El Carnaval de Nietzsche

Posiblemente el carnaval signifique una cosa diferente para cada uno de nosotros. Cuando en la ecuación de ese significado, añadimos a un filósofo y además ese filósofo es Nietzsche, el resultado puede ser de los más explosivo. En este articulo, Lorenzo describe algunos de los aspectos más destacados sobre los puntos de vista de Nietzsche combinándolos con su propia percepción del tema y su propia experiencia. Un compendio de aristas de ese prisma que supone el carnaval para nuestra sociedad.

LORENZO PIRIZ-CARBONELL

Lorenzo Piriz-Carbonell en Asociación la Tortuga de El Charco

2/24/20266 min read

“El Carnaval de Nietzsche”

Como estamos en época de Carnaval, comienzo de la Cuaresma Cristiana, el Purim Judío, el Ramadán moro y el Menear el Esqueleto hasta la Muerte en Brasil, me he visto tentado y casi obligado por divertimento a expresar la esencia de estas globales fiestas de disfraces, incluida la hebrea, pues es en el Purim , lo que viene siendo una antesala a la Pascua , donde se celebran fiestas con alegres mascaradas y mucho danzar, que el pueblo aprovecha para solazarse a pierna suelta, como preparatoria al arrojarse luego a las conmemoraciones pascuales que son mas serias y bastante fastidiosas.

Para mi, que crecí en un Sitges, tan español como universal, el Carnaval era algo muy esperado, pues durante la Dictadura de Franco estaba prohibido llevar la cara tapada, aunque si permitido el disfraz en todas sus categorías, desde las mas decorativas, hasta las inevitablemente chabacanas. Pero lo de Sitges era distinto, pues tenía una especie de carta blanca para lo de la cara tapada y la máscara ya que el Gobierno hacía la vista gorda a aquel salto de ley y así, de esta manera es como mi pueblo se llenaba de forasteros que venían a exhibir sus trajes tapados y sus formas mas que pecaminosas.

A mi me encantaba ese Carnaval. De hecho, la única vez en mis 85 años de vida que un adefesio sexual mas andrógino que un personaje de Fellini , se me abalanzó fogosamente (yo es que a mis años mozos debí estar muy apetecible, a saber) atacándome la muy energúmena y a la par que arrebatándome mi careta me estampaba un larguísimo beso en la boca y fue allí, afrenta pública en medio de la humanidad enloquecida y desaliñada, provocando en mí la simple respuesta de un gran empujón al descubrir que el ósculo venía de un señor con bigotes, que vestido de mujerzuela, aprovechaba la situación para hacer catarsis de su oculto mariconismo y confieso, creo y espero, que no se si fue a parar al cercano mar o se desintegró cual metamorfosis de lo desagradable.

Yo ya era como ahora soy, pero a mi es que nunca me han gustado los hombres con bigote, faltaría más. Esta anécdota es la primera vez que la narro y ahora me río pero entonces quien se enfadó más fue Paquito, el pescador, que era mi novio oficial. ¿Quién lo diría en aquellos tiempos? Para que ahora vengan los progres comunistas a inventarse lo ya inventado. Y la conservo en mi archivo mental al que llamo “Horrores de Recuerdos” justificados por aquel Carnaval.

Hoy en día lo del Carnaval tiene una esencia totalmente desvinculada a lo que realmente siempre fue. Yo lo comprendí entonces cuando leyendo a Nietzsche en su magnífica obra “La Gaya Ciencia” pude aprender la esencia de tan vetusta fiesta. Pero este Nietzsche ¿Quién era?, no, no, no diré quien es porque la filosofía tiene el don de inmortalizar a los que la practican. Pues a revivirlo toca. Federico Nietzsche fue un filósofo, poeta, compositor musical y filólogo alemán, cuya obra ha ejercido una profunda influencia en el pensamiento mundial contemporáneo y en la cultura occidental. Pero fue más que eso. Fue un visionario y un hombre que supo dilucidar la gran incógnita del por qué se nace y para qué se nace. Claro, lo hizo y entendió para él y solo él.

Nietzsche escribió sobre temas tan diversos como el arte, la filología, la música, la historia, la religión, la ciencia o la tragedia. Hizo una crítica de la cultura, la religión y la filosofía occidental mediante la genealogía de los conceptos que las integran, basada en el análisis de las actitudes morales (positivas y negativas) hacia la vida. Vivió una existencia tan aparatosa como controversial. Era un misógino algo peculiar, pues solo estigmatizaba a las mujeres que no le gustaban y enaltecía a las que admiraba por su inteligencia, siempre argumentando que todas las reglas tenían su excepción y en cuanto a su desencajamiento del genero femenino, dicotomizaba su problema mental diciendo, escribiendo y actuando como adorador de la genialidad femenina... cuando estas lo demostraban. Vaya teorema de locuras inexplicables.

Hay que tener en cuenta que en 1867, Nietzsche fue tratado por una infección sifilítica que finalmente desembocó en la crisis mental de enero de 1889, fin efectivo de la vida de este genial espécimen de la culta humanidad, aunque viviría, en silencio y perdido en sí mismo, hasta 1900. La sífilis era una enfermedad mortal y estigmatizante, y cuando leemos a Nietzsche, especialmente su obra tardía, como Ecce Homo o El Anticristo, deberíamos tener bien presente el hecho de su enfermedad.

Nietzsche asocia el carnaval con la afirmación dionisíaca de la vida, la disolución de la individualidad y el uso de la máscara como sabiduría profunda. Ve en la fiesta y la inversión de roles, una ruptura de las verdades impuestas, celebrando la existencia, el devenir y la creatividad a través de la danza y la inversión de valores.

Nietzsche sostiene que "todo lo profundo ama la máscara", implicando que la realidad es un juego de apariencias y que la verdad absoluta es una ilusión. La máscara del carnaval representa la aceptación del cambio. Yo le acepto su argumento al respecto pero también he llegado a la conclusión de que hoy en día, y me atrevería a decir que desde siempre, el carnaval es la expresión dionisíaca de la embriaguez, la pérdida de la individualidad y la fusión con la vida, contraponiéndose a la excesiva racionalidad apolínea. Yo siempre he creído que la vida se celebra bailando. La danza y el humor son signos de fortaleza intelectual, un "sí" a la vida que incluye el dolor y el caos. Siempre he visto el carnaval funcionando como una crítica a la subjetividad moderna y una liberación de la moral tradicional.

Nietzsche en su descripción de la fiesta carnavalera , que expresa muy bien en su “Así hablaba Saratustra”, pontificaba: «aquellos que eran vistos bailando en una fiesta de carnavales, eran considerados locos por quienes no podían escuchar la música». Y es que en el bullicio humano reside la sordidez del conocimiento intelectual de su propio divertimento. En mi obra “El Reino de Carnaval” (Salamanca 1964) casi le doy la razón a este Nietzsche que por muy orate temible que ya era, de esta manera me convencía de lo irracional, pues tenía en su discurso el don de dispersar la razón hasta hacerla apología de lo indiscutible.

A mi entender y creo que desde siempre, el verdadero carnaval está ahí, en nuestra desopilante filosofía de la desesperación, en el nihilismo festivo que nos arrebata, sobre todo de nosotros mismos. A este paso, a tenor de ello, creo que acabaremos recuperando la celebración de la Cuaresma o del mismo bíblico Purim como la gran kermés por descubrir. Sólo para singularizarnos. Como dijo Kundera: “no hay nada más pesado que la insoportable levedad del ser.” Ahuyentar espíritus, los propios, en eso reside el Carnaval y su esencia. Los antiguos celtas creían que durante el Samhain, el velo entre los vivos y los muertos era delgado. Se disfrazaban para no ser reconocidos o para asustar a los espíritus malignos. Las tradiciones romanas como las Saturnales y el Carnaval medieval permitían a las personas esconder su identidad bajo una máscara, olvidando el orden establecido y las normas sociales.

Nietzsche en su desvarío mental lo tuvo claro y hasta creo que fue un adivinador nigromante de lo que en el futuro, nosotros hoy por hoy, el Carnaval se iba a convertir en el estropicio festero del cual ostenta buena fama. Hoy en día, los disfraces funcionan como una forma de liberar conductas reprimidas, permitiendo a las personas explorar su creatividad, fantasía o admiración por ciertos personajes. En niños, los juegos de disfraces ayudan a explorar futuros roles (profesiones), sentimientos y desarrollar habilidades sociales y de identidad.

En resumen, los disfraces han pasado de ser una necesidad ritual de protección, a una forma popular de expresión, diversión y anonimato social. Y con esto ya asumido, el Carnaval es para mi un invento de la sociedad que quiere demostrar ocultándolo, su propia degeneración a la que está ya más que encaminado. Me sigue encantando esto de carnavales y disfraces porque al fin y al cabo, he dedicado la mitad de mi vida a ejercer de teatrero y lo he disfrutado a tope, aunque eso sí, los señores con bigote disfrazados de mujerucas ginecoideas, mariquitas de armario y equivocados transgeneros tan de moda hoy en día, pues mira tú, que siguen sin gustarme.

Que haya y se tenga buena fiesta y que el mejor ambiente sea hacerlo en paz. Shalom.

Lorenzo Piriz-Carbonell