GONZALO PIZARRO Y LA REBELIÓN DE LOS ENCOMENDEROS

La conquista de América estuvo jalonada de cientos de episodios de los que se han escrito otros cientos de libros, algunos de ellos muy recomendables como los que se comentan en este artículo. Esa conquista fue una lucha constante entre la visión de la Corona en relación a los derechos de sus habitantes y la realidad de la gestión de sus responsables, ávidos siempre de obtener poder y riquezas de aquellas inmensas tierras, repletas de leyendas, mitos y finalmente oro y plata.

JOSÉ ANTONIO PARRA TOMÁS

José Antonio Parra en Asocn lLa Tortuga de El Charco

3/1/20269 min read

GONZALO PIZARRO Y LA REBELIÓN DE LOS ENCOMENDEROS

Tras la conquista del Perú por Francisco Pizarro, muchos soldados, conquistadores o aventureros, que habían participado en la conquista, recibieron del rey tierras y el derecho de encomienda, es decir, la asignación de un grupo de indios para que trabajaran en su beneficio. Eran los encomenderos, colonos españoles, a los que se recompensaba con este privilegio.

La encomienda no significaba “propiedad” de los indios, sino un derecho a recibir de ellos tributos (en forma de trabajo, productos agrícolas, oro o servicios), a cambio de que el encomendero se encargara de su protección, manutención y evangelización.

En la práctica, la mayoría de las veces, derivó en explotación y abusos, porque los encomenderos obligaban a los indios a trabajar en condiciones muy duras, especialmente en minas y haciendas.

Así pues, en los primeros tiempos de la colonización del Perú, fueron los encomenderos quienes prácticamente monopolizaron el poder, tanto en el aspecto económico como en las vertientes social y política.

Diversas fueron las obligaciones que la legislación, progresivamente, impuso a los encomenderos. De ellas, fue justamente una de las más importantes, la de encargarse de velar por la evangelización de sus indios, ya que precisamente la tarea misional estaba en las bases de la justificación de la conquista española de América.

Por ejemplo, por real cédula de noviembre de 1536, se especificó que todo español que, en el Perú recibiera indios, en depósito o en encomienda, tenía la obligación de proporcionar un clérigo, un religioso o, a falta de ellos, una persona lega de buena vida y ejemplo, con el objeto de instruir en la fe católica a los indios encomendados.

Sin embargo, la realidad discurrió por cauces bastante distintos de los señalados por los buenos deseos de quienes legislaron. Así, por ejemplo, muchos encomenderos impidieron la entrada de misioneros en los pueblos y en las haciendas, en los cuales vivían los indios a ellos encomendados, quizá para que no se entorpeciera su propósito de obtener el mayor beneficio económico de parte de sus indios.

La Corona española, alarmada por los abusos contra los indios, intentó controlarlos con leyes, como las “Leyes de Burgos”, de 1512, o las “Leyes Nuevas”, de 1542, impulsadas en parte por las denuncias de frailes como Bartolomé de las Casas. Estas leyes buscaban mejorar el trato a los indios y, con el tiempo, limitar y abolir la encomienda.

Las “Leyes Nuevas” de 1542, limitaban el poder de los encomenderos, ya que prohibían la esclavitud de los indios. Impedían, también, que las encomiendas fueran heredadas por los hijos de los encomenderos, reforzando la idea de que los indios eran vasallos libres de la Corona.

Para los encomenderos, esto suponía perder su principal fuente de riqueza y poder, ya que la encomienda era la base de su fortuna y prestigio.

En el Virreinato del Perú, donde la encomienda estaba más extendida y poderosa, los encomenderos se levantaron contra las “Leyes Nuevas”. El líder de esta rebelión fue Gonzalo Pizarro (hermano del conquistador Francisco Pizarro). En 1544, Gonzalo encabezó la sublevación en Cuzco, proclamándose defensor de los derechos de los conquistadores. La Gran Rebelión de los Encomenderos, fue una de las primeras grandes crisis del dominio español en América. La vida de Gonzalo Pizarro, bien merece una película.

Gonzalo Pizarro nació en Trujillo hacia 1510, era hermano de Juan y, medio hermano, por vía paterna de Hernando y Francisco. Todos ellos, salvo Hernando, eran hijos ilegítimos de Gonzalo Pizarro Rodríguez de Aguilar, capitán de larga trayectoria militar y de intensa vida amorosa (tuvo once hijos, de cinco mujeres distintas, y de una o dos desconocidas).

La vida de Gonzalo cambió para siempre cuando, en el verano de 1529, su hermano Francisco visitó Trujillo. Francisco era un baquiano, es decir, un experto veterano de las Indias, ya que había participado en muchas expediciones por el Nuevo Mundo con desigual fortuna, y ahora venía de Toledo, donde había firmado con la regente, la emperatriz Isabel de Portugal, esposa del emperador Carlos V (que se encontraba en Italia), las capitulaciones para conquistar el inmenso y prometedor imperio del Perú, al que ya se había aproximado con anterioridad. Francisco, quiso pasar por su Trujillo natal, antes de volver a las Indias, para enrolar en su futura expedición a familiares y paisanos. Así, se sumaron a sus huestes sus hermanos Hernando, Gonzalo y Juan, además de otros 50 hombres de su pueblo y aldeas cercanas. Estos serían el núcleo duro del futuro conquistador del Perú, sus hombres de confianza.

Gonzalo, pues, se embarcó para las Indias, llegando a Panamá y partiendo luego hacia el Perú, adentrándose en aquellas tierras, y participando en la famosa emboscada de Cajamarca, tendida por los españoles a Atahualpa, donde solo unos 180 hombres lograron derrotar y ahuyentar a los miles de incas que acompañaban a su señor, el cual fue apresado.

Posteriormente, Gonzalo participa en la toma de Cuzco por los españoles, y defendiendo después la ciudad, del fuerte ataque encabezado por el Manco Inca en 1536. En el trascurso de estas batallas murió su hermano Juan, que fue el primero de los Pizarro, en acabar sus días de manera violenta en el Perú.

Poco después de conquistado el Perú, estalló la cruenta guerra civil entre españoles, que enfrentó a los seguidores de Francisco Pizarro, contra los seguidores de Diego de Almagro, por el dominio de Cuzco y de las más ricas tierras del Perú.

Diego de Almagro, socio de Francisco Pizarro en la conquista del Perú, se sentía enormemente perjudicado en el reparto de tierras, y mucho más, tras su fallido intento de conquistar Chile, territorio indómito, donde dilapidó buena parte de su fortuna. Almagro tomó Cuzco en 1537 y apresó a Hernando y Gonzalo Pizarro, aunque posteriormente liberó a Hernando, y Gonzalo escapó de su cautiverio. Almagro lo pagaría caro al año siguiente, al reagruparse los pizarristas y derrotarle en la batalla de las Salinas el 6 de abril de 1538, siendo Almagro ejecutado, junto a sus principales capitanes.

Pacificado el Perú, Francisco Pizarro nombró a Gonzalo gobernador de Quito, en 1539. En su nuevo destino, pronto llegaron a sus oídos los rumores de la existencia de El Dorado, y de una tierra, al este de los Andes, donde abundaban frondosos árboles de canela. No lo dudó, y comenzó los preparativos para dar con aquel lugar, que prometía riquezas futuras y mayor gloria para él, tratando así de emular a su hermano Francisco.

Hay que recordar algo que, a menudo se olvida, y que puede ayudar a entender la misión que lideró Gonzalo Pizarro en 1540: cuando Colón partió en su viaje en 1492, lo hizo buscando una nueva ruta para llegar a Oriente, para acceder de una manera más sencilla y rápida a aquellos territorios donde abundaban las especias, tan codiciadas e importantes en aquellos tiempos. Colón y los que lo siguieron, dieron con un nuevo continente y muchas otras cosas, pero la inicial búsqueda de las ricas especias permaneció en el imaginario de muchos conquistadores, entre ellos Gonzalo Pizarro.

La expedición fue grandiosa, con 250 españoles, a caballo y a pie, centenares de indios, perros de presa, así como gran número de cerdos y llamas para alimentarse en la larga travesía, que transcurrió por la cordillera andina, bosques, selvas impenetrables y ríos caudalosos, como nunca habían visto.

Al poco tiempo de partir de Cuzco en 1540, y tras pasar por Quito, se les unió su pariente Francisco de Orellana, personaje importante en esta aventura, que venía de Guayaquil con varias docenas de hombres.

Tras mil penurias, lluvias torrenciales, calor asfixiante, fatigas, hambre y varios muertos, alcanzaron la región donde se hallaba la canela, pero solo encontraron algunos árboles de los que no podía sacarse provecho alguno, ni que justificara los grandes esfuerzos que habían realizado. Así lo escribió, un decepcionado Gonzalo Pizarro al emperador, en una carta que se conserva en el Archivo de Indias, en Sevilla.

Agotados casi todos los víveres, y con gran descontento entre la tropa, que se veía atrapada en una selva hostil y asfixiante, dieron con el río Coca y construyeron un bergantín, para que Orellana y sus hombres siguiera el curso del río en busca de comida, y regresara en socorro del grueso de la partida. Sin embargo, Orellana no regresó jamás. Descendió por el río Coca hasta llegar al río Grande, después llamado Amazonas.

Mientras tanto, un Gonzalo Pizarro agotado y desesperado, al no tener noticias de Orellana en muchas semanas, decidió regresar a Quito, sin canela ni oro. Sin apenas hombres ni caballos, harapiento, fracasado y sin gloria, dos años después de iniciar su loco sueño, al frente ahora de unos pocos hombres en lamentable estado, y con el convencimiento de que Orellana lo había traicionado.

La versión de Francisco de Orellana fue muy diferente y gozó del crédito de la Corte, hacia la que se dirigió al poco de llegar al océano Atlántico, tras una dura y larga singladura por el inmenso río Amazonas. El texto que se conserva, de Fray Gaspar de Carvajal, un dominico que iba en el grupo de Orellana exonera a éste de toda responsabilidad: “simplemente era imposible remontar la corriente y regresar”. Resaltó también el dominico, el hambre y los grandes padecimientos del grupo de Orellana, relatando que llegaron a comer cueros y suelas de zapatos, cocidos con algunas hierbas. Este episodio hace recordar al entrañable Charlie Chaplin en aquella inolvidable escena de la película “La quimera del oro”. Basándose en este episodio histórico el escritor colombiano William Ospina Buitrago escribió la novela "El país de la canela" (Premio Rómulo Gallegos 2009), donde describe todo el itinerario seguido por los españoles a través del Amazonas.

Gonzalo Pizarro, cuando regresó a Quito en 1542, además de escribir al emperador y denunciar el abandono y la traición de Francisco de Orellana, se enteró que su hermano Francisco, el todopoderoso conquistador y gobernador del Perú, había sido asesinado por el hijo de Diego de Almagro, en 1541.

El nuevo virrey, Vaca de Castro, consiguió retener a Gonzalo en sus tierras, para no agravar la muy difícil situación en Perú, y poder vencer a los almagristas. Sin embargo, dos hechos hicieron que Gonzalo se alzara con el poder en 1544: la llegada del nuevo virrey Blasco Núñez de Vela y su estricta aplicación de las “Leyes Nuevas”, que pretendían frenar el abuso de los encomenderos sobre los indios, así como suprimir la perpetuidad de dichas encomiendas; es decir, que dejaran de ser hereditarias.

En un agitado Perú, Núñez de Vela provocó una mayor conmoción al amenazar las haciendas de muchos que habían obtenido esas tierras unos años antes. El propio Gonzalo viajó a Cuzco para protestar, ya que era uno de los principales afectados, y gozaba de gran prestigio entre los encomenderos.

Con el apoyo de muchos, que veían en él al digno sucesor de Francisco, los propios “oidores” (jueces) de la Audiencia de Lima se pusieron de su parte, y se rebelaron contra la autoridad del virrey, quien fue, inicialmente arrestado, para después ser ajusticiado, en 1546. El hecho era gravísimo, pues el virrey del Perú había sido decapitado en abierta rebelión contra la Corona.

Muchos pensaron que, en ese momento, Gonzalo Pizarro se iba a proclamar rey del Perú, ya que tenía un ejército propio, apoyo de todos los encomenderos, además de un control del territorio, con enormes recursos.

Desde España, se envió con rapidez al nuevo virrey Pedro de la Gasca, hombre inteligente, dotado de toda la autoridad y poderes para encauzar la situación y derrotar a Gonzalo Pizarro. Pedro de la Gasca aplicó una estrategia política y militar, astuta y conservadora, ganándose la voluntad de algunos seguidores de Gonzalo, para que volvieran al bando del emperador. También suspendió, temporalmente, la aplicación de las “Leyes Nuevas”, y prometió el perdón a quienes abandonaran a Gonzalo.

Así, fue sumando fuerzas, mientras se sucedían las dudas y las deserciones en el bando de Gonzalo Pizarro. Tras unas escaramuzas previas, las tropas de Pedro de la Gasca obtuvieron una victoria total, en abril de 1548. Según escribió la Gasca al emperador, Gonzalo Pizarro tenía previsto coronarse rey del Perú, si hubiese vencido.

Gonzalo fue decapitado, y su cabeza enviada a Lima y expuesta en la plaza Mayor en una jaula de hierro, y solo la memoria de su hermano Francisco, evitó que fuera después descuartizado. Este fue el trágico final de este rebelde. De los cuatro hermanos, que salieron de Trujillo, solo Hernando falleció anciano en España, en 1580.

Aunque algunas disposiciones de las “Leyes Nuevas” se suavizaron, por ejemplo, se permitió heredar la encomienda por una generación más, el poder de los encomenderos quedó limitado para siempre, y la Corona reforzó su autoridad en América, dejando claro que “Las Indias” no serían un territorio feudal de los conquistadores, sino parte de la Corona española.

Además de la novela “El país de la canela”, ya mencionada, recomiendo también la lectura de la última novela de Juan Pedro Cosano, “El Rey del Perú” (2020), que narra este episodio, bastante desconocido en España, de la Gran Rebelión de los Encomenderos.

José Antonio Parra Tomás