FUSILADOS POR DEFENDER LA LIBERTAD DE ESPAÑA

La libertad, esa palabra mágica que no define nada y lo define todo, esa palabra a la que cada uno rellena de contenido y con significado distinto, al menos en sus matices, esa palabra que todos consideramos un derecho, sin obligaciones y que como tal, se nos debe dar gratuitamente, esa palabra que la historia nos demuestra a poco que nos interese saber, que tenerla supone un coste enorme, en compromisos y finalmente incluso en vidas de aquellos que se han comprometido. La cuestión que debería suscitar esta palabra es hasta dónde estamos dispuestos las sociedades actuales, las del bienestar, a comprometernos con ella.

JOSÉ ANTONIO PARRA TOMÁS

José Antonio Parra en Asociación la Tortuga de El Charco

5/17/20266 min read

FUSILADOS POR DEFENDER LA LIBERTAD DE ESPAÑA

Hay un cementerio en Málaga muy singular. Se trata del cementerio inglés o cementerio de san Jorge. Hoy día se encuentra casi en el centro de Málaga, en el número 1 de la avenida de Príes, pero cuando fue levantado en el siglo XIX, estaba en las afueras de la ciudad, y fue el primer cementerio protestante de España.

Concebido como un jardín botánico, dispuesto en terrazas mirando al mar, contiene especies exóticas, que han ido creciendo a su aire. En él descansan, entre otros, Jorge Guillén, Gerald Brenan y su esposa, la escritora estadounidense Gamel Woolsey, así como las víctimas alemanas del naufragio de la fragata Gneisenau, en 1900. Pero la primera tumba que albergó el cementerio fue la de Robert Boyd, un joven irlandés liberal, que financió la expedición y acompañó al general Torrijos, siendo fusilado junto a él en 1831.

Robert Boyd nació el 7 de diciembre de 1805 en el seno de una noble familia afincada en Londonderry (Irlanda del norte). Recibió una esmerada educación, lo que le sirvió para que, en 1824, con 19 años, entrara como cadete en el 65º Regimiento Nativo de Infantería de Bengala, consiguiendo el nombramiento de teniente en 1825.

Decepcionado con la Compañía Británica de las Indias Orientales, regresó a Inglaterra, donde pronto frecuentó el círculo de intelectuales liberales, conocido como los “Doce Apóstoles” de Cambridge. Esas reuniones también eran frecuentadas por el general español José María Torrijos, exiliado en Londres por sus ideas liberales, frente al poder absolutista del rey Fernando VII.

José María Torrijos es una de las figuras más trágicas y simbólicas del liberalismo español. Su vida es un compendio de guerra, conspiraciones, exilio, ideales constitucionales y una muerte que lo convirtió en mártir político.

Torrijos había combatido en la Guerra de la Independencia, destacando por su valentía personal, su capacidad de mando y su compromiso político. La guerra lo marcó profundamente y, desde entonces, asoció patria, libertad y Constitución, como una misma causa. Se convirtió, pues, en un ferviente defensor de la Constitución de 1812 (la Pepa), que representaba la soberanía nacional, la división de poderes, las libertades civiles y el fin del absolutismo, limitando el poder autoritario del rey.

Sin embargo, en 1814, finalizada la Guerra de la Independencia, cuando volvió a España Fernando VII, conocido como "El Deseado", se limpió el trasero con la Constitución de 1812, disolvió las Cortes de Cádiz, y restauró el absolutismo, restableciendo la Inquisición, cerrando universidades y acabando con la prensa libre. Desde entonces, muchos liberales fueron perseguidos, encarcelados o ejecutados.

Torrijos participó en el fallido pronunciamiento de 1817, que pretendía restablecer la Constitución de 1812, por lo que pasó dos años en prisión, hasta que fue liberado, tras el triunfo del pronunciamiento del coronel Riego en 1820. Durante el llamado Trienio Liberal, Torrijos ocupó puestos militares importantes y defendió el régimen constitucional.

Pero las monarquías absolutas europeas veían el liberalismo español como un peligro. Una internacional europea reaccionaria (la Santa Alianza) que había entronizado de nuevo a los Borbones en Francia, intervino en 1823, enviando a España un ejército francés: “Los Cien Mil Hijos de San Luis.

Torrijos, volvió a combatir a los franceses, cuando invadieron España para restablecer el poder absoluto de Fernando VII y, cuando aquéllos triunfaron, poniendo fin al Trienio Liberal, se exilió en Inglaterra. Pocos meses después de llegar Torrijos a Londres, los liberales españoles exilados lo convirtieron en el máximo dirigente de este sector liberal.

Uno de los apoyos más entusiastas que encontró Torrijos, fueron los jóvenes románticos liberales ingleses, integrados en la sociedad estudiantil de los "Doce Apóstoles", de Cambridge. Entre ellos conoció al joven irlandés Robert Boyd, que aportó las cinco mil libras que acababa de heredar, en un momento en que Torrijos estaba pasando apuros económicos, a causa de la ayuda que estaba prestando a los liberales españoles, que huían del recrudecimiento de la represión absolutista de Fernando VII.

Robert Boyd lo tenía todo para llevar una vida cómoda y llena de placeres. Era joven y rico. Nada le impedía dedicarse a gozar de la existencia. Sin embargo, prefirió luchar por la libertad de España. La lucha contra el absolutismo fue para él una causa moral, no nacional.

Para regresar a España y financiar el pronunciamiento, que restaurara la libertad, el general Torrijos contó, además de la aportación de Robert Boyd, con algún dinero del gobierno mexicano y cinco mil francos, que los liberales franceses le enviaron, a través de su amigo el general Lafayette.

Pero, entre las palabras y los hechos suele haber una gran distancia, y, al final, Robert Boyd fue el único inglés que acompañó a Torrijos y a sesenta liberales españoles en su regreso a España, y en su frustrado intento de sublevación. El plan de Torrijos era desembarcar en Andalucía, provocar el levantamiento militar y popular, y restablecer la Constitución.

Sin embargo, el plan de Torrijos fracasó, principalmente por una traición. El protagonista de la misma sería el gobernador militar de Málaga, el general Vicente González Moreno que, desde unos meses antes, había iniciado una activa correspondencia con Torrijos, bajo el seudónimo de Viriato, haciéndose pasar por un liberal, que le aseguraba que el mejor lugar para el desembarco sería la costa de Málaga, donde tendría asegurado el apoyo de las guarniciones militares, y donde todos los liberales estaban dispuestos a seguirle.

Sin embargo, no pudieron llegar a su destino, que era Vélez-Málaga. En Punta de Calaburras les esperaba un buque de guerra, que les obligó a desembarcar precipitadamente cerca de Fuengirola, y huir hacia el interior. Torrijos seguía convencido de que, cuando se difundiese la noticia de su presencia cerca de Málaga, les secundarían las guarniciones, pero en Mijas, las milicias les recibieron a tiros. Tuvieron que cruzar la sierra a marchas forzadas y llegaron a Alhaurín de la Torre. Allí se cerró la trampa y fueron apresados. La resistencia fue inútil. Las tropas eran muchas y ellos se encontraban cansados y mal armados. Fueron conducidos a Málaga y encerrados en un convento de carmelitas. Era el 2 de diciembre de 1831.

El gobernador, Vicente García Moreno, dirigió personalmente la persecución y arresto. Tenía fama de carnicero. Cuentan que, en 1808, durante la guerra contra Napoleón, masacró en Valencia a seiscientos franceses. Inmediatamente envió aviso a Madrid de la captura y Fernando VII, implacable como siempre con sus enemigos, decretó su fusilamiento sin juicio previo, firmando él mismo la sentencia de muerte.

Nueve días después, al amanecer del 11 de diciembre, Torrijos y cuarenta y ocho de sus compañeros supervivientes, fueron fusilados en la playa de san Andrés de Málaga. Murieron sin vendas en los ojos y manteniendo una actitud serena. La escena impresionó a los contemporáneos.

El hecho quedó inmortalizado por un soneto de José de Espronceda titulado "A la muerte de Torrijos y sus compañeros”, y por el famoso cuadro que pintó en 1888 Antonio Gisbert, y que encabeza este escrito.

"A la muerte de Torrijos y sus compañeros"

Helos allí: junto a la mar bravía

cadáveres están ¡ay! los que fueron

honra del libre, y con su muerte dieron

almas al cielo, a España nombradía.

Ansia de patria y libertad henchía

sus nobles pechos que jamás temieron,

y las costas de Málaga los vieron

cual sol de gloria en desdichado día.

Españoles, llorad; mas vuestro llanto

lágrimas de dolor y sangre sean,

sangre que ahogue a siervos y opresores,

y los viles tiranos con espanto

siempre delante amenazando vean

alzarse sus espectros vengadores.

Exactamente once años después, el 11 de diciembre de 1842, cuando el liberalismo ya dominaba buena parte de la vida política española, los restos mortales de Torrijos y la mayoría de sus compañeros, que habían estado enterrados en el cementerio de San Miguel, fueron trasladados con honores a la plaza de la Merced de Málaga, donde se levantó un monumento funerario, y en su cripta, se depositaron los restos. Hoy, sigue siendo uno de los grandes lugares de memoria del liberalismo español del siglo XIX.

Robert Boyd, por ser protestante, fue enterrado aparte, en el cementerio inglés. Junto a su tumba, hay un obelisco gótico rodeado por una verja y cuya lápida dice: "A la memoria de Robert Boyd Esquire de Londonderry, Irlanda. Amigo y compañero de Torrijos, que cayó en Málaga por la sagrada causa de la libertad, el 11 de diciembre de 1831, a los 26 años de edad".

Décadas después, Antonio Gisbert inmortalizó el episodio. El célebre cuadro del fusilamiento, que se encuentra en el Museo del Prado, es probablemente la gran pintura política del liberalismo español. Muestra el instante previo a la ejecución: los liberales vestidos de negro, algunos rezando, otros abrazándose, frente al pelotón. Robert Boyd está de pie en primera fila, y en el centro de la composición. Tiene las manos atadas y sus ojos están entrecerrados.

José Antonio Parra Tomás