¿EXISTIÓ JESÚS DE NAZARET?

Repaso de los textos conservados y creados por personajes no pertenecientes a los primeros cristianos en los que se menciona a Jesús y que hoy sirven como base a los historiadores para el consenso entorno a su figura.

JOSÉ ANTONIO PARRA --JESÚS DE NAZARET, ANÁLISIS CRÍTICO DE LOS TEXTOS DE LA BIBLIA --

José Antonio Parra en Asociación la Tortuga de El Charco

9/15/202610 min read

¿EXISTIÓ JESÚS DE NAZARET?

La primera pregunta que surge, cuando estudiamos a Jesús de Nazaret, es, ¿existió realmente? ¿Podemos decir con seguridad que es un personaje histórico? ¿O es un mito?

Esta pregunta puede resultar absurda, pero a lo largo de la historia, sobre todo en los últimos tiempos, se han dado diversas respuestas a esta pregunta.

Vamos a comenzar con una pregunta más fundamental: ¿Qué distingue el mito de la realidad? ¿Cómo sabemos, por ejemplo, que Alejandro Magno existió realmente? Antes de que muriera a la edad de 32 años, Alejandro, según se cuenta, logró el más grande acto militar de la historia. Pero hoy, con excepción de unas cuantas ciudades llamadas Alejandría, una película aburrida de Oliver Stone, y unos cuantos libros, su legado ha quedado en el olvido.

A pesar de todo eso, los historiadores creen que Alejandro existió, debido a tres razones principales:

· Documentación escrita de los historiadores.

· Impacto histórico.

· Otras evidencias históricas y arqueológicas.

Lo histórico de Alejandro Magno y sus conquistas militares, se extrae de cinco fuentes antiguas, ninguna de las cuales fueron escritas por testigos presenciales. "La Vida de Alejandro" de Plutarco es el primer relato de su vida, y fue escrito 400 años después de Alejandro.

Desde Plutarco y los otros escritores, hubo varios cientos de años alejados de los acontecimientos de la vida de Alejandro, y ellos basan su información en relatos anteriores. De los veinte relatos históricos contemporáneos de Alejandro, ninguno sobrevive. Más tarde existieron relatos, pero cada uno presenta un “Alejandro” diferente, lo que deja mucho a nuestra imaginación. Pero, a pesar de la diferencia de tiempo, de varios cientos de años, los historiadores están convencidos de que Alejandro fue un hombre real, y que los detalles esenciales de lo que nosotros leemos acerca de su vida, son verdades.

Dejando a Alejandro como un punto de referencia, quiero hacerme eco de un hecho anecdótico, que ocurrió en Italia en septiembre de 2002.

Un ingeniero italiano llamado Luis Casoli, se presentó ante el juzgado de la localidad de Viterbo, cerca de Roma, para denunciar al párroco del lugar. ¿Por qué delito? Porque todos los domingos, durante la misa, el cura hablaba de Jesús de Nazaret. Y, según este ingeniero, no hay pruebas de que Jesús haya existido. Por lo tanto, el sacerdote había violado dos leyes penales italianas: la de “abuso de credibilidad popular”, es decir, enseñar cosas falsas, y la de “sustitución de persona”, o sea, inventar la existencia de un personaje irreal.

Los jueces de Viterbo quedaron estupefactos. ¿Acaso los Evangelios no prueban la existencia de Jesús? No, dijo el ingeniero. Porque estos son libros contradictorios, y además están escritos por personas interesadas, por lo que no sirven como prueba objetiva de su existencia. La denuncia del ingeniero fue rechazada por absurda. Pero este apeló. Y en segunda instancia los jueces le dieron curso y ordenaron al párroco presentarse ante los tribunales para demostrar la existencia de Jesús. Pero al final, los jueces en tercera instancia volvieron a rechazar la demanda del ingeniero, y dieron por terminado el pleito judicial.

Hasta aquí la “anecdótica noticia” que apareció en los periódicos. Pero, una duda quedó flotando en el ambiente: ¿Se puede demostrar la historicidad de Jesús fuera del Nuevo Testamento? ¿Hay algún autor contemporáneo, fuera de la literatura cristiana, que lo nombre, lo mencione o aluda a su existencia?

Durante dieciocho siglos, nadie dudó de la existencia de Jesús. Hasta el siglo XVIII, se podía dudar de que fuera el Mesías, el Hijo de Dios, el Salvador…, eso sí, pero de su existencia, nunca nadie había dudado.

Pero, en el siglo XVIII, con la Ilustración, comienzan las primeras dudas, concretamente en Francia. En el siglo siguiente, las dudas sobre Jesús pasaron de Francia a Alemania. Y en el siglo XX, en Alemania, continuaron las dudas con un libro publicado en 1909, por Arthur Drews, titulado “El mito de Cristo”, donde insistía en que Jesús de Nazaret fue una figura puramente mitológica.

Todo esto nos lleva a pensar que, durante esos siglos, los estudiosos dudaron de la existencia de Jesús, porque no existe ninguna prueba contemporánea de su existencia.

Algunos cristianos tienen una idea equivocada de Jesús y su movimiento. En esto, han hecho mucho daño las películas de Hollywood y bastantes novelas. Suelen pensar que, Jesús de Nazaret, debió de haber sido muy conocido en su tiempo y que, durante su vida, llamó poderosamente la atención de las multitudes. Que, con sus maravillosas enseñanzas y sus sorprendentes milagros, mantuvo fascinada a la sociedad entera. Que su fama se extendió incluso a los que no lo conocieron personalmente, incluido el emperador de Roma. Y que preocupadas por estos hechos, las más altas autoridades gubernamentales, ordenaron su arresto y su muerte.

Es decir, creemos que el impacto de Jesús, en la sociedad de su tiempo, fue impresionante, semejante al de un cometa que choca contra la tierra, y que, si nos ponemos a buscar testimonios históricos sobre él, podemos encontrar millares. Sin embargo, no es así.

Cuando se examina la información, que se tiene de aquella época, nos damos cuenta que, fuera de la literatura cristiana, no existe ni un escritor, ni un autor, ni un historiador, ni un cronista, ni un ensayista, ni un poeta, ni un contemporáneo suyo, que hable de él en su época. Aunque parezca mentira, nadie parece haber reparado en su persona, ni para criticarlo, ni para alabarlo. No tenemos ni siquiera una alusión de pasada. Nada.

El impacto de Jesús, en la sociedad de su época, parece haber sido prácticamente nulo. Más que a un cometa que choca contra la tierra, se asemejó a una piedrecita arrojada en el océano. Por tanto, la conclusión que se saca, es que Jesús fue un judío marginal, que fundó un movimiento marginal, en una región marginal, de una provincia marginal del Imperio romano.

Lo asombroso hubiera sido que algún erudito o historiador importante de su época, se hubiera ocupado de Él. Pero, sin embargo, la sorpresa es que sí hay menciones de autores importantes. ¿Cuáles son las fuentes que lo mencionan?

Si extendemos nuestra investigación a las décadas siguientes a su muerte, no encontramos mención alguna de Jesús. En los años 40, 50, 60, 70 y 80, del siglo I, hay un completo silencio sobre su figura. Tenemos que esperar a la década del 90, para hallar la primera referencia a Jesús, en un documento fuera de la literatura cristiana.

Pertenece a un historiador judío llamado Flavio Josefo, nacido en Jerusalén hacia el año 37 d.C., es decir, unos siete años después de la muerte de Jesús. Flavio Josefo era hijo de un sacerdote de Jerusalén, y por eso recibió una esmerada educación. Cuando en el año 66, estalló la revuelta judía contra Roma, Josefo fue puesto al frente de un grupo de tropas judías para defender el país. Pero fue hecho prisionero, y llevado a Roma. Allí, se ganó las simpatías del emperador Vespasiano, y fue liberado. Entonces, se dedicó a escribir varios libros para difundir la historia y las costumbres del pueblo judío.

Su primera obra fue La Guerra de los Judíos”, en 7 tomos, donde describe la invasión de los romanos a Palestina en el año 66. En su segunda obra, “Antigüedades Judías”, en 20 tomos, compuesta hacia el año 93, fue donde Josefo menciona dos veces a Jesús.

La primera mención está en el tomo 18, y dice así:

Por aquel tiempo apareció Jesús, un hombre sabio (si es que se le puede llamar hombre). Fue autor de hechos asombrosos, y maestro para quienes reciben con gusto la verdad. Atrajo a muchos judíos y griegos. (Él era el Mesías). Y cuando Pilatos, debido a una acusación hecha por nuestros dirigentes, lo condenó a la cruz, los que antes lo habían amado no dejaron de hacerlo. (Él se les apareció al tercer día, vivo otra vez, tal como los profetas habían anunciado de Él, además de muchas otras cosas maravillosas). Y hasta hoy los cristianos, llamados así por él, no han desaparecido”.

Esta alusión a Jesús, conocida por los estudiosos como el Testimonio Flaviano”, provoca verdadera sorpresa. ¿Cómo es posible, que un judío religioso, como Josefo, que nunca se convirtió al cristianismo, confiese que Jesús era el Mesías, que resucitó al tercer día, que se apareció vivo ante la gente, y que era más que un simple ser humano? Resulta inaceptable. Por eso, hoy los especialistas sostienen, que este texto fue manipulado y contiene tres pasajes añadidos por algún anónimo autor cristiano. Serían los pasajes que están puestos entre paréntesis. Si los eliminamos, el resto sería lo que realmente escribió Flavio Josefo.

Ahora bien, si nos atenemos al texto auténtico de Flavio Josefo, vemos que él afirma lo siguiente: a) existió en Palestina un hombre llamado Jesús; b) era un sabio; c) realizó prodigios; d) la gente lo escuchaba con gusto; e) atraía a muchos judíos y griegos; f) las autoridades judías lo acusaron; g) Pilatos lo condenó a muerte; h) murió crucificado; i) el movimiento que Él fundó siguió existiendo después de su muerte; j) sus seguidores se llaman cristianos en honor a Él.

Y si vemos el contexto de Flavio Josefo, comprobamos que, un poco antes en su libro, está enumerando los personajes que fueron nefastos para Israel, es decir, aquellos personajes que hicieron daño al pueblo judío, porque se presentaron como mesías, revoltosos, y que, por culpa de estos falsos mesías, fue destruida Jerusalén. Y, en ese contexto del libro, es cuando habla de Jesús. Y, a continuación, habla de otros falsos mesías.

Por tanto, está hablando de personajes nefastos, en un contexto negativo, por lo que es creíble que se trate de un testimonio auténtico.

La segunda mención que hace Flavio Josefo de Jesús, aparece en el tomo 20 de su obra. Allí, al contar cómo mataron a Santiago, el primer obispo de Jerusalén, en el año 62, dice:

Mientras tanto subió al pontificado Anás. Era feroz y muy audaz. Pensando que había llegado el momento oportuno, porque (el procurador) Festo había muerto y Albino aún no había llegado, reunió al Sanedrín y llevó ante él al hermano de Jesús, que es llamado Mesías, de nombre Santiago, y a algunos otros. Los acusó de haber transgredido la ley y los entregó para que fueran apedreados”.

En esta segunda referencia, el escritor judío afirma: a) existió un hombre llamado Jesús; b) tenía un hermano llamado Santiago, lo cual coincide con lo que dice Marcos y Pablo; c) algunos lo consideraban el Mesías.

Estas dos citas de Flavio Josefo, si bien muy breves, son importantísimas, porque constituyen la primera prueba, fuera de la Biblia, de que Jesús de Nazaret realmente existió. Además, demuestran que Flavio Josefo disponía de bastante información sobre la persona de Jesús, en el momento de escribir.

Poco después de Flavio Josefo, tenemos un segundo escritor que menciona a Jesús. Es el historiador romano Tácito. Nacido en el año 55, de una familia muy rica, fue gobernador de la provincia de Asia, situada al oeste de la actual Turquía, en el año 112, donde pudo conocer a los cristianos. Luego abandonó la política y se dedicó a escribir. Su libro más importante fue los Anales, compuesto en el año 117. Es una historia de Roma en 18 volúmenes, que va desde el año 14 d.C., en que muere el emperador Augusto, hasta el año 68 d.C., en que muere Nerón.

Desgraciadamente, la obra no está completa, porque se perdieron varios tomos, y justamente la sección que va de los años 29 al 32 no sobrevivió. Por eso, el proceso y la muerte de Jesús, ocurrida entre esos años, que quizás podría haber figurado, no aparece en los manuscritos que hoy se tienen.

Pero sí, al hablar de la persecución de Nerón a los cristianos de Roma, Tácito dice:

“Nerón sometió a torturas refinadas a los cristianos, un grupo odiado por sus horribles crímenes. Su nombre viene de Cristo, quien bajo el reinado de Tiberio fue ejecutado en Judea por el procurador Poncio Pilatos.”

Tácito, por supuesto, no era cristiano, y su testimonio brinda varios elementos importantes para situar históricamente a Jesús. Nos dice: a) que existió un hombre al que llamaban Cristo; b) que su patria era Judea; c) que su muerte ocurrió cuando Tiberio era emperador, o sea, entre los años 14 y 37, y Poncio Pilatos gobernador, entre los años 26 y 36; d) que Pilatos lo ejecutó, lo cual implica que lo crucificaron, pues el castigo normal de las autoridades romanas en Judea, era ese.

Estos dos escritores, Flavio Josefo y Tácito, son los únicos testimonios no cristianos, es decir, neutrales, conocidos, que hablan de la existencia histórica de Jesús de Nazaret. No hay ninguna otra fuente no cristiana, anterior al año 130, es decir, en un período de cien años desde la muerte de Jesús, que mencione al fundador del cristianismo.

Los estudiosos suelen citar a otros dos escritores romanos que hablarían también de Jesús. Ellos son Plinio el Joven y Suetonio.
En el caso de Plinio el Joven, el texto a citar es una carta suya, escrita en el año 112, donde al hablar de los cristianos dice:

“Ellos afirman que toda su culpa y error consiste en reunirse en un día fijo, antes de la salida del sol, y cantar a coro un himno a Cristo como a un dios; y se comprometen a no cometer crímenes, ni hurtos, ni asesinato, ni adulterios, ni mentir, y luego toman su alimento”.

De Suetonio, el texto sería un pasaje de su libro “Vida de los Doce Césares”, escrito en el año 120:

Como los judíos provocaban constantemente disturbios a causa de Cristo, el emperador Claudio los expulsó de Roma”.

Pero si miramos bien, vemos que ninguno de los dos textos habla directamente de Cristo, sino de los cristianos. No afirman que haya existido alguien llamado Jesús, sino que un grupo de cristianos creía en su existencia. Por lo tanto, no sirven como fuentes para afirmar la realidad histórica de Jesús.

En conclusión, solo han llegado hasta nosotros dos testimonios extra bíblicos sobre Jesús de Nazaret. Sin embargo, todos los estudiosos y especialistas están de acuerdo en que esos dos textos bastan para probar, de manera concluyente y definitiva, su existencia histórica. Por eso hoy, ningún historiador serio niega la historicidad de Jesús, porque vemos que existen dos autores muy antiguos, que de manera imparcial, objetiva y desinteresada afirmaron su existencia. Y son testimonios, lo suficientemente cercanos a los hechos, como para constituir fuentes fidedignas y confiables.

José Antonio Parra Tomás

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