ENTRE LA ETERNIDAD, LO ETERNO Y EL AMOR. RÉPLICA 1 DE PACO A LORENZO

Como en el propio titulo se indica, el contenido de esta publicación no supone más que participar de aquella charla que Lorenzo comenta en su artículo, como invitado a hacerlo en el mismo y como participante inicial.

LORENZO PIRIZ-CARBONELL

Lorenzo Piriz-Carbonell (réplica 1) en Asociación la Tortuga de El Charco

4/30/20266 min read

ENTRE LA ETERNIDAD, LO ETERNO Y EL AMOR. RÉPLICA 1 DE PACO A LORENZO.

Asistir a fiestas siempre predispone a pasar un buen rato, agradable, festivo, con amigos y amigos de sus amigos, con bebida y comida, música, pero sobre todo hay que asistir con buen ánimo, porque nunca sabes lo que la fiesta dará de si.

En algunas fiestas incluso tienes la suerte de coincidir con gente que además de asistir con todo lo dicho y a todo lo dicho, asiste con ganas de hablar y de hablar a ratos de cosas trascendentes, no toda la fiesta, pero sí de recoger el guante cuando surge la ocasión y el tema lo merece, es el caso de Lorenzo, el autor del artículo al que me refiero y del resto de acompañantes que formamos un pequeño grupo dentro del grupo principal. El día era estupendo, el ambiente genial, el sitio magnífico y así se puede hablar "hasta el infinito y más allá", como decía Buzz Lightyear, el astronauta y protagonista de la película animada Toy Story.

Pues uno de esos temas trascendentes en esa fiesta fue como bien decía Lorenzo, el amor y la eternidad, no como elementos a diseccionar de forma independiente, si no ambos como conjunto, ambos como elementos que no se entienden el uno sin el otro.

Él, Lorenzo, ya ha dejado clara su postura, que debo decir es extensible al resto del grupo, de forma que la oveja descarriada era yo, como suele ser normal, algunas veces por mantener la discusión, puro placer de discutir y muchas y otras, como en esta ocasión, por defensa de un convencimiento propio.

Abordemos ahora la eternidad. En la conversación hablamos de Platón (cuando hablamos de los clásicos, su contexto es importante, ya que nada de lo que vivían en aquella época, es extrapolable sin más, a la nuestra), su obra "El Banquete", sirvió como alegato del amor en todas sus formas humanas posibles y su vinculación con la razón, esa parte de la triada del alma inmortal, algo que también se vincula con la concepción de Espinoza sobre dios, concebido como la materia de todo el universo y de la que somos un simple "modo" de toda esa materia y de la que volveremos a formar parte una vez transformados en algún otro "modo" de materia. Por lo tanto y concebidos como parte de toda esa materia, somos eternos y somos inmortales y en esa inmortalidad se arrastra lo que hemos sido, que según Espinoza no ha sido una elección, no hay libre albedrío en nuestras decisiones, si no una concatenación de acontecimientos predeterminados y a los que nos sometemos sin ser conscientes, pero de los que somos responsables ya que la materia de nuestro "modo", es nuestra responsabilidad.

Evidentemente dando por bueno semejante planteamiento, ya hemos fijado como válida la primera de las premisas, hay eternidad, el conjunto de la materia es eterno, arranca con el principio de los tiempos y con ellos evolucionará para siempre, arrastrándonos a nosotros, como materia, en ese devenir eterno.

Ahora veamos la segunda premisa, el amor. Nuestros conceptos, nuestra forma de entender lo que somos y lo que nos rodea, queramos a no, provienen precisamente de esa época vinculada al Banquete, a aquellas discusiones entre eruditos hablando sobre el amor. Los discursos en esa obra mantienen una tónica general vinculando el amor al dios Eros. Eros aparece del caos y supone esa fuerza vital para que la vida continúe y no se extinga. Desde la perspectiva de asociar el amor con un dios, podríamos pensar que el amor es eterno y si además es el principal encargado de perpetuar la especie, la nuestra, podríamos también verlo como eterno en base a la continuación de unos individuos sobre otros.

El Banquete cambia por completo cuando es Sócrates el que hace tambalearse todo en base a su retórica. Los dioses no pueden aspirar a la perfección de la belleza, ya la poseen y así hasta deducir que Eros por lo tanto, no es un dios, si no un ser intermedio, un daimon (daimonion), que actúa entre los humanos y los dioses.

Llegados a este punto y suprimiendo la deidad de Eros, eliminamos que el amor al que representa sea eterno, ya que él no lo era. En el Banquete, realmente Syposion (beber juntos), es el discurso de Sócrates el que adquiere el nivel de incuestionable por su planteamiento retórico y por ir derribando cada una de las premisas establecidas por las cinco intervenciones anteriores. Así que lo dejaremos aquí, Eros no era un dios, no era eterno y lo que representa, por lo tanto, tampoco.

Dice Lorenzo en su argumentación: "El amor auténtico no se puede prometer a futuro, sino que se vive como un presente continuo, y es esa intensidad la que da al ser humano una sensación de eternidad". Comparto esta esta parte de su argumento, la intensidad de un momento de amor puede ser tal, que nos haga perder la razón, que nos haga creer que esa intensidad es lo más parecido que en ese momento encontremos con la eternidad, pero sin dejar de ser una "sensación humana", que transcurrido el tiempo y vueltas las aguas a sus cauces, se habrá convertido en cualquiera de los sentimientos que él perfectamente enumera en ese mismo párrafo, posiblemente habiendo pasado página de la eternidad pasional inicial, a cualquiera de ellos en el mejor de los casos y a ninguno, en el peor.

Al margen de la filosofía y su tratamiento sobre el tema en cuestión, todos tenemos una idea propia, nacida de nuestro interior, que nos determina a creer en la eternidad o no y en el amor eterno o no. La filosofía llegará hasta lo irrefutable, Sócrates, y en la dialéctica filosófica esa irrefutabilidad servirá para profundizar más en argumentos teóricos que puedan cambiar a su vez el paradigma creado y así avanzar un poco más en el pensamiento profundo, en lo erudito, pero nosotros, los mortales normales, no profundizamos en la erudición filosófica, nosotros tenemos huecos que rellenar en nuestra visión de lo que somos y por qué lo somos, y cómo no, en lo que seremos y a esas respuestas no llegamos mediante la reflexión profunda, nuestra y de otros, a esas respuestas llegamos rellenando los huecos que nuestro genoma ha dispuesto, es decir, no creemos o dejamos de creer en algo, que se refiera a lo que consideramos "alma", por un razonamiento, no, lo creemos por que aún siendo parte de nuestra inconsciencia, necesitamos resolver esa cuestión de forma que encaje en el hueco que para eso dejó el rompecabezas de nuestro genoma, es decir, debemos trasladar a nuestra conciencia, lo que está latente e irreconocible en nuestra inconsciencia.

Decía Carl Jung (1875-1961) psiquiatra suizo de reconocido prestigio y creador de lo que se conoce como "consciencia colectiva profunda" que todos tenemos un sustrato, que nos es universal, del que no somos conscientes y que es común a toda la humanidad y que conformaría lo que suponemos nuestra alma colectiva y eterna. Lo que a mi me parece poco enlazable con estos razonamientos, es que en esa materia o consciencia colectiva, seamos capaces de introducir valores como el amor y hacer de él otra forma más de eternidad.

El amor nace de forma espontánea y explosiva ante un ser que reúne las características que consideramos perfectas a nuestra manera de entender, esa visión, esa ilusión, desencadena toda una serie de reacciones químicas que acaban produciendo dopamina, oxitocina, serotonina y todas las "inas" que se nos ocurran, haciendo con ello posible el emparejamiento humano, pero el amor también surge ante una relación que finalmente se hace complementaria y en ella se encuentra la propia razón de ser. Muchas relaciones basadas en principio en la explosividad de un amor de flechazo, acaban convirtiéndose en un amor complementario, ese que hace que vivir tenga todo el sentido del mundo, pero vivir, incluso en soledad se puede perpetuar el sentimiento, en soledad de uno, en soledad de ninguno, no hay amor, hay materia, que suponiendo permanezca eterna, no contiene como tal, los rasgos y vivencias de lo acontecido como fases materiales anteriores.

Por lo tanto eternidad material sí, pero descontextualizada de cualquier suceso acaecido como formas de materia anteriores.