EL CABALLO DE ESPARTERO
Breve historia de una de nuestras grandes personalidades, así reconocido tanto en nuestro país como en el extranjero, Espartero, de nombre completo Joaquín Baldomero Fernández-Espartero Álvarez de Toro y que solamente puede empezar hablando de su caballo y sus grandes dotes.
JOSÉ ANTONIO PARRA TOMÁS
José Antonio Parra en Asociación la Tortuga de El Charco.
3/2/20259 min read


En Madrid hay un dicho popular, que hace referencia a la estatua ecuestre del general Espartero, que dice: “Tiene los cojones como el caballo de Espartero”, “Tienes más huevos que el caballo de Espartero” o “le ha echado más huevos que el caballo de Espartero” en referencia al tamaño de los testículos del caballo de la estatua.
Estas frases se usan para aludir a la valentía o bravura de alguien en alguna situación complicada. Aunque es un dicho que se conoce en toda España, la atribución del mismo se la disputan entre madrileños y riojanos.
En Logroño, este dicho popular es de lo más habitual, y se piensa que proviene de la estatua que vigila el parque del Espolón de Logroño. Es una copia de la original estatua ecuestre del Príncipe de Vergara que desde 1886 se encuentra en la confluencia de las calles de Alcalá y O’Donnell, frente al Parque del Retiro.
Para esta estatua de Logroño, el escultor Pablo Gibert repitió el modelo de Madrid con una ligera variación: el general lleva puesto el bicornio en lugar de sostenerlo en la mano derecha. La estatua fue inaugurada en Logroño en 1895.
Las dos fueron realizadas por el mismo escultor, el catalán Pablo Gibert y Roig, y en ellas, ambos caballos están igual de bien dotados, así que la polémica está servida.
En Madrid, la estatua representa a Espartero montado a caballo y ataviado con traje de campaña. Fue costeada por suscripción nacional e inaugurada con toda solemnidad en el año 1886. Allí se representa el momento en el que el Duque de la Victoria entró triunfalmente en Madrid, después de haber firmado el Convenio de Vergara (más conocido como el “Abrazo de Vergara”, que se firmó el 31 de agosto de 1839 entre el general isabelino Espartero y el general carlista Maroto, y que dio fin a la primera guerra carlista), cuyo documento lleva en la mano izquierda, al tiempo que sujeta las riendas del caballo. La figura ecuestre se levanta sobre un pedestal de piedra, cuyos laterales están decorados con unos relieves en bronce, que representan escenas de algunas de sus acciones en la Primera Guerra Carlista. En la parte frontal se puede leer esta inscripción: "A Espartero, el Pacificador: La Nación agradecida".
Se dice que los testículos del caballo miden 23 cm de diámetro. Hace unos años, en 1994, se inauguró en la Puerta del Sol, la estatua ecuestre de Carlos III. El tamaño de los de este caballo es de 26 cm de diámetro. Esto debería haber dado lugar a una nueva expresión: "Tienes más huevos que el caballo de Carlos III".
Recuerdo que, en 1988, Mecano compuso una canción sobre la estatua de Espartero, narrándola desde el punto de vista del caballo. Sin embargo, la canción no llegó a ser incluida oficialmente en ningún disco del trío. Aquí podéis oír la maqueta.
https://www.youtube.com/watch?v=w7FdyHyup8U
En 1990, al escultor José Lillo Galiani le encargaron en Ciudad Real hacer otra estatua ecuestre de Espartero y contó lo siguiente: “Recuerdo que cuando el alcalde de Granátula visitó mi taller para ver la obra modelada en arcilla, lo primero que hizo fue observar los testículos del caballo. Inmediatamente me dijo: “más, más, los huevos se los haces más grandes”.
El artista tranquilizó al alcalde asegurándole que disponía de la arcilla necesaria para agrandar aquellas partes todo lo que él quisiera. “Pero luego no lo hice así, ni quería copiar detalles ni caer en el ridículo, y se quedaron como los hice en principio, bien provisto el caballo pero sin exageraciones”. Esta estatua es algo más pequeña que las de Logroño y Madrid, con un modelado más ligero y menos detallista.
Joaquín Baldomero Fernández-Espartero Álvarez de Toro nació en Granátula de Calatrava, un pueblo de Ciudad Real, el 21 de febrero de 1793. Fue el menor de nueve hermanos e hijo de un carpintero-carretero, de familia trabajadora de clase media. Tres de sus hermanos fueron religiosos y una hermana, monja clarisa.
En Granátula recibió clases de latín y humanidades de su vecino Antonio Meoro, preceptor de Gramática, con gran fama en la zona, dado que preparaba a los chicos para acceder a estudios superiores. De hecho, Espartero nombraría años más tarde al hijo de éste, Anacleto Meoro, obispo de Almería.
Como un hermano suyo, sacerdote dominico, residía en Almagro, hizo sus primeros estudios oficiales en la Universidad Nuestra Señora del Rosario de Almagro, obteniendo el título de Bachiller en Artes y Filosofía.
Su padre deseaba también para Espartero una formación eclesiástica, pero en 1808 se alistó en el ejército para combatir, tras el levantamiento del 2 de mayo en Madrid, contra la ocupación napoleónica.
Fue reclutado, junto a un numeroso grupo de jóvenes, por la Junta Suprema Central que se había constituido en Aranjuez, bajo la autoridad del entonces ya anciano conde de Floridablanca, con el fin de detener en La Mancha al invasor, para que las tropas francesas no llegasen a Andalucía. Estuvo en las líneas del frente en la zona centro-sur de España y participó en la batalla de Ocaña, donde las fuerzas españolas fueron derrotadas. Es por entonces cuando comienza a firmar como Baldomero Espartero, solamente.
En 1810 ingresa en la Academia Militar de Ingenieros, recién instalada en la Isla de León (Cádiz), de donde salió al año siguiente con el grado de teniente. Primero fue soldado en la guerra de la independencia contra la invasión francesa; oficial durante la guerra colonial en Perú y General en Jefe en la guerra civil. Combatió en primera línea, y fue herido en ocho ocasiones.
Vivió en Cádiz el nacimiento del liberalismo. Sitiado por los ejércitos franceses desde 1810, fue espectador de primera línea de los debates de las Cortes de Cádiz en la redacción de la primera constitución española, lo que marcó su decidida defensa del liberalismo y el patriotismo.
Entre 1815 y 1824 estuvo destinado en América, donde combatió contra la independencia, hasta que España perdió sus colonias en el continente. Aunque no participó en la decisiva batalla de Ayacucho, sus partidarios, aquí en España, serían conocidos popularmente como los ayacuchos, en recuerdo del pasado americano de Espartero y de la influencia que sobre sus ideas políticas tuvieron otros militares liberales de aquella campaña.
A su regreso de América fue destinado a Pamplona y, posteriormente, fijó su residencia en Logroño, muy a su pesar. Sin embargo, en Logroño contrajo matrimonio el 13 de septiembre de 1827 con María Jacinta Martínez de Sicilia, rica heredera de la ciudad, y gracias a la cual se convirtió en un hacendado.
Al morir Fernando VII, apoyó a Isabel II y a la regente María Cristina, en virtud de sus convicciones constitucionales. Luchó contra el absolutismo en la Primera Guerra Carlista (1833-1840), en la que desempeñó un papel destacado. Fue ascendiendo hasta obtener el mando del ejército del Norte. Desde este cargo dirigió la decisiva batalla de Luchana, que obligó a los carlistas a levantar el sitio de Bilbao, en la navidad de 1836. Esta acción le valió el título de conde de Luchana. Igualmente, el frente carlista de Levante, capitaneado por el General Cabrera, fue también reducido, éxito por el que recibió el título de duque de Morella.
Sus éxitos militares durante la guerra carlista, le proporcionaron una enorme popularidad, rayando en la idolatría, especialmente entre las clases bajas. Para el pueblo, Espartero era la “Espada de Luchana” y, tras su victoria en la guerra, pasó a ser el “Pacificador de España”. En una visita que realizó a Valencia, la multitud que lo recibió, desenganchó los caballos de su carruaje y se puso a tirar de él por las calles de la ciudad.
La entrada en la vida política se produjo tras las revueltas de 1840, donde consiguió ser nombrado presidente del Consejo de Ministros por dos veces, en 1840-1841; y Jefe del Estado como Regente durante la minoría de edad de Isabel II (1841-1843).
Fue conde, duque, grande de España, virrey de Navarra (1836), y, finalmente, regente. Ostentó los títulos de príncipe de Vergara, duque de la Victoria, duque de Morella, conde de Luchana y vizconde de Banderas.
A pesar de su “progresismo”, se enemistó con muchos de sus partidarios, a causa de su modo de gobernar autoritario, personalista y militarista; en 1843 se vio obligado a disolver unas Cortes que se le habían vuelto hostiles.
Pronto se declararía mayor de edad a Isabel II y comenzaría una década de predominio conservador. Espartero se exilió en Inglaterra, de donde regresó en 1849, para vivir retirado en Logroño.
Espartero fue recibido en Inglaterra con gran efusión, ya que su fama no se limitaba a España. Fue condecorado por varios monarcas extranjeros:
· La reina Victoria le concedió la Order of the Bath
· El rey Luis Felipe de Orleans, la Legión de Honor francesa
· La reina María II de Portugal, la Orden de la Torre
Un día después de su llegada a Londres, según relató el diario The Times: “su hotel fue literalmente sitiado por visitantes de todos los rangos. El duque de Wellington estuvo entre los primeros en hacer una visita a Su Excelencia”.
Fue recibido en audiencia por la reina Victoria y el 26 de septiembre de 1843 el alcalde de Londres organizó una cena en su honor en la Mansion House.
Mientras, en España el editor Benito Hortelano Balvo publicó una biografía por capítulos de Espartero, que tuvo un enorme éxito. El propio Hortelano recordó en sus memorias la popularidad de la que seguía gozando Espartero a pesar de su exilio.
Sin embargo, una nueva revolución en 1854, llevó a Espartero a la presidencia del Gobierno; durante el siguiente “bienio progresista” (1854-1856), avaló el reformismo de los liberales avanzados, pero finalmente, falto del apoyo de la reina, se retiró a Logroño.
Doce años después, tras la revolución que destronó a Isabel II en 1868, recibió la oferta del general Prim de hacerle elegir por las Cortes rey constitucional de España, pero él rechazó el ofrecimiento.
Al no aceptar ser rey de España, las Cortes eligieron a un rey extranjero: Amadeo de Saboya. Siendo ya rey de España, Amadeo I, en septiembre de 1871, anunció públicamente su voluntad de acudir a visitar al general Espartero en su residencia de Logroño.
El propio duque de la Victoria salió a recibirlo a la estación de ferrocarril, vestido con traje de gala como capitán general, acompañado de autoridades civiles y militares de la ciudad. Pasó dos días el monarca alojado en la residencia de Espartero y apenas tuvo más contacto con la población que asistir a dos actos protocolarios.
Se desconoce el contenido de las conversaciones durante el tiempo que estuvieron juntos, pero Espartero, cuando lo acompañó de regreso a la estación de tren, dio muestras de respeto y lo trató como rey legítimo de los españoles.
A su vuelta a Madrid, Amadeo I le concedió el título de Príncipe de Vergara (2 de enero de 1872), con tratamiento de Alteza Real.
Años más tarde, en 1878, también Alfonso XII, a su vuelta de las victoriosas operaciones del norte, lo visitó en Logroño. En esta visita, Espartero, desprendiéndose de su Cruz Laureada, que había recibido en 1838, se la impuso al Rey.
Otorgó su testamento el 15 de junio de 1878, apenas seis meses antes de fallecer, y poco después de la muerte de su esposa.
Al no tener hijos, Espartero nombró heredera universal a su sobrina Eladia Espartero Fernández y Blanco, por quien sentía gran predilección. La herencia, constituida por una gran fortuna, iba acompañada de todos los títulos y honores.
Al resto de sobrinos y al personal de su casa les hizo distintos legados, y a su antiguo ayudante, el marqués de Murrieta, le otorgó la espada con la que Bilbao le obsequió, y la estatua ecuestre que le regaló la ciudad de Madrid, además de otras pertenencias militares menores.
Murió a los ochenta y seis años en Logroño, el 8 de enero de 1879. El funeral fue sufragado por el Estado y sus restos recibieron el protocolo debido a un capitán general fallecido en acto de servicio, a pesar de llevar mucho tiempo retirado de la vida militar y política activa. El gobierno de Cánovas del Castillo designó el mayor número posible de soldados para que participara en la ceremonia.
Dejó para nuestra historia una conocida frase, expresión por excelencia del sentido democrático: “Cúmplase la voluntad nacional”.
Unos años después de su muerte, se le erigió en Madrid una estatua sufragada con fondos públicos, que “representase al insigne Príncipe de Vergara como pacificador de España, título que condensa todas sus altas dotes, los actos de su gloriosa vida y explica el fervoroso y perdurable reconocimiento de la patria”.
En memoria de Espartero se construyeron monumentos, como las conocidas esculturas ecuestres de Madrid, Granátula de Calatrava (Ciudad Real) y de Logroño. También se le dedicaron calles, como la de Príncipe de Vergara de Madrid y la del duque de la Victoria de Granátula de Calatrava, su ciudad natal, y también en Valladolid, Alicante, Salamanca, Melilla y Linares.
Pero el mejor resumen de su biografía se encuentra en la placa que le recuerda en su sencilla casa manchega de Granátula de Calatrava, donde nació. Ésta es su leyenda: “27-11-1793. S. A. Sma. D. Baldomero Fernández-Espartero y Álvarez: Vizconde de Banderas, Conde de Luchana, Duque de la Victoria, Duque de Morelia, Grande de España; Gran Cruz de Isabel la Católica, de San Hermenegildo, de Carlos III, de San Fernando, de la Orden del Baño, de la Torre y Espada, de la Orden de la Encina, de San Juan de Jerusalén, Toisón de Oro, Gran Cordón de la Legión de Honor. Capitán General, Ministro de la Guerra, Presidente del Gobierno, Regente del Reino, Príncipe de Vergara”. Y termina con esta frase: “Y no quiso ser rey de España”.
José Antonio Parra Tomás
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