DALILA Y EL WIFI

Breve historia de una mujer, "la más bella de la historia del cine", que además de serlo, fue una de las grandes inventoras de su época, con desarrollos en comunicaciones que dieron origen al actual WIFI. La paradoja que encierra esta historia es muy simple, el aspecto exterior es una circunstancia que determina cómo nos ven, pero no quienes somos.

JOSÉ ANTONIO PARRA TOMÁS

José Antonio Parra en Asociación la Tortuga de El Charco

9/20/20267 min read

DALILA Y EL WIFI

Hay una famosa película de 1949, de Cecil B. DeMille, titulada “Sansón y Dalila”, interpretada por Víctor Mature y Hedy Lamarr, en el papel de Dalila, la mujer que traicionó a uno de los más famosos “Jueces” de Israel.

La historia de Hedy Lamarr tiene todos los ingredientes de una gran novela: el Hollywood dorado de los años 40, el régimen nazi avanzando por Europa, una increíble huida hacia los Estados Unidos, desde la Alemania de Hitler, y un invento revolucionario en las telecomunicaciones, mantenido en secreto, que cambiaría el curso de los acontecimientos.

Y como toda buena historia, nada hacía sospechar en su comienzo que una chica nacida en Viena, en 1914, llamada Hedwig Eva Maria Kiesler, de familia judía, acabaría siendo la primera mujer en protagonizar un desnudo en la historia del cine, y la primera persona en concebir la versión del “espectro ensanchado” que daría lugar a la tecnología Wifi.

Su padre era director de un banco, y tenía mucha afición por la tecnología; su madre era pianista, de origen húngaro. Desde niña, mostró mucha curiosidad por cómo funcionaban las cosas. Su padre le explicaba el funcionamiento de los tranvías, las máquinas, etc. A ella le gustaba desmontar objetos para intentar comprenderlos, y luego volver a montarlos.

De pequeña, en el colegio, era considerada por sus maestros como superdotada. Sin embargo, de adulta se la conoció únicamente como la mujer más bella de la historia del cine” y, durante muchos años, se la recordó como aquella que, en la película checa Éxtasis (Gustav Machaty, 1933), corría desnuda por el bosque, y mostraba directamente su rostro durante un orgasmo. Algo absolutamente escandaloso para la época. La controvertida película llegó a ojos de un rico vendedor alemán de armas, Friedrich “Fritz” Mandl, un poderoso industrial, que proveía de armamento, municiones y aviones de combate, a sus amigos Hitler y Mussolini.

Mandl se obsesionó con Hedy Lamarr. Convino con sus padres a que se la dieran en matrimonio, intentó destruir todas las copias de la película (cosa que no logró) y la “encerró” en su mansión, dejándola salir al exterior exclusivamente con él, en cenas y viajes de negocios. Hedy, recordaría años más tarde aquella época, como de auténtica esclavitud, al sentirse tratada como un objeto.

Su actividad artística, por supuesto, quedó interrumpida, pero aprovechó su cautiverio para continuar sus estudios de ingeniería, y para obtener de los clientes y proveedores de su marido, que nada sospechaban, informaciones sobre tecnología armamentística de la época.

Con ayuda de su asistenta, escapó vestida de criada, por la ventana del baño de un restaurante, donde un coche estaba esperándola para huir a París. Perseguida por los guardaespaldas de su marido, logró llegar a su destino y continuar hacia Londres. Una vez allí, vendió sus joyas y conoció, por casualidad, a uno de los magnates de Hollywood, Louis B. Mayer, el gran empresario de la Metro Goldwyn Mayer. Ambos embarcaron juntos, en dirección a los Estados Unidos.

En aquel viaje en barco, fue donde nació Hedy Lamarr, nombre dado por su protector Mayer, y donde firmó un contrato de siete años, como actriz con la compañía. Compartió películas con Charles Boyer, Clark Gable, Lana Turner, Spencer Tracy o Jimmy Stewart.

Su apariencia en pantalla, tuvo incluso consecuencias sobre la moda y la imagen femenina de Hollywood: cabello oscuro, raya en medio, rostro simétrico y una imagen sofisticada que sería imitada. De esa época de grandes películas es célebre su frase: “Cualquier chica puede ser glamurosa. Lo único que tienes que hacer es quedarte quieta y parecer estúpida”. También Walt Disney se inspiró en ella, para el diseño de Blancanieves.

Los que la conocían, aseguraban que Hedy Lamarr odiaba las fiestas, y nunca bebía. Su principal afición era inventar. Ya con el título de ingeniera en telecomunicaciones, conoció al compositor musical George Antheil, espíritu bohemio, pero también interesado en la tecnología, y que sería su principal apoyo en la creación de un sistema secreto de comunicaciones.

Durante la segunda guerra mundial, había un problema militar muy serio: los torpedos radiocontrolados podían ser interferidos. Un sistema de control enviaba señales de radio al torpedo. Si se conseguía detectar la frecuencia utilizada, el enemigo podía intentar bloquearla e interferirla.

Hedy Lamarr tuvo la idea de que la señal de radio, no permaneciera siempre en la misma frecuencia. George Antheil y ella idearon un sistema de detección de los torpedos teledirigidos, contra el sabotaje de señales enemigas.

Inspirado en un principio musical, el invento funcionaba con 88 frecuencias, equivalentes a las frecuencias de las teclas del piano, y era capaz de hacer saltar señales de transmisión entre las frecuencias del espectro magnético, es decir, se saltaba continuamente de frecuencia de emisión, para impedir que el enemigo interceptara la señal. Es decir, en lugar de que la frecuencia siempre fuera A-A-A-A-A…, hacer que fuera A-F-V-H-R…, cambiando de frecuencia rápida y continuamente. Así, quién intentara interferir la señal, no sabría donde se encontraba el torpedo. Esto es, simplificando mucho, el concepto de Frequency hopping, o salto de frecuencia.

Registraron la patente en 1942, y se la ofrecieron de forma gratuita a la Armada de los Estados Unidos, quienes no la utilizaron por miedo a que fuera detectada por el enemigo, pero la guardaron y la mantuvieron en secreto. Una estrella de cine y un compositor musical, no eran considerados ingenieros militares convencionales.

Mientras, el régimen nazi continuaba su avance por Europa, y Lamarr, impotente, de nuevo ofreció su colaboración y su inteligencia al gobierno estadounidense, para el desarrollo de investigaciones científicas, en busca de avances armamentísticos. Sin embargo, su título de “mujer más bella” se impuso a su ingenio, y el gobierno americano la requirió para utilizar su fama y su belleza, y convertirse en imagen de carteles propagandísticos, y para ayudar en la venta de bonos de guerra. Aquel que comprara 25.000 dólares, conseguiría un beso de la actriz: Lamarr logró vender siete millones de dólares en bonos de guerra, en una sola noche. Recorrió 16 ciudades en 10 días, contribuyendo a recaudar otros veinticinco millones.

La tecnología patentada por Lamarr y Antheil en 1942, demostró ser la solución esencial para la comunicación secreta vía radio, y para compartir el número de canales de radio ocupados. Hizo posible la transmisión de señales secretas sin poder ser interferidas, y Estados Unidos la utilizó, por primera vez, durante la crisis de Cuba, y después como base para el desarrollo de las técnicas de defensa antimisiles hasta que, en la década de 1980, el sistema de espectro expandido, vio sus primeras aportaciones en ingeniería civil.

Su idea, mantenida en secreto por el ejército, acabó convirtiéndose en la precursora de la tecnología, que se utiliza hoy en día en las comunicaciones inalámbricas de los teléfonos móviles, los sistemas GPS, el Bluetooth y la tecnología Wifi.

Se le atribuyen a Hedy Lamarr otros diseños e ideas, entre ellas, unas mejoras para los semáforos, mejora en el diseño de las alas de los aviones, una pastilla efervescente, que producía una bebida carbonatada aromatizada…

Thank God for Hedy Lamarr”, dijo Cecil B. DeMille, director de Sansón y Dalila, al terminar el rodaje de la película, sin saber que realmente había que agradecer mucho a Hedwig Eva Maria Kiesler por su ingenio y su agudeza. Fue homenajeada con una estrella en el Paseo de la Fama de Hollywood, en 1960.

Después de su primer matrimonio en Europa con Fritz Mandl, Hedy se casó cinco veces más, pero siempre decía: “Casarse es fácil, lo difícil es convivir”. A sus amigos, les explicaba que se aburría rápido y que, cuando un matrimonio dejaba de motivarla intelectualmente, simplemente “cerraba el capítulo”.

Uno de sus romances más conocidos, fue con el excéntrico multimillonario Howard Hughes. Éste, la impresionaba con regalos carísimos, hasta que descubrió que era una ingeniera aficionada. Entonces, le ofreció acceso a su laboratorio aeronáutico, y ella empezó allí a diseñar alas de avión, proponer fuselajes más aerodinámicos, mediante soluciones de ingeniería. Al final, el romance se acabó, pero siguieron siendo amigos.

Sin embargo, George Antheil, con el que patentó el salto de frecuencia, nunca fue su amante, aunque todos lo creían. “Éramos tan íntimos intelectualmente que Hollywood creyó que éramos amantes. Es la primera vez, que me adjudican una relación por pensar, y no por besar”.

Durante décadas, su faceta tecnológica quedó prácticamente olvidada, pero en los años noventa, comenzó a cambiar la percepción. Así, en 1998, la Electronic Frontier Foundation concedió, a Hedy Lamarr y George Antheil, el Premio Pionero, reconociendo su contribución fundamental en el desarrollo de las comunicaciones basadas en ordenadores. George Antheil murió sin conocer su aportación a la tecnología ni ver su reconocimiento, y Hedy Lamarr rehusó a ir a recoger aquel premio.

Su patente estadounidense caducó en 1959, por lo que ni George Antheil ni Hedy Lamarr recibieron dinero por el enorme desarrollo posterior de las ideas relacionadas con su invención. Cuando las comunicaciones inalámbricas comenzaron a adquirir una importancia gigantesca, no pudieron beneficiarse económicamente de aquella patente. Es una de las ironías de la historia: inventar el futuro, sin llegar a beneficiarse de él.

Murió en su casa de Florida, debido a una enfermedad cardíaca, a la edad de 85 años. Su hijo Anthony Loder (nacido de su matrimonio con el actor John Loder), esparció parte de sus cenizas en los bosques de Viena, Austria, por ser uno de sus últimos deseos.

En 2014, fue incorporada al National Inventor Hall of Fame, ubicado en el campus de la Oficina de Patentes y Marcas de EE.UU., cerca de Washington. Igualmente, se levantó un monumento en su memoria en el Cementerio Central de Viena.

El día de su nacimiento, el 9 de noviembre, se celebra en EE.UU., el Día del Inventor, en su honor.

José Antonio Parra Tomás

Hedwig Eva Maria Kiesler, conocida como Hedy Lamarr artísticamente

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