EL FEMINISMO NOS VUELVE A CATEGORIZAR, AHORA NOS QUIEREN SIGMAS

Te acuestas creyendo que perteneces a una categoría de hombres (si es que las hay), y te despiertas leyendo que puedes ser otra cosa, o mejor, que te interesa más ser otra cosa o por lo menos aparentarlo. ¿Los hombres y mujeres somos eso o somos categorías que nos encasillan y diferencian? ¿Por qué de esa tendencia a categorizar siempre al hombre?

LORENZO PIRIZ-CARBONELL

2/4/20265 min read

“Stultorum plena sunt omnia”

!Anda con el latinazo! Pues traducido a nuestro bello idioma quiere decir: “Todo está lleno de tontos” y añado por justicia del lenguaje inclusivo que esta España amariconada ha adoptado: “y de tontas, tontes, tontines y tontarras”. Y esto decía Cicerón cuando tenía que opinar de las acciones estúpidas que sus contemporáneos exponían cuando juzgaban, sojuzgaban, criticaban, discutían sobre un determinado hecho o sucedido, haciendo estas gallinerías sin tener puñetera idea sobre los asuntos o al menos, el mas mínimo conocimiento de la verdad de lo acontecido y de los trasfondos reales que los contenían.

Cicerón a las idioteces les llamaba tonterías y a los que las decían o inventaban pues eso, los denominaba tontos. Y la frase del título la he puesto en latín primeramente porque así fue originalmente pronunciada y dicha, y de segundas para demostrarme a mi mismo que no he perdido la capacidad de traducir esa ahora llamada “lengua muerta”, quizá para recordarme que la lengua que ahora hablamos no es que esté muerta, sino mas bien podrida por la cantidad de barbarismos y barbaridades “inclusivas” a la que nos hemos entregado y de paso, contribuir a destruirla.

Pero aclaremos para informar. ¿Y éste Cicerón, quien era? Pues a vuela pluma y sin ánimo de aburrir o mucho menos ejercer de pedante, diré que éste Romano de arrestos bien puestos, fue y lo seguirá siendo, un histórico de la Historia y un maestro incomparable del arte de la retórica, ese del cual la onegrada de políticos que hoy tenemos, no solo carece, sino que además desconoce. Pues este, Cicerón, era su nombre popular, pues en realidad se llamaba Marco Tulio Cicerón​ y fue un político, filósofo, escritor, jurista y orador romano.​ Se le considera uno de los más grandes retóricos y estilistas de la prosa en latín de la República romana. Era muy respetado y a la vez temido. Lo que decía en sus discursos tenía el fundamento de lo recordado y del recuerdo. Establecía con ello que “el cultivo de la memoria es tan necesario como el alimento para el cuerpo”. Fue un acérrimo defensor de la República Romana, reflexionó intensamente sobre el papel de la memoria en y dentro de la vida humana, pues para él, recordar, no era un simple acto mental, si no una práctica moral, un ejercicio de sabiduría y por ende el perfecto camino hacia la plenitud interior.

Quien me explicó en la Facultad de Medicina sobre estos prolegómenos “herodotianos” fue mi admirado profesor López Ibor, quien además de enseñarme psicología, psiquiatría y otras pillerías de la vida, me demostraba a la par que sin recuerdos, la vida no era mas que un escupitajo de ideas cerebrales. Y esto lo recuerdo y esto lo he puesto en práctica, pues sin memoria, no hay aprendizaje y sin aprendizaje no hay sabiduría.

Confieso que parte de mi vida siempre la ha animado los recuerdos de mis pasados, el ayer transformado en hoy para entender el mañana. ¿Demasiado complicado? Para nada. Nos pasa a todos, lo entendamos o no. Tautología mas que razonamiento. Y de entre esos recuerdos me viene a la memoria cuando antes y no desde hace mucho, el hombre, el masculino singular, era una parte calcada a la mujer y viceversa teniendo siempre en cuenta sus variantes y variaciones sociológicas, fisiológicas, genéricas y sexuales (por culpa de las imprescindibles mandamases hormonas de la puñeta), pero siempre aunados en una sola categoría, la de seres humanos.

Entonces nadie se categorizaba como si fuéramos complementos de una pirámide de sexos y pensamientos. Siempre hemos tenido el mismo cerebro capaz de realizar las mismas acciones. Sociológicamente las costumbres históricas han establecido diferencias, pero a la larga, para caer siempre en que ambos géneros sexuales somos el mismo elemento genérico humano. Esta perorata viene a cuento porque hace unos días, leí un artículo de origen norteamericano (cuna del ridículo “me-too”) pero adquirido como propio en nuestra España actual tan progresista como desquiciada, que al hombre, al masculinillo, se nos clasificaba con denominativos tales como Alfa, Beta, corrientes a secas, vamos, mediocres sin más, y aquí viene la traca final : hombre Sigma. Esta galimatías “valleinclanesco” venía avalado por el movimiento feminista, es decir por la “Asociación Española de Decrépitas Mentales

Y así venía a ser la clasificación de marras sobre el Hombre Sigma:

I-: Disfruta de su propia compañía.

II-: Se guía por sus propios valores.

III-: Es autosuficiente y autónomo.

IV-:Se adapta con inteligencia para sobrevivir.

V-: Lidera sin imponer.

VI-: Cautiva con su misterio.

VII-: Cuestiona los que otros aceptan sin pensar.

VIII-: Actúa en silencio pero con intenciones.

IX-: Escucha mas de lo que habla.

Y se les acabó el reglamento descriptivo a estas pobres sufridoras de un simple complejo de inferioridad. Tontas y solo eso tontas. Heródoto las habría llamado “tontas del haba”. Pobres de nosotros que tenemos que convivir con estos adefesios de la especie. Para estas descerebradas, si no somos Sigmas sobramos. Además de tontas, imbéciles. Se apartan ellas solitas de la igualdad de inteligencias entre los seres humanos. ¿O es que Sigmas no somos todos? Y todo para que si ya a estas alturas, nos hemos demostrado que ningún ser humano puede ser perfecto, ni tampoco un aborto de ovas y lamas calderoniano. La mujer bien sabe que nunca ha sido un invento categorizado por el hombre y ergo también tendríamos mujeres Sigma, con las mismas características de comportamiento que esas del “Sigmado” hombre. ¿Alguien se imagina una fémina Sigma? Dejémonos de estupideces, tonterías diría Heródoto, y aceptemos la igualdad de los seres humanos con sus virtudes y sus defectos, pero todos bajo el cuadro sinóptico de la igualdad de ser por ser Seres Humanos, mal que les pese a muchas de estas idiotizadas por la ignorancia del falso feminismo, que ahora quieren revindicar empoderamiento y demás suciedades intelectuales, para equiparar a aquello que ya no se tienen que parecer, puesto que son mismo de lo mismo gracias a la Humana Naturaleza. Y que todos recordemos que de vez en cuando se puede ser Sigma, y cuando convenga Alfa, pero que en el fondo de nuestras verdades de existencia, todos somos el mismo Ser aunque a veces no no los merezcamos. La vida que se nos regala al nacer es siempre una reflexión donde la mentira y la verdad caben y junto a esto la maravillosa posibilidad de siempre estar tropezando con la misma piedra, aprender insólitas lecciones y ser feliz, aunque esto signifique casi una entelequia. Tontos los que crean que el Humano ha nacido para ser categorizado, porque ya cuando nacemos, venimos marcados con la intrigante categoría de vivir, recordar, morir para ser recordado. Heródoto tenía razón, "sin recuerdos no hay existencia", y lo he expresado en mi lengua castellana porque si se me hubiere ocurrido hacerlo en latín, ni el mismo Heródoto me leería. !Ah!...que ahora recuerdo que hasta he podido, con esto, ser aburrido. Bueno, pues piedra con la que he tropezado...aunque creo que lo haré mil veces más. Pongamos punto final a éste entuerto literario y digamos Shalom.

Lorenzo Piriz-Carbonell