ELABORACIÓN DULCES DE NAVIDAD 2025
Jornada de elaboración de dulces típicos de Navidad.
ASOCIACIÓN LA TORTUGA DE EL CHARCO
Asociación la Tortuga de El Charco.
12/26/20254 min read


Este también. Este año y por segundo consecutivo nos juntamos para hacer los dulces de Navidad.
En principio no nos habíamos planteado subir a la web nada relacionado con esta jornada, ya que en cierta medida no ofrece ninguna diferencia, en el aspecto de elaboración de dulces, con la del año pasado, pero sin embargo este año la jornada y al margen de los dulces, sí que ha tenido una diferencia importante, la lluvia, que se dejó sentir durante todo el día y que a fecha de hoy, quince días después sigue siendo una constante, algo anormal en nuestra zona.
Por ese motivo y a modo de digresión literaria sobre el tema central, los dulces, nos hemos permitido crear un breve relato, en esta ocasión de tipo apocalíptico, ciencia ficción de tono casi negro y que no pretende ser nada más que el reflejo humorístico del sentir de un murciano cualquiera después de varios días de lluvia continuados.
LA TAN ANSIADA LLUVIA
Todo empezó aquel día de dulces, en aquellas Navidades de 2025.
La noche del sábado, atípicamente lluviosa, se deshizo al amanecer sin que aquel cielo plomizo, anormal en aquellos lugares, dejara de esparcir sobre la ya empapada tierra, aquel maná tantas veces suplicado, rezado, pedido a gritos por las voces de aquellos que veían marchitarse los montes centenarios, pulmón de sus tierras, de sus entornos, de sus vidas.
Durante todo aquel domingo, el agua no cesó de bendecir los campos y montes, el cielo no daba tregua, las horas pasaban, la faena junto al improvisado obrador era frenética, el horno con su fuego hipnotizante en su profundo corazón, animaba a seguir y seguir elaborando aquellos preciados manjares propios de la época. Fuera aquella cortina de agua por momentos impenetrable, no cesaba de caer, era un constante martillear sobre el tejado, sobre las hojas de los árboles, sobre todos nosotros.
Salir del confortable espacio en el que se había convertido nuestro laborioso refugio, no parecía una buena opción, simplemente no apetecía. Fuera el día seguía machacón, imponiendo su monótono y húmedo ritmo, acompañado en algunos momentos por la ira de los cielos, de los sonidos embravecidos de los dioses arcanos, invisibles, en pugna constante por salir ellos mismos de sus Olimpos Celestiales y convertirse así en parte de lo que en nuestro entorno sucedía.
Dentro la rutina, la labor incesante de aquellas manos laboriosas y precisas, que una a una esculpían las delicadas piezas. Masas medidas, pesadas, extendidas, cortadas y conformadas en cada uno de los dulces elegidos, deleite ahora para la vista y para los paladares en los días sucesivos.
Y así continuaron pasando las horas de aquel día, los días de aquella semana, las semanas de aquellos meses y los meses de aquel año y así finalmente también los años.
Años que transcurrían sin que nada cambiara, sin que el cielo dejara ni por un instante de abrirse de par en par y descargar sobre la tierra, nuestra tierra ya saturada, su inagotable contenido.
Los hombres y mujeres volvieron a suplicar, a rezar con todas sus fuerzas que ese manantial divino se detuviera por un instante, un instante en el que poder creer que la normalidad volvería, que era posible, que el mundo se salvaría de aquel episodio que nos estaba llevando al borde de la desesperación, al borde de demencia colectiva, al borde mismo del abismo.
Aquellos tiempos de súplicas y angustia quedan ya perdidos en la memoria de los hombres y mujeres, de los pocos humanos que todavía hoy seguimos anclados a la tierra, la escasa tierra que sigue sin estar cubierta por las incesantes lluvias, esas lluvias que lo han anegado todo, convirtiendo nuestra civilización, aquella floreciente y descuidada civilización, en un borroso recuerdo transmitido por nuestros mayores.
Todo empezó aquel domingo, el día de dulces.
Paco Muñoz.
JORNADA DE ELABORACIÓN DE DULCES NAVIDEÑOS. Y así desde temprano, entre lluvias, cafés y magdalenas empezamos otra jornada más, otro día de preparar todo lo necesario para poder hacer todos los dulces que habíamos previsto, cordiales, rollos de vino, tortas de recao y mantecados de almendra.


Lo primero una vez pesado y medido lo necesario, es mezclar, un trabajo arduo dada la cantidad que se pretendía, pero que con paciencia y también con su dosis de sudor (el horno a pleno rendimiento hace que el invierno parezca otra cosa), se va consiguiendo.




Y una vez amasado viene la labor artesana de darle forma y conseguir así el aspecto del dulce en proceso, en este caso las tortas de recao


Al final el resultado, la culminación del trabajo de todo el día.


Y su colocación en las bandejas de hornear, perfectamente alineados, con disciplina castrense, poque el proceso requiere conocimiento, maña y también orden. La estética de cada paso lo convierte en una experiencia sublime.








Tortas de recao
Cordiales
Rollos de vino
Mantecado
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