EL FUTBOL COMO IDENTIDAD SOCIAL
El futbol mueve masas, es el deporte por excelencia a nivel mundial y lo es seguramente porque para poder jugarlo no hace falta ni tan siquiera una pelota como tal, los más pequeños se pueden apañar con algo casi esférico. Por qué además funciona tan bien como aglutinador de masas de personas adultas que ni lo juegan y en muchos casos ni lo entienden, es otra cosa y en este artículo se esbozan algunas de las reflexiones al respecto de su autor.
LORENZO PIRIZ-CARBONELL
Lorenzo Piriz-Carbonell en Asociación la Tortuga de El Charco
7/7/20266 min read


“El futbol como Identidad Social”
Me encuentro en estos días incrustado en un globo terráqueo que solo sabe respirar futbol, medallas, copas, peleas de fanáticos y partidos internacionales. Es como si el Deporte del balompié haya convocado una muy peculiar Guerra Mundial. Y con éste animo quiero escribir lo que ahora va, aunque por delante afirmando que ni soy futbolero ni veo futbol por obligación social. Que se abra el toril y que salga este toro literario mío a modo de pequeña reflexión sobre el tema.
Conozco amigos que esperan poder ver o asistir a un partido de futbol (reitero ahora de global celebración) durante semanas, que vitorean un gol como si fuera uno de los mejores momentos de su año, personas que terminan el día de mal humor por que su Equipo perdió y luego tengo otros amigos que observan desde fuera, yo entre ellos, que no sienten nada en contra del deporte anglosajón sencillamente, y lo digo en mi caso, porque no sienten nada especial como para invertir su tiempo en verlo y esto es lo que hace cuestionarme preguntas bastante curiosas:
¿Por que algunas personas viven el futbol con tanta intensidad mientras que yo, y otros tantos similares, nos resultan estos eventos deportivos completamente indiferentes?
¿Es que no somos normales respecto a nuestra indiferencia y al fanatismo de ellos?
¿Es que estos forofos del balón se están perdiendo algo importante, o quizá lo que debería preguntarme es el por que millones de personas llegan a sentir como propios los triunfos y las derrotas de personajes que ni siquiera conocen?
He aquí la escena con su escenario: 22 deportistas corren detrás de un balón, en una ciudad que probablemente nunca han visto ni visitado y sin embargo hay gente que siente orgullo, alegría, euforia, tristeza, como si hubieran participado directamente en el resultado de esa contienda.
La Psicología lleva décadas estudiando éste fenómeno y una de las explicaciones de sus psicólogos es que teremizan esto como fenómenos de alteración neuronal y le llaman Identidad Social. Hasta aquí lo he llevado personalmente claro. El día que los seres humanos tenemos una necesidad muy profunda de pertenecer a algo muy importante, más que a nosotros mismos, un grupo de amigos, una comunidad, una indeterminada afición a un equipo de futbol, y cuando por ello una persona se identifica fuertemente con un especificado grupo, ya se empieza a incorporar y formar parte de ese ovillo y adquiere en eso su propia identidad, significándose de tal modo que lo que le ocurre a este seleccionado “grupo” también afecta a sus propios sentimientos y emociones.
En una clase de Psiquiatría Aplicada (circa 1966) mi profesor López Ibor argüía que después de las victorias de un Equipo Universitario, muchas personas utilizaban ropajes y símbolos relacionados con su Universidad ganadora. Era como si el éxito de su Equipo se convertía en el suyo propio. No habían jugado, no habían entrenado, ni siquiera habían influido en su resultado pero psicológicamente sentían que una parte de esa victoria también les pertenecía y clamando decían “hemos ganado” o se deprimían lloriqueando para sus adentros eso de “hoy hemos jugado fatal”, y todas estas pamemas vistas desde el sofá de su casa, cervezas y lo que fuera incluidas.
Y esto es un ejemplo de como funciona nuestra Identidad Social. Cuando el Grupo triunfa sentimos que también triunfamos y cuando fracasa nos afecta al por igual con un tremendo golpe emocional y por supuesto menos sociable. Personalmente yo no siento nada de esto, paso del futbol y sus cuaresmas y sigo tranquilamente con mi día y los avatares que me depare y no por esto soy menos apasionado y menos emocional dentro de mis comportamientos. Y esto es lo que me hace distinto a los fanáticos del futbol pero a la vez semejante a los tantos de miles que piensan empáticamente como yo. Encuentro mi Identidad Social en la música, en el teatro, en la opera, en el cine, en deportes que son más arte que peleas de barrio, como el patinaje en hielo o el tenis.
Me solazo, a veces con series televisivas o incluso con videojuegos. Por supuesto no me afecta si esas aficiones mías no se realizan como y de maneras que yo quisiera. Así es el acto humano. Personal e impredecible. Lo hagan bien o mal según mis expectativas solo alcanzan a obtener de mi un enérgico entretenimiento con mis razonables opiniones. Para que exista una implicación emocional antes tiene que existir una implicación real.
Y me cito dentro de otro ejemplo: últimamente me he integrado, con fortuna, dentro de un Grupo de Amigos que celebran la vida y la inteligente manera de sacarle partido a la existencia. Con ellos si tengo emoción porque ellos son reales, son míos como yo lo soy de ellos. Y me atrevo a resolver el corolario de este teorema diciendo que creo que una de las razones por los que el futbol necesita ser tan absorbente para millones de seguidores fanatizados es que nuestro cerebro responde mejor y de forma intensa a los resultados impredecibles.
Cuando no sabemos que va a ocurrir nuestra atención permanece activa, la permisividad de una victoria, la posibilidad de una derrota, la incógnita casi paranoica de que en los últimos minutos del juego todo cambie. Incertidumbre que mantiene todo esto pendiente de lo que está sucediendo, sabiendo que la recompensa no aparece solo cuando llega el milagroso gol, si no que se mantiene inquieta durante toda la espera, durante la anticipación dubitativa, durante la atención pero solo en la circunstancia de que sea un partido igualado y el final desate el oblivión, esta anomalía psíquica despierta en los aficionados una intensidad nerviosa brutal, casi paroxística.
Pero para que esto así funcione en el aficionado de marras, es necesario que exista un mecanismo irrefutable: tiene que importarle el resultado, nunca debe dejar que exista el apego emocional a que ninguno de los Equipos contendientes gane o pierda y así la incertidumbre puede perder gran parte de su atractivo y es entonces cuando el referido futbolero contempla todo desde lo ajeno, desde fuera, sin tensión, sin expectativa, sin influencia emocional.
¿Paradigma inevitable? No. Pero la realidad nos demuestra que en este ciclón de pasiones deportivas luego viene la presión social que anida en muchos entornos donde el futbol funciona casi como un idioma compartido. Las conversaciones giran alrededor del partido, sus resultados aparecen difundidos por todas partes, las celebraciones de toda índole ocupan los espacios públicos y quien no participa en esos festejos puede llegar a sentirse fuera de lugar. Hay quienes para que esto no les ocurra fingen entusiasmo repitiendo consignas victoriosas sin importarles un bledo lo que significan, pero que lo hacen para no ser desechados de esos ambientes festivaleros y temerosos del rechazo de su Grupo Social.
Concluyo que la psicología de las personas que no ven el futbol no trata solamente sobre este deporte y más bien trata sobre identidades, sobre pertenencias, sobre conexiones y sobre la forma en que esos entes cerebrales en uso se encuentran con esas mismas cosas y emociones en lugares diferentes. Para unos, esa conexión aparece en un estadio repleto de gentes mientras que para otros aflora en medio de una conversación profunda con un amigo, con su Grupo especial de vivir la vida, o tal vez aparece leyendo un libro, gozando de un concierto, de un película extraordinaria de contenido y formas, visitando un museo, incluso elucubrando e ideando a solas un proyecto a realizar. No existe una manera correcta de sentirse parte de algo como tampoco existe una obligación psicológica de emocionarse con las mismas cosas con las que se emocionan los demás, porque al final no se trata del cuanto sientes sino del donde y el adonde diriges tus emociones.
Las personas ,como yo mismo, que no ven el futbol no estamos desconectadas, no estamos haciéndonos un vacío ni pretendemos romper con la sociedad. Simplemente encontramos otro lugar donde invertir nuestra atención, nuestra energía y por ende nuestro sentido de la pertenencia.
Yo he encontrado mi lugar y por eso comprendo que cuando esas personas las enloquece el futbol es porque ahí han encontrado su particular “shangrilá”, su sentido a su pertenencia.
Y ya me toca decir lo que siempre digo cuando termino un artículo, ese “hasta luego” hebreo que casi me tipifica, y antes afirmo que creo que nuestra sociedad debería revisar su propio índice de tolerancia a los variados usos y conocimientos y recapacitar que si bien el futbol es un deporte muy unificador y de algarabías globales que se incluyen dentro de una verdadera Identidad Social, también los seres humanos si es que quieren preservar esa tradición deportiva tenemos que invitarlos a que se enseñen a demostrar sus emociones con menos salvajismo y un mucho áas que más de educación.
Pido peras al olmo, lo sé, pero cuanto al menos escribiendo esto me quedo mas satisfecho. Y ahora sí, a cuidarse y a disfrutar de sus emociones...las que sean. Shalom.
Lorenzo Piriz-Carbonell
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