abrigo durante el Pleistoceno Inferior.
Entre los grandes mamíferos aparecen caballos primitivos, rinocerontes, bisontes, ciervos gigantes, gamos, osos y proboscídeos emparentados con los elefantes. También se han identificado restos de macacos, linces y otros pequeños carnívoros. Para los investigadores tienen un especial interés los numerosos restos de pequeños mamíferos, como ratones, topillos, musarañas o conejos, cuya rápida evolución biológica permite utilizarlos como excelentes indicadores cronológicos. Gracias a ellos es posible, por tanto, confirmar la antigüedad del yacimiento con precisión.
Las investigaciones paleoambientales junto con los estudios de polen, aves, reptiles y anfibios, muestran que el clima era relativamente templado y que alrededor del bosque existían bosques de ribera, zonas abiertas y áreas húmedas que favorecían la biodiversidad.
UN REFUGIO COMPARTIDO
Las investigaciones más recientes han revelado que la ocupación de Cueva Negra fue mucho más compleja de lo que se pensaba inicialmente.
El análisis detallado de la distribución espacial de los restos y de las marcas presentes en los huesos demuestran que el abrigo fue utilizado alternativamente por grupos humanos y por grandes carnívoros, especialmente hienas. Las excavaciones han recuperado restos fósiles de crocuta (hiena manchada), uno de los registros más antiguos de este género en Europa occidental, además de coprolitos (excrementos fosilizados) y huesos con marcas de mordedura. Al mismo tiempo, otros restos presentan claras señales de descarnado y facturación realizadas con herramientas de piedra.
Todo ello indica que el refugio fue ocupado en distintos momentos por diferentes especies, generando un complejo palimpsesto arqueológico donde quedaron superpuestas múltiples ocupaciones a lo largo de miles de años.


EXCAVACIÓN EN CUEVA NEGRA
En Cueva Negra participan multitud de disciplinas; arqueólogos, geólogos, antropólogos físicos, paleontólogos, químicos, biólogos, expertos en polen, sedimentólogos, bioquímicos…
Excavar un yacimiento de casi un millón de años no consiste en retirar tierra con rapidez para encontrar objetos. En Cueva Negra cada centímetro de sedimento representa cientos o incluso miles de años de historia, con lo cuál es un trabajo extremadamente minucioso.
El área de excavación se divide en retículas de cuadrículas, normalmente de un metro por un metro, identificadas mediante letras y números. Este sistema permite localizar con absoluta precisión el lugar donde aparece cada hallazgo y reconstruir posteriormente su distribución espacial. La posición tridimensional de las piezas se registra mediante sus coordenadas X,Y y Z , lo que permite saber el lugar, la profundidad y el nivel estratigráfico.
La excavación se realiza manualmente utilizando herramientas de pequeño tamaño, como paletines, espátulas, pinceles e incluso instrumentos de odontología cuando se trabaja sobre restos especialmente delicados. Los arqueólogos avanzan muy lentamente, retirando capas de sedimento y respetando la estratigrafía natural del yacimiento.


Cuando aparece un hueso, herramienta de piedra o cualquier otro vestigio, primero se limpia cuidadosamente y se registra su posición exacta antes de proceder a su recuperación, permitiendo distinguir distintos niveles de ocupación.
La excavación no termina en el interior del abrigo. Todo el sedimento extraído se traslada a una zona de trabajo donde se lleva a cabo la cribación con mallas de distintos calibres y abundante agua que llega a través de unas mangueras, las cuales transportan el agua del río impulsadas por una motobomba. En este procedimiento se suelen recuperar dientes, pequeñas lascas de sílex, fragmentos óseos…que pasan desapercibidos durante la excavación.
En el laboratorio se limpian, catalogan y estudian todos los materiales recuperados, tratando de interpretar cada hallazgo y reconstruir con precisión la vida en este refugio.
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