ECLIPSADOS
Los acontecimientos extraordinarios mueven masas en una sociedad falta de estímulos, una sociedad que en su bienestar cotidiano busca siempre el elemento raro que le haga sentir que su vida no es siempre igual.
FRANCISCO MUÑOZ
Francisco Muñoz en Asociación la Tortuga de El Charco
8/18/20265 min read


ECLIPSADOS
El pasado eclipse nos ha dejado momentos de todo tipo, desde los evidenciados por el pasota de turno que consideraba que eso no iba con él, hasta los del apasionado irreductible que ha visto en ese acontecer planetario, el momento más importante de su vida. Para todo ha dado el tema.
Sinceramente me sorprende tanto lo uno como lo otro. Un eclipse es un acontecimiento habitual en la naturaleza, es cierto, pero también es un acontecimiento excepcional en nuestras vidas por la escasa frecuencia con la que se suceden en tan poco tiempo, así es normal por lo tanto que despierte cierto grado de interés.
El desinterés más absoluto con el hecho es propio de individuos que viven desconectados de la realidad, de su entorno. Individuos amurallados en su rutina, en su vida, individuos que no permiten que nada altere el orden que tienen establecido, por extraordinario que sea el suceso, esos individuos que creen estar por encima de la borreguería del común de los mortales sujetos a la moda del momento. Ojo, siempre habrá un fenómeno que pueda justificarles la excepción correspondiente y su argumentación será perfectamente justificativa, pero en general, su orden está por encima de casi todo.
Pero si este tipo de individuos me sorprende, la sorpresa es mucho mayor cuando la actitud es la contraria, hacer del acontecimiento “el acontecimiento”. Como si el mismo supusiera una excepción al más puro estilo de siempre, por siempre y para siempre, algo irrepetible, algo que nos convertirá en seres distintos, al menos como individuos que hemos vivido algo excepcional digno de contar en primera persona a todo aquel que no haya podido gozarlo y por supuesto recrearlo cuantas veces sea necesario con aquellos que si lo hayan seguido en directo.
Creo que esta última actitud es el claro ejemplo de la sociedad en la que vivimos, una sociedad en la que nuestro día a día, es plano, el trabajo, la familia, las amistades. Nuestras actividades diarias son monótonas, nos aplanan y necesitamos de un chute de lo que sea que nos saque de esa melancolía cotidiana, un chute que nos despierte, que provoque un torrente de adrenalina que nos recorra de punta a punta, que provoque otro torrente de nueva ilusión, algo que nos haga focalizar nuestra atención en algo diferente, extraordinario no por serlo, si no por haberlo hecho diferente un poco entre todos, los medios de comunicación con su necesidad permanente de captar un interés que les permita seguir con su venta de nuestro tiempo ante la pantalla, y detrás cualquier tipo de negocio que permita acompañar el momento dando servicio, restaurantes, hoteles, medios de transporte, guías avezados y como no, gobiernos asediados que hacen de estos eventos la típica cortina de humo que les permita disipar cierto grado de tensión al menos durante unos días, luego ya veremos cómo volver a la cruda realidad y por supuesto nosotros mismos, capaces de agarrarnos al clavo ardiendo que nos pongan delante para así convertir nuestras monótonas vidas, en vidas llenas de algo, sea lo que sea.
Hace unos años viajando por Salamanca llegamos a La Alberca, ese precioso pueblo medieval, y ya puestos, acabamos ahondando algo más en la España más profunda, las Hurdes Extremeñas (en esa zona la frontera entre Castilla y Extremadura es un ir y venir entre pueblos muy cercanos los unos a los otros) y pasamos por Las Mestas, pueblo del inventor del ciripolen, D. Cirilo Marcos Domínguez, y ya puestos y con ganas de ver lo más profundo, nos acercamos a un pueblo llamado Riomalo de Arriba, desconozco si lo había de abajo, aunque intuyo que sí. Paseando por aquel pueblo, de piedra entero, suelos, paredes y techumbres, acabamos hablando con algunas de las personas que en él vivían, pocas y ya mayores, los jóvenes ya no aguantaban aquella forma de vida, aunque en aquel momento, ya contaba con algunos medios que la hacían algo más llevadera de lo que imagino sería hace unos años.
Una de las mujeres con las que pudimos compartir un rato, nos mostró su casa, muy humilde, recuerdo que en la cocina el techo lo componían los maderos de todo tipo propios de la zona, que sujetaban directamente las piezas de pizarra que componían aquella suerte de cubierta, desiguales, arrancadas posiblemente también de las canteras del entorno de la zona y por las que entre ellas, montadas sin ningún tipo de unión, quedaban los espacios suficientes para que el humo del hogar, de la cocina, pudiera salir sin necesidad de montar ningún tipo de chimenea que encauzara el tiro.
Aquella mujer, viuda, daba por bueno aquello y presumía de su lavadora, que sus hijos le habían comprado hacía relativamente poco tiempo. Aquella mujer también presumía de no haber salido nunca de su pueblo, no más de 20 o 30 casas arremolinadas en calles estrechas, en pendiente y al más puro estilo de esa España profunda y en cierta forma abandonada todavía a su suerte, de la que todos hemos leído y visto fotografías en alguna ocasión.
Aquella mujer posiblemente fuera la pura encarnación de una vida monótona de verdad, simple en cuanto a sus novedades, a los cambios de un día con otro, de una estación con otra y de una año para otro, ese tipo de vida en el que todo lo que va a suceder se espera con resignación, con la resignación propia de lo que es inevitable e inamovible. Una vida sin cambios que no sean los de la dureza de su quehacer diario, y quizás también en esa dureza se encuentre el balón de oxígeno que hoy le falta a nuestras vidas excesivamente acomodadas para hacerlas interesantes en sus simplezas cotidianas.
Hoy vivir la vida con el mundo a nuestras manos para poder ver de forma inmediata lo que sucede en cualquier parte nos resulta poca cosa, necesitamos verlo sí, pero necesitamos algo más, necesitamos fotografiarlo y enviarlo a todos los que componen nuestros contactos y que quede reflejado ante todos ellos, que “nosotros hemos estado allí”, que hemos sido uno de esos privilegiados que lo pueden mostrar y si acaso también, contar.
Hoy queda poco tiempo para escuchar, quizás también porque ese mundo que nos rodea es tan grande y genera tanta información que solo nos concede la oportunidad de dedicar escasos segundos a cada tema, eso nos permite escasamente mostrar lo vivido y lo de contar para qué, si no queda tiempo para escuchar, mejor lo dejamos para otro momento. Así que sí, lo importante es la foto del momento y su mini impacto temporal, así que si no estás, no lo vas a poder mostrar.
No queremos fabricarnos nuestra propia excepcionalidad, que no es otra cosa que sin el arrope de tanto medio de comunicación interesado, coger un día cualquiera la tumbona de la playa y su nevera inseparable, levantarnos temprano y dejarnos caer en cualquier punto de nuestra costa desde el que se vea el amanecer como solamente se ve desde ese sitio, ese día, a esa hora y con una copa de nuestra bebida favorita convertir así ese momento, en “el momento”, en nuestro momento.
Ese es el eclipse permanente que nos estamos perdiendo cada día y que no tiene el valor del otro simplemente porque no nos lo venden como tal y porque no hacemos por fabricarlo, preferimos que nos lo den hecho o quizás también sea así porque vivir momentos comunes nos permite sentirnos parte de ese grupo al que creemos pertenecer y que sin estas experiencias colectivas, parece no existir.
Esa es la sociedad en la que estamos inmersos, esa en la que los "eclipses" nos tienen permanentemente ECLIPSADOS.
Francisco Muñoz
CULTURA
GastronOMÍA
© 2024. All rights reserved.
Creemos de verdad que la gastronomía forma parte de nuestra cultura, y que bien desarrollada también la conforma y nos hace sentir parte de una determinada cultura, en nuestro caso, la mediterránea.
Colaboramos, creamos y apoyamos actividades relacionadas con la cultura. Actividades que sirvan para mejorar la formación y el entretenimiento de nuestros asociados y seguidores. Se trata de contribuir al divertimento en los ratos libres disponibles de la mano de actividades que nos enriquezcan como personas.
contacto
