EL INCENDIO DE LA CRESTA DEL GALLO EN LA SIERRA DE CARRASCOY (MURCIA)
Los incendios siempre son una desgracia, para la naturaleza, con su vegetación y vida salvaje que alberga y para las poblaciones humanas, tanto las que viven en el entorno como para el resto, la pérdida de espacios naturales que conlleva un incendio siempre es de lamentar. Cuando los incendios se producen en zonas en las que la vegetación es un bien escaso por la falta de precipitaciones, la pérdida es mucho mayor y si además se pierden vidas humanas la magnitud de la catástrofe es inmensa, como ha sucedido esta misma semana en Almería y que bien podía haberse producido en la zona de la Cresta del Gallo dada la proximidad de las viviendas.
JOSÉ OLMOS
José Olmos en Asociación la Tortuga de El Charco
7/11/20261 min read


EL INCENDIO DE LA CRESTA DEL GALLO EN LA SIERRA DE CARRASCOY (MURCIA)
4 Junio 2026
Bajo un cielo enamorado,
la tarde empezaba a descansar,
el viento soplaba enrabietado,
entre los pinos se oía cantar.
Matorrales secos y dorados,
Carrascoy vestía engalanada,
los pájaros con sus trinares soñados,
dignidad serena y reflejada.
La tarde se volvió fatal,
surgió el fuego silencioso,
un incendio brutal,
quiso acabar con este paraje hermoso.
El humo dibujó oscuridad,
la vida vimos peligrar,
ciega quedó la claridad,
el fuego rugía y no dejaba caminar.
El fuego, como un monstruo renacido,
lo devoraba todo de forma insaciable,
el fuego cada vez más crecido,
era colosal y abominable.
Murcia atardecía herida,
los conejos huían aterrorizados,
los animales temían por su vida,
los pinos por el fuego calcinados.
Murcia lloraba al ver esta realidad,
Murcia se rompía de dolor,
el monte quebraba en soledad,
el fuego nos abrazó con su terror.
Árboles, pinos y vegetación,
vieron su vida ya perdida,
fué un golpe para esta región,
ver tanta riqueza por el fuego consumida.
Guardia civil, policía, protección civil, bomberos,
efectivos de unidades militares,
unidos todos como grandes compañeros,
evitaron que el fuego llegase a los hogares.
Su aliento no se ha querido rendir,
ante este fuego brutal y abrasador,
estos versos quiero escribir,
y con ellos rendirles honor.
No les ha faltado voluntad,
no les ha faltado valor,
luchar por esta esencia forestal,
con esperanza, razón y amor.
El fuego despiadado,
a los árboles ha hecho gritar,
una gran cicatriz ha dejado,
gracias por poderlo controlar.
El fuego besa el cielo,
todo a su paso es destrucción,
sólo nos queda el consuelo,
confiar en el corazón.
El fuego ha cedido,
ha cedido su furia violenta,
el suelo queda ennegrecido,
Murcia gime y se lamenta.
El monte merece protección,
es el alma de la vida,
el fuego es desolación,
con su canto desgarrado y homicida.
José Olmos Ruiz
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