¿DECLARARÁ EE.UU. LA GUERRA A DINAMARCA?
Es una pregunta de la máxima actualidad y que de hacerlo, nos convertiría en aliados atemporales de los EE.UU, en el sentido de haber coincidido en el hecho de estar en guerra contra Dinamarca, aunque ambos acontecimientos obedezcan a intereses y circunstancias completamente diferentes. Este artículo relata un episodio curioso y desconocido para muchos de nosotros y coincidente con la invasión Napoleónica de nuestro país.
JOSÉ ANTONIO PARRA TOMÁS
José Antonio Parra en Asociación la Tortuga de El charco.
2/1/20269 min read


¿DECLARARÁ EE.UU. LA GUERRA A DINAMARCA?
Ahora, que este país está en el candelero por la codicia del presidente norteamericano respecto a Groenlandia, quiero contar una historia curiosa sobre la guerra más larga de nuestra historia moderna, y que tiene como protagonistas a Dinamarca y a la ciudad de Huéscar, en el altiplano granadino.
Esta historia la conocí, en su momento, de primera mano, aunque para completarla he acudido al trabajo del Padre Rafael Carayol Gor: "Guerra y Paz de Huéscar con Dinamarca"; Boletín del Instituto de Estudios "Pedro Suárez": Estudios sobre las comarcas de Guadix, Baza y Huéscar, año 1994-95, números 7 y 8, pp. 139-147. También he utilizado los artículos del profesor Vicente González Barberán y del historiador José María Bueno. Igualmente, me he servido de un relato corto titulado “La sombra del Águila”, de Arturo Pérez Reverte, sobre la historia del ejército español enviado a Dinamarca y su suerte, además de un artículo del mismo autor en la revista XLSemanal.
Este episodio histórico de la guerra de Huéscar contra Dinamarca es consecuencia de las complejísimas relaciones internacionales que tenía España en el marco europeo de las “Guerras Napoleónicas”.
En 1806, Napoleón pidió a la monarquía española, en virtud de los acuerdos suscritos en el Tratado de San Ildefonso (27 de junio de 1796), el envío de un cuerpo expedicionario de ejército a Alemania, con el objetivo de guarnecer las costas del mar Báltico y aumentar el bloqueo al que quería someter a Inglaterra. En base a ese Tratado, España facilitó a Francia unos 15.000 hombres de escogidas tropas españolas.
Al frente de este cuerpo de ejército expedicionario español, se encontraba el marqués de la Romana, don Pedro Caro y Sureda. Estas tropas, después de cruzar los Pirineos por diversos puntos, se reunieron en Maguncia, Alemania, donde fueron revistadas por el propio Napoleón. En su viaje, atravesando Europa, fueron contempladas por sus contemporáneos, que los describieron como de rostro altivo y paso rápido, pequeños, de ojos vivos, muy morenos y con los dientes muy blancos. Causó sorpresa, entre quienes vieron el paso de los soldados españoles, la costumbre, desconocida entonces, de fumar cigarros, ya que en Europa solamente se solía fumar en pipa.
Inglaterra, en 1807, atacó Dinamarca y, después de que se hubiera producido su rendición, bombardeó su capital, Copenhague, pero no contentos con ello, los ingleses también secuestraron la Armada danesa, puesto que ya en esa época, tras la famosa batalla de Trafalgar, Inglaterra había alcanzado la hegemonía en el mar.
Como uno de los focos bélicos más importantes de la época, se estaba dando en los países escandinavos, tanto el Zar de Rusia como Napoleón planearon un ataque a Suecia, que era aliada de Inglaterra. Las tropas francesas y aliadas se encontraban en el norte de Alemania, mientras que Inglaterra dominaba los estrechos daneses, tras el secuestro de la Armada danesa.
De esas tropas napoleónicas, solo la tercera parte eran franceses, puesto que Napoleón había designado a sus aliados holandeses, españoles y daneses, para que combatiesen contra los ingleses, en la zona de Escania. En resumen, el panorama que existía era una alianza formada por españoles, franceses, holandeses, rusos y daneses, que combatían en contra de los ingleses, que estaban aliados con los suecos, y el campo de batalla de esta guerra era el Mar Báltico y los países Escandinavos.
Las tropas españolas eran comandadas, como he dicho anteriormente, por el marqués de la Romana, pero al mando de todo el grueso del ejército napoleónico estaba el mariscal Bernadotte. Éste, estuvo demorando las ofensivas y, a finales del mes de abril de 1807, la idea que tenía Napoleón de invadir Suecia, había sido desestimada y abandonada por el emperador.
Por consiguiente, las tropas españolas quedaron acantonadas en Dinamarca, en el norte de la Península de Jutlandia, siendo la misión que Napoleón les había encargado a los españoles, la de defender Dinamarca de una muy posible invasión inglesa.
Según el Padre Carayol Gor, las tropas españolas fueron “recibidas con expectación y con cierto miedo por parte de la población danesa (…) pero que en muy poco tiempo se dieron cuenta que los temores eran infundados. La fama de nuestros maestros herradores era tal que los campesinos daneses traían a sus animales para que los curasen, fiándose más de éstos que de sus propios veterinarios…”.
Evidentemente, no todo podía ser perfecto y, si a las dificultades lingüísticas añadimos las diferentes culturas a las cuales pertenecían los daneses y los españoles, no es de extrañar que, a pesar de todo, las dificultades y los problemas de convivencia llegaran prontamente.
Mientras pasaba todo esto en Dinamarca, en España se estaba produciendo la invasión de la península ibérica por parte de los franceses, y los sucesos del 2 de mayo en Madrid. Con estos acontecimientos se produjo un viraje en el marco de las relaciones internacionales. Inglaterra pasó, de ser enemiga de España a ser la principal aliada contra el enemigo invasor francés, que había destronado a la familia real española, Carlos IV y Fernando VII, en lo que se conoce como las “Renuncias de Bayona”, para entronizar a José I Bonaparte, hermano de Napoleón.
De todos estos sucesos tuvieron conocimiento los soldados españoles que se encontraban en Dinamarca, aunque de una forma clandestina, puesto que los franceses, lo primero que hicieron fue censurar el correo. En la Biblioteca Nacional, se puede encontrar un correo que se les envió a los españoles, que decía así: “España ya no existe; allí manda el tirano Bonaparte que reprime a vuestras familias, destruye vuestras propiedades, saquea vuestras iglesias y asesina a vuestros curas. Tenéis armas, sois españoles; abríos paso por el mar Báltico donde manda el rey de Suecia, que se opone al tirano Bonaparte. Desde allá podréis volver a vuestra patria y con vuestras armas defender la causa de Dios, del honor y de la libertad europea”.
El mariscal Bernadotte pidió que las tropas españolas en Dinamarca, juraran lealtad y fidelidad a José I Bonaparte. Los españoles, obviamente, se negaron. Ya había habido contactos secretos y tenían conocimiento de que los ingleses, con sus barcos, que dominaban los mares, los sacarían de Dinamarca en el mes de julio, para que pudiesen regresar a España a combatir a los franceses.
Tras las gestiones de los ingleses, y utilizando mil artimañas para despistar a los franceses, los españoles pudieron embarcar en los barcos ingleses y abandonar definitivamente Dinamarca el día 20 de agosto de 1808. A su regreso a España, fueron recibidos en el puerto de Santander por el general Joaquín Blake que los unió a sus tropas para poder continuar luchando contra los franceses.
Sin embargo, no todos los soldados españoles pudieron embarcar hacia España, y los que quedaron en Dinamarca no corrieron buena suerte, puesto que Federico VI de Dinamarca no se avino a razones y entregó a los franceses a 3.500 soldados españoles que tenía prisioneros, los cuales se vieron obligados a combatir, junto a los franceses, en la trágica campaña de Rusia, en donde la mayoría murieron y los que lograron sobrevivir tuvieron que ponerse a disposición del Zar.
Dinamarca se vio obligada a apoyar la invasión francesa de España por lo que supuso que, oficialmente, España entrara en guerra también contra Dinamarca. “Dinamarca ha cedido sus fuerzas navales y terrestres al servicio de Francia, sus fortalezas le sirven de antemural y asilo; los buques españoles no pueden navegar libremente por sus mares y menos entrar en sus puertos para negociar, ni aún para guarecerse en ellos en caso de temporales; y una porción de españoles están detenidos en sus fortalezas como prisioneros”.
Gracias a un Decreto firmado el 18 de septiembre de 1809 por el marqués de Astorga en el palacio del Real Alcázar de Sevilla, llegaron estas noticias a la ciudad de Huéscar. Su Alcalde o Corregidor y Justicia Mayor, los regidores y el Procurador Síndico General, reunidos en cabildo el 11 de noviembre de 1809, acordaron declarar la guerra a Dinamarca y poner bandos por las calles para general conocimiento de los vecinos y dar libertad y autorización “para atacar a las fuerzas danesas en cualquier parte que se hallen (…) vengar los insultos recibidos y no cesar en las hostilidades hasta que previo un mutuo convenio de Corte a Corte y un tratado estipule las condiciones de Paz”.
La paz de Dinamarca con España llegó en 1814, cuando las tropas francesas fueron expulsadas de España. Sin embargo, la ciudad de Huéscar no tuvo noticia de ello, por lo que se mantuvo la declaración de guerra vigente hasta el 11 de noviembre de 1981, es decir 172 años después de la declaración, día en que se firmó la Paz.
El tema fue descubierto en los archivos municipales por el profesor González Barberán, apareciendo dicha noticia en la Revista de información comarcal llamada "La Sagra", en la sección dedicada a “Páginas de Historia”. Este curioso descubrimiento fue recogido por el periódico “El Ideal” de Granada; en Madrid, lo publicó el diario YA, pasó posteriormente a la agencia EFE, a Radio Nacional de España, a El País..., y finalmente a los medios de difusión daneses, que desplazaron a sus enviados especiales a Huéscar.
Teniendo en cuenta que, una guerra no finaliza hasta que se ha firmado la paz, era, pues, lógico acabar con esta anacrónica situación. Para ello, la Corporación municipal de Huéscar acordó, en sesión plenaria del 7 de Julio de 1981, iniciar un proceso de negociaciones con las autoridades danesas, con objeto de restablecer la paz entre ambos pueblos, para lo cual se facultó como intermediario al profesor González Barberán.
Por otra parte, el embajador de Dinamarca en España en aquellas fechas, Mogens Walden Peterson, dirigió una carta a “El Ideal” de Granada, en la que, con buen sentido de humor, estimaba que nunca era tarde para zanjar el "belicoso asunto", y prometió su asistencia a Huéscar. Esta visita se produjo como consecuencia del hecho material de firmar la Paz, el 11 de noviembre de 1981, 172 años después de haberse declarado la Guerra. Ese día se dieron cita en Huéscar altas personalidades, tanto civiles como militares, españolas y danesas, muchísimos daneses ataviados con cascos con cuernos, monos de vikingo, espadas y escudos, venidos a España para ese acto tan curioso, así como los principales medios de comunicación nacionales y extranjeros, ya que el hecho lo requería.
Aquel día fue firmada la paz de la declaración de guerra más larga que ha mantenido España, a lo largo de toda su Historia Moderna y Contemporánea. La paz fue firmada con todos los protocolos propios que exigía el Ministerio de Asuntos Exteriores Español y la Oficina de Relaciones Internacionales y la Embajada Danesa. Aquel día fue una auténtica fiesta para la ciudad de Huéscar, y el hermanamiento con la ciudad danesa de Kolding. Asimismo, Huéscar fue declarada como “CIUDAD DE LA PAZ”.
Por último, como he dicho anteriormente, no todos los soldados españoles pudieron embarcar hacia España. El 5º escuadrón del regimiento de caballería del Algarbe, fue uno de ellos. A causa de la indecisión de sus jefes, el regimiento perdió un tiempo precioso en emprender su fuga hacia la isla de Fionia, donde debían embarcar.
Y, aunque un humilde y duro capitán, Antonio Costa, tomó el mando por propia iniciativa, desobedeció a sus superiores y se llevó a los soldados con él, ya fue demasiado tarde. En la misma playa, casi a punto de conseguirlo, el regimiento vio bloqueado el paso por el ejército francés, con los daneses cortando la retirada.
Furioso, el mariscal Bernadotte exigió la rendición incondicional, manifestando su intención de fusilar a los oficiales y diezmar a la tropa. Entonces el capitán Costa avanzó a caballo hasta los franceses y se declaró único responsable de todo, pidiendo respeto para sus soldados. Luego, no queriendo entregar la espada ni dar lugar a sospechas de que había engañado o vendido al regimiento, llevándolo a una trampa, se volvió hacia sus hombres y gritó “¡Recuerdos a España de Antonio Costa!”, y se pegó un tiro en la cabeza.
Así es que, desde hace casi doscientos veinte años, en un lugar perdido de la costa danesa, frente a la isla de Fionia, donde siempre llueve y hace frío, hay una tumba solitaria. Tiene una cruz y dos sables cruzados sobre una lápida, y está pegada al muro del cementerio de San Canuto, en Fredericia. De vez en cuando, aparece encima un ramo de flores, y a veces ese ramo lleva una cinta roja y amarilla.
Es la tumba solitaria del capitán Antonio Costa, uno que quiso volver y pelear por su patria y su gente. Hay que reconocer que hoy no suena políticamente correcto, eso de pelear. Esa palabra “chirría”, y se criticaría la intransigencia dialogante del tal Costa, de gatillo fácil, y su falta de respeto a la vida humana, empezando por la propia, incluso habría un serio debate del por qué, como suicida, tenía derecho, en aquel momento, a yacer en tierra consagrada. A mí, sin embargo, el capitán Costa me cae requetebien. Su tumba solitaria, en ese cementerio lejano, frente a un mar gris y extranjero, me produce un punto de ternura melancólica.
José Antonio Parra Tomás.
CULTURA
GastronOMÍA
© 2024. All rights reserved.
Creemos de verdad que la gastronomía forma parte de nuestra cultura, y que bien desarrollada también la conforma y nos hace sentir parte de una determinada cultura, en nuestro caso, la mediterránea.
Colaboramos, creamos y apoyamos actividades relacionadas con la cultura. Actividades que sirvan para mejorar la formación y el entretenimiento de nuestros asociados y seguidores. Se trata de contribuir al divertimento en los ratos libres disponibles de la mano de actividades que nos enriquezcan como personas.
contacto
