LA CASA LLENA
Nuestras casas son esos espacios que transformamos en nuestro hogar y que suponen el lugar en el que la familia se siente segura y se desarrolla como tal. Esas casas se van transformando con nosotros y se van conformando en hogares diferentes con el paso del tiempo.
FRANCISCO MUÑOZ
Francisco Muñoz en Asociación la Tortuga de El Charco
7/15/20264 min read


LA CASA LLENA
Nuestras casas siempre están llenas, están llenas de lo que hemos sido, de lo que en ellas hemos vivido, de nuestros momentos, buenos, malos y regulares, pero que conforman nuestra vida, son nuestros recuerdos.
Los recuerdos tienen algo que los hace especiales, y es que no son la realidad, pero se le parece y además nunca son iguales, un mismo recuerdo cambia, aunque sea sutilmente cada vez que lo evocamos y posiblemente con cada evocación la distancia con la realidad sea cada vez mayor y su parecido por lo tanto cada vez menor, pero ese recorrido nos satisface y seguramente nos identifica más con el recuerdo, lo hace más nuestro si cabe, es decir, lo disfrutamos más, lo hemos pulido hasta dejarlo totalmente alisado de esas irregularidades que nos molestaban.
Posiblemente en una vida infinita, cualquier parecido de un recuerdo con la realidad, acabaría siendo mera casualidad, posiblemente, pero que buenos recuerdos tendríamos entonces de los buenos recuerdos.
Pero no es de esto de lo que va hoy el escrito, va de otra cosa, va de nuestras casas realmente llenas, llenas de gente, en este caso de nuestra gente y no tan solo de sus recuerdos.
Nuestras casas como nosotros mismos tienen diferentes etapas en su "vida". Cuando las habitamos por primera vez permanecen muy poco llenas, luego se van ocupando y llenando con nuestros hijos, con su crecer, con sus cosas y las nuestras y al cabo de unos años, si ha habido suerte en ese pasar del tiempo, vuelven a quedar como empezaron, con la parejita ya cargada en años.
Y así vivimos en nuestras casas pasado el tiempo, más o menos a nuestro aire, con más tiempo para nosotros mismos y nuestras cosas, con menos ajetreo, con menos ruidos, con menos sobresaltos y con mucho más tiempo para lo que nos apetece en cada momento, un volver a nosotros mismos, con esa tranquilidad merecida del guerrero que lo ha dado todo en una y mil batallas y que aquí sigue para contarlas.
Pero a ratos, esa tranquilidad sobrevenida, impuesta por el propio acontecer de la vida, se transforma en otra cosa, no en la que fue, si no en esa nueva realidad que se va conformando con el paso de los años, la de la ampliación de la familia de nuestra familia, y esa ampliación por momentos nos vuelve a invadir y a inundar con esa vida exultante que tienen estas cosas familiares.
Hace unos días, en uno de esos fines de semana repletos de familia, estando todos en casa, me encontraba leyendo en el sofá del salón, como tantas otras veces, mi padre en una pieza, también leyendo y yo en la otra, en silencio ambos, salvo por algún comentario sobre los temas leídos o sobre cualquier otra inquietud del momento, muchas de ellas políticas, pero en absoluta tranquilidad, estábamos solos en la estancia, que no en la casa, pero como además de leer, el cuerpo te pide otras cosas, de vez en cuando te tienes que levantar.
En el camino de atender esas otras necesidades, pasé junto a la cocina y pude ver y escuchar a mi mujer hablando con mi hijo mayor, de sus cosas, es un ejercicio que hacen con frecuencia, su madre no ha dejado de ser nunca para mis hijos ese faro de referencia para todo lo que tiene que ver con la vida como personas, de su lado más humano y es que nos estamos conformando como personas cada día, como los árboles al crecer con un buen tutor a su lado, están derechos gracias a él y siempre contarán con su apoyo, por grandes que se hagan.
Un poco más adelante pasé por la habitación de mi hija, que en ese momento se encontraba maquillando a su sobrina, que un poco más tarde tenía una actuación de su academia de baile y tenía que ir convenientemente maquillada. Mi nieta, familiar donde las haya tiene pasión por sus tíos, así que allí estaba, encantada de que su tía le estuviera haciendo ese trabajo, que por cierto quedó espectacular. Esas cosas conforman los lazos afectivos que permanecerán con el paso del tiempo y que siempre serán la referencia en la que basar crecimientos y distanciamientos futuros propios del madurar como personas.
Siguiendo hacia el cuarto de aseo de mi habitación, escuché a mi nuera hablando con mi nieto, en su habitación, intentando convencerle de que tenía que vestirse porque él también asistiría al evento y no era lo que más le apetecía en ese momento, él quería lo de siempre, seguir corriendo por la casa y luego una vez el día refrescara, un rato de juego en el exterior. Este pequeño pirata exprime al máximo cada momento del día, involucrando en su no parar a cuantos estemos a su alrededor.
Y por último en el cuarto de baño, con la puerta entreabierta se veía a mi yerno afeitándose. Mis hijos políticos son sin lugar a dudas una parte más de mi familia, en todos los sentidos. No sé si hemos tenido suerte o los tutores plantados junto a los árboles en crecimiento han conseguido además de ayudar a crecer, ayudar a diferenciar lo que merece la pena de lo que no. Aunque quizás todo sea mera casualidad, que no es otra cosa que aquello que sucede sin que seamos capaces de explicarlo, pero no es que no tenga explicación, es que la desconocemos, pero ese también es otro tema.
Pues bien, la casa estaba llena, llena de verdad, llena de gentes, llena de mis gentes, los que han ido naciendo y los que se han ido sumando por enamoramientos y además, del único de nuestros padres que todavía siguen con nosotros, y no estábamos celebrando nada, estábamos conviviendo, que no es otra cosa que vivir juntos y disfrutar con ese vivir, de sentirnos un poco más los unos de los otros.
¿Qué más se puede pedir?
Francisco Muñoz
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