EVOLUCIÓN HUMANA

La evolución humana además de ser apasionante, no deja de ser fuente de continuas discusiones. Por una parte están quienes todavía la cuestionan, por suerte cada vez menos, aunque ojo y por otra parte por las continuas novedades que los nuevos descubrimientos van aportando, junto a nuevas técnicas de datación que permiten una mejor explicación de toda la documentación obtenida. En este artículo podemos asistir a una explicación de todo el proceso, de una forma sencilla, clara y muy resumida que nos permitirá situarnos rápidamente en todo este proceso.

PATRICIA OLMOS

Patricia Olmos en Asociación la Tortuga de El Charco

5/13/202612 min read

EL PALEOLÍTICO: COMO VIVÍAN LOS PRIMEROS HUMANOS DEL MUNDO

1. INTRODUCCIÓN: EL COMIENZO DE LA HUMANIDAD

El Paleolítico es la etapa más antigua y extensa de la Prehistoria, iniciada hace entre 2,5 y 3 millones de años en África con los primeros homínidos y finalizada al término del Pleistoceno. Durante este periodo, los humanos vivían como cazadores-recolectores organizados en pequeñas bandas. Evolutivamente, aparecen especies como Homo ergaster, Homo erectus, neandertales y finalmente Homo sapiens, que surge en África hace unos 200.000 años y se expande por el mundo hace unos 56.000 años, sustituyendo progresivamente a otras poblaciones humanas.

El Paleolítico se divide en Inferior, Medio y Superior, destacando en este último el desarrollo del pensamiento simbólico y el arte rupestre. Esta etapa se basa tecnológicamente en el uso de la piedra, lo que da lugar a la llamada “Edad de Piedra” dentro del sistema de las Tres Edades (Piedra, Bronce e Hierro).

Tras el Paleolítico, la Prehistoria continúa con el Neolítico (sedentarización, agricultura y ganadería) y la Edad de los Metales (Cobre, Bronce e Hierro), que culmina con la romanización.

El estudio de estas etapas se apoya principalmente en la arqueología, complementada con métodos científicos como el Carbono-14, la genética y el ADN antiguo, que han permitido confirmar el origen africano del ser humano y estudiar su expansión y mezcla con otras especies. También se utilizan la etnoarqueología y la arqueología experimental para interpretar la vida y la tecnología de los grupos prehistóricos.

La evolución humana comenzó con la separación de nuestro linaje de la línea de los chimpancés hace entre 4,5 y 7 millones de años, un proceso enmarcado en cambios climáticos que transformaron los densos bosques africanos en ecosistemas más abiertos. El primer antepasado conocido, el Ardipithecus ramidus, habitaba aún selvas húmedas hace 4,4 millones de años, pero ya presentaba indicios de bipedestación y rasgos dentales que lo alejaban de los simios. Posteriormente, el Australopithecus anamensis marcó hace unos 4 millones de años la aparición clara de la postura erguida, una novedad absoluta que permitió a los homínidos adaptarse a las sabanas arboladas. Esta línea evolutiva continuó con el Australopithecus afarensis, representado por el famoso fósil Lucy, quien poseía una pelvis y fémures plenamente humanos que le permitían caminar de forma eficiente, tal como confirman también las huellas de Laetoli (Tanzania). Hace aproximadamente 2,5 millones de años, una crisis climática propició la diversificación de los homínidos en dos grandes grupos: los parántropos, especializados en procesar vegetales duros con un aparato masticador masivo, y los primeros representantes del género Homo

Las especies iniciales del género humano, como Homo habilis y Homo rudolfensis, comenzaron a fabricar herramientas de piedra simples (Modo 1), una innovación que les permitió acceder a nuevos recursos como la carne y el tuétano. Este cambio en la dieta fue crucial, ya que la incorporación de proteínas y grasas animales permitió la reducción del tubo digestivo y la consiguiente expansión del cerebro, un órgano energéticamente muy costoso.

Un salto cualitativo fundamental se produjo con el Homo ergaster hace unos 1,8 millones de años, quien presentaba una estatura y proporciones corporales modernas, un cerebro mayor y una tecnología más elaborada conocida como Achelense o Modo 2. Fue el Homo ergaster quien protagonizó la primera gran salida de África, expandiéndose por Eurasia y dando lugar en Asia al Homo erectus y en Europa al Homo antecessor, cuyos restos en Atapuerca muestran una cara increíblemente moderna hace 800.000 años.

El Homo antecessor puede suponer una especiación ocurrida entre África y Eurasia Occidental que finalmente acabó desarrollándose en Europa como neandertales y en África continuó su evolución hasta lo que hoy somos, los Homo Sapiens. Los neandertales evolucionaron en aislamiento en el continente europeo, adaptando su físico robusto y musculoso a los rigores de los climas glaciares y desarrollando comportamientos complejos como el uso del fuego y la práctica de enterramientos. Mientras tanto, en África, el linaje humano evolucionó hacia una forma craneal más esférica y un lenguaje articulado, facilitado por el descenso de la laringe en el cuello que permite modular sonidos complejos. Finalmente, hace unos 200.000 años, el Homo sapiens emergió en África y se expandió por todo el globo en varias oleadas, reemplazando gradualmente a las demás humanidades y convirtiéndose en la única especie inteligente capaz de preguntarse por el significado de su propia existencia.

3. EL MUNDO PALEOLÍTICO: CLIMA, GLACIACIONES Y MEGAFAUNA

Durante el Paleolítico, el planeta experimentó cambios climáticos extremos vinculados a la época geológica del Pleistoceno, un periodo caracterizado por ciclos de glaciaciones o edades de hielo que definieron el marco ambiental de la evolución humana. Estas fluctuaciones climáticas no solo alteraron los paisajes, sino que fueron determinantes para la ecología animal y la demografía, obligando a los grupos de homínidos a adaptarse a ecosistemas en constante transformación.

En cuanto a la fauna prehistórica, las fuentes señalan que el estudio de la ecología animal es un pilar fundamental de la paleoantropología para reconstruir la vida en este periodo, los análisis de los restos faunísticos es esencial para comprender la dieta y el comportamiento de los cazadores-recolectores. Por ejemplo, en algunos contextos arqueológicos, incluso el tamaño de animales más pequeños como las tortugas se utiliza para inferir la densidad de las poblaciones humanas y su presión sobre el entorno.

El planeta cambió drásticamente durante el Paleolítico superior debido a la dispersión global de los humanos modernos, quienes salieron de África hace aproximadamente 50.000 años y se enfrentaron a climas glaciales en Eurasia. Este proceso de expansión geográfica coincidió con la adaptación a recursos marinos, como la recolección de mariscos y la pesca, documentada en yacimientos como la cueva de Blombos, lo que refleja una creciente flexibilidad ecológica frente a los desafíos ambientales del Pleistoceno. En definitiva, la arqueología reconstruye este periodo analizando cómo la cultura y la biología humana evolucionaron en tándem para responder a una Tierra marcada por la inestabilidad climática y la necesidad de colonizar nuevos territorios.

África: Es el escenario fundamental para el origen de nuestra especie. Los humanos anatómicamente modernos evolucionaron en este continente y, según el modelo de "Origen Africano Reciente" (RAO), todos los humanos actuales descendemos de una pequeña población que vivió allí hace solo unas decenas de miles de años. En regiones como Sudáfrica, yacimientos como la mencionada cueva de Blombos revelan una adaptación temprana a recursos marinos (recolección de mariscos) y la aparición de un pensamiento simbólico complejo, evidenciado por el uso de ocre grabado y cuentas de conchas hace unos 75.000 años.

Europa: El Refugio de los Neandertales

Mientras nuestra especie se consolidaba en África, Europa estaba habitada por los Neandertales, quienes evolucionaron para adaptarse a los rigores de los climas glaciares. Las fuentes mencionan que estos grupos no eran tecnológicamente inferiores, ya que existen evidencias de innovaciones como el uso de herramientas de hueso y ornamentación corporal (por ejemplo, en el Chatelperroniense de Francia), lo que desafía la idea de una capacidad conductual inferior frente a los humanos modernos.

Asia: Diversidad de Linajes

En Asia, la situación era compleja debido a la presencia de linajes antiguos. El modelo multirregional, aunque hoy menos aceptado en su forma pura, sugería que los humanos en Asia evolucionaron de forma separada a partir del Homo erectus (como el "Hombre de Pekín" o el "Hombre de Java"). Sin embargo, las fuentes indican que la expansión del Homo sapiens acabó reemplazando a estas poblaciones arcaicas. Curiosamente, Asia occidental es a menudo considerada en los debates como una extensión de África debido a su proximidad y a la presencia de poblaciones "modernas tempranas" en sitios como Skhul y Qafzeh.

América y la Megafauna: Respecto a América, las fuentes proporcionadas se centran más en aspectos etnográficos actuales de grupos indígenas (como los Kayabi en Brasil) y en la lingüística de las familias de lenguas del Pacífico Noroeste. No se detallan en estas fuentes específicas datos biológicos o arqueológicos sobre la megafauna (como mamuts o megaterios) del periodo paleolítico. Aunque la fauna prehistórica es un pilar de la paleoantropología para reconstruir el pasado, los manuales citados se enfocan más en la evolución humana y la tecnología que en descripciones biológicas detalladas de dichas especies.

4. EUROPA: NEANDERTALES Y SUPERVIVENCIA EN LA EDAD DEL HIELO

Los neandertales han sido tradicionalmente objeto de prejuicios que los vinculaban a una supuesta "bestialidad y brutalidad primitiva", una visión negativa que se originó tras sus primeros descubrimientos en el siglo XIX. Sin embargo, la investigación contemporánea los reconoce como una sociedad de cazadores-recolectores avanzada, con capacidades sociales, estéticas y cognitivas similares a las de los humanos modernos. Físicamente, se caracterizaban por ser robustos y fuertes, con una estatura media de 1,65 m, extremidades cortas y una capacidad craneana que, en general, era superior a la del Homo sapiens.

Su adaptación al frío extremo de las etapas glaciares del Pleistoceno se refleja en rasgos anatómicos como su aspecto robusto y su nariz ancha, que servían para reducir la pérdida de calor corporal. A pesar de esta especialización, ocuparon ecosistemas muy variados, desde estepas asiáticas hasta bosques mediterráneos, encontrando en el sur de la Península Ibérica un refugio climático con condiciones más benignas. En este sentido, los hallazgos en la Sierra de Atapuerca han sido fundamentales, ya que la definición del Homo antecessor en este sitio permitió establecer una continuidad regional hacia los habitantes de Europa en el Pleistoceno Medio y entender el entronque de los neandertales con formas humanas previas. Además, en la Sima de los Huesos de Atapuerca se han documentado las prácticas de enterramiento más antiguas conocidas, una conducta que los neandertales continuaron posteriormente.

En cuanto a sus herramientas y caza, los neandertales desarrollaron la tecnología de Modo 3 o Musteriense, destacando el uso de la técnica Levallois para obtener lascas muy logradas y el empleo de amalgamas de resina tratadas al fuego para enmangar puntas de lanza. Eran cazadores eficaces que practicaban una caza especializada de grandes herbívoros (como caballos y ciervos), pero que también aprovechaban recursos de pequeño tamaño como conejos, aves y moluscos marinos. Esta pericia tecnológica se extendía a la organización de sus refugios y cuevas, donde se han identificado áreas de actividad bien definidas, control de hogares (fuego) y estructuras domésticas complejas, como se observa en el Abric Romaní o en las construcciones de estalagmitas de la cueva de Bruniquel.

La llegada de Homo sapiens a Europa, hace unos 40.000-45.000 años, marca un periodo de contacto que ha generado un intenso debate entre los modelos de sustitución total y los de hibridación. Estudios genéticos recientes confirman que hubo mestizaje, ya que la humanidad actual conserva entre un 2% y un 4% de genes neandertales. En yacimientos como la cueva de El Castillo o Lezetxiki, se han documentado "culturas de transición" que sugieren procesos de convivencia o intercambios culturales entre ambas poblaciones antes de la extinción definitiva de los neandertales, quienes perduraron en refugios del sur de la península hasta hace aproximadamente 30.000 años.

5. VIDA COTIDIANA Y ARTE RUPESTRE EN EL PALEOLÍTICO

La investigación actual considera que la separación entre lo cotidiano y lo religioso en el Paleolítico es un enfoque artificial, ya que ambas dimensiones estaban integradas en una misma forma de vida. Las actividades materiales (caza, fabricación de herramientas, alimentación) y las simbólicas (arte rupestre, uso de pigmentos, rituales) formaban parte de un único sistema cultural.

Las evidencias arqueológicas muestran que las cuevas y otros espacios habitados combinaban funciones domésticas y simbólicas. Yacimientos como Altamira, Tito Bustillo, La Garma, La Lluera y La Pasiega presentan arte rupestre en las mismas zonas donde se vivía y trabajaba. En Tito Bustillo, por ejemplo, se han encontrado restos de actividad cotidiana junto a objetos artísticos, lo que indica que el arte no siempre tenía un carácter sagrado separado de la vida diaria.

Además, el arte paleolítico no se limitaba a cuevas profundas, sino que también aparece al aire libre en lugares como Siega Verde y el Valle del Côa, lo que sugiere que tenía funciones sociales y territoriales, además de simbólicas. El uso de pigmentos como el ocre estaba igualmente integrado en la vida cotidiana.

En conjunto, el registro arqueológico indica que el espacio paleolítico era multifuncional, sin una separación clara entre lo sagrado y lo profano, y que las manifestaciones gráficas actuaban como formas de comunicación y expresión cultural dentro de la vida diaria de los grupos humanos.

6. LA MUJER EN EL PALEOLÍTICO

La arqueología tradicional ha representado el Paleolítico Superior como un ámbito dominado por hombres, donde ellos eran cazadores, innovadores y artistas, mientras que las mujeres quedaban relegadas a roles domésticos. Sin embargo, enfoques feministas recientes replantean esta visión y proponen reconocer a las mujeres como agentes activos en las sociedades prehistóricas.

En el Magdaleniense (Paleolítico Superior), las mujeres participaron de forma fundamental en múltiples ámbitos: produjeron gran parte de la cultura material cotidiana (ropa, cordelería, herramientas de piel), fabricaron sus propias herramientas (como raspadores, agujas de hueso y útiles para la pesca), y contribuyeron a la subsistencia mediante la recolección de mariscos, la pesca e incluso la caza colectiva.

Además, tuvieron un papel importante en la organización del espacio y la vida social de los asentamientos, influyendo en la estructura de las comunidades.

El arte paleolítico, especialmente las “Venus”, ha sido interpretado tradicionalmente desde una perspectiva masculina, pero nuevas lecturas sugieren significados más complejos ligados a la identidad femenina y lo ritual.

En conjunto, estas perspectivas muestran que las mujeres fueron esenciales en la supervivencia, la tecnología y la cultura de los grupos paleolíticos, no figuras pasivas como se pensaba antes.

7. EL PALEOLÍTICO EN LA REGIÓN DE MURCIA

El descubrimiento en 1992 de las primeras muestras de arte rupestre paleolítico en la Región de Murcia supuso un hito fundamental para la arqueología del sureste peninsular, ya que permitió completar una laguna en la investigación sobre la presencia de este tipo de manifestaciones en la zona. Estas evidencias se localizan en el término municipal de Cieza, específicamente en el paraje de Los Losares-Almadenes, un área vertebrada por el río Segura que ha excavado un profundo desfiladero en un relieve dominado por materiales cretácicos como dolomías y calizas. En este entorno geográfico se sitúan las cuatro cavidades que albergan el conjunto artístico: las cuevas de Jorge, de las Cabras y del Arco I y II.

La Cueva de Jorge destaca por albergar la figura de un équido silueteado en color rojo, caracterizado por sus orejas en "V" y una línea cérvico-dorsal en "S" poco pronunciada, guardando una estrecha relación técnica y estilística con las pinturas de la Cueva de Ambrosio en Almería. Por su parte, la Cueva de las Cabras presenta una mayor diversidad de motivos en sus paneles, incluyendo la silueta de un bóvido de cabeza rectangular y cerviz pronunciada, un équido con vientre grávido y un cáprido de cuerpo voluminoso, además de signos que podrían funcionar como elementos de señalización.

El conjunto se completa con las dos cavidades del Arco; en la Cueva del Arco I se documentan dos prótomos de equino —uno de ellos con la quijada en forma de "pico de pato"— y un cérvido capturado en una actitud de carrera. La Cueva del Arco II es especialmente singular debido a la representación de dos calaveras de cápridos desde una perspectiva cenital (vistas desde arriba), un recurso artístico extremadamente inusual en el arte parietal paleolítico, sumado a un grupo de 23 motivos realizados mediante técnicas aerográficas.

El Paleolítico en Alhama de Murcia se caracteriza por ocupaciones humanas esporádicas de cazadores-recolectores, reflejadas sobre todo en herramientas líticas y en su posición estratégica en el valle del Guadalentín, siendo un lugar que ofrecía recursos básicos como agua, fauna y refugios naturales.

LIBROS Y ARTÍCULOS RECOMENDADOS:

-El Comienzo de la humanidad

Fullola i Pericot, J., & Nadal, J. (s. f.). Introducción a la Prehistoria. Universidad Complutense de Madrid.

Gamble, C. (2013). Origins and revolutions in human evolution. Cambridge University Press.

-África: La cuna de la humanidad

Arsuaga, J. L. (2013). La especie elegida.

-El mundo paleolítico: clima, glaciaciones y megafauna

Klein, R. G. (2009). The human career: Human biological and cultural origins. University of Chicago Press

Stringer, C. (2012). The origin of our species.-Europa: Neandertales

Arsuaga, J. L. (2008). Los neandertales.

Carbonell, E., et al. (2010). The Atapuerca archaeological complex. Journal of Archaeological Science.

-Vida cotidiana y arte en el paleolítico

Mithen, S. (1996). The prehistory of the mind. Thames & Hudson.

Clottes, J. (2008). Cave art. Phaidon Press

-La mujer en el paleolítico

Gero, J. M. & Conkey, M. W. (eds.) (1991). Engendering Archaeology: Women and Prehistory. Blackwell.

-El paleolítico en la Región de Murcia

Mateo Saura, M. Á. (2016). El arte rupestre paleolítico en la Región de Murcia. Museo Arqueológico de Yecla.

LIBROS INFANTILES:

Martín Lerma, I., & Gallego Bros. (ilustrador). (s. f.). Prehistoria: Con el arqueólogo Ignacio Martín Lerma (Ciencia perruna & curiosidad gatuna): +6 años.

Martín Lerma, I. (2022). La prehistoria en la mochila: Diario de viaje de un neandertal. Editorial Planeta: +12 años.

Patricia Olmos Carpe