MUERTE ESA GRAN MENTIRA

Cuando escribimos sobre temas tan personales como nuestra visión sobre la muerte, algo tan trascendental en nuestras vidas como es su final y lo hacemos de forma sincera, tranquila, sosegada, en paz con uno mismo e intentando simplemente exponer esas ideas que conforman nuestra forma de ver y de ser, y además con el respeto propio que ello supone hacia las creencias y distintas formas de ver ese mismo trance por parte de los demás, cuando lo hacemos, estamos invitando a cualquiera que nos lea o escuche, a exponer aunque sea para él mismo, sus propios razonamientos y su propia visión de los hechos, sea la que sea

LORENZO PIRIZ-CARBONELL

Lorenzo Piriz-Carbonell en Asociación la Tortuga de El Charco

5/26/20267 min read

“Muerte, esa gran mentira”

Me encanta estar vivo. Disfruto de la vida que tengo a la par que recuerdo todas mis vivencias del pasado, las que mi cerebro circunvalado permite, claro, y lo hago con alegría, satisfacción, una micra de tristeza también, porque sin ellas nunca habría de valorar la felicidad de la que hice acopio y que ahora atesoro.

Pero el estar vivo tiene un precio ineludible e inevitable a pagar. Me refiero a la Muerte y sobre eso aquí, voy a reflexionar.

Desde que tengo uso de razón (de la fetal imposible de rescatar, maldito misterioso recuerdo), calladito y muy tímido, confieso que he llevado conmigo un secreto que ahora ya he descubierto que fue y ha sido una mentira absurda y ténebre que se ha confundido desde siempre con su verdad, una realidad, mala instigadora de cavilaciones paranoicas, miedos, confusiones, preguntándome que una vez uno muerto, que es lo que venía después. Me habían dicho que la Muerte era el final donde imperaba el castigo o los premios según el Juicio de Dios. Mi educación desde la cuna fue judaica hasta la médula, así que ya se puede uno imaginar la novela que implicaba el temor a morirse para encararse con el Dios que te correspondiera ,Yahvé el Innombrable o el que según tus creencias te tocara, y aprovechando a la Parca, poder negociar con ella y te concediera algo mas de tiempo terrenal, como si la vida misma fuera una deuda que nunca se termina de pagar y esta escolopendra con hoz y capucha te requiriera cobrar.

Hay quien cree que el sinónimo de muerte es tiempo y no va mal encaminado, no. Pero descubrí que todo este cuento no era mas que una especie de miedo paranoico creado por las Religiones (todas, todas, todas) para poder así dominar el pensamiento y la vida de los seres que por su humanidad, siempre hemos necesitado saber cuando llega la cruel separación de las respiraciones y los gozos de los vivieres que se nos ha otorgado genéticamente, a la par conjunta de ese final que bautizamos poéticamente como Muerte.

!Ah, la paradoja de la mentira! Nos educan para disfrutar de la existencia empero nos mienten cuando nos inyectan a la vez el pavor de enfrentarnos a lo incógnito y le llaman Muerte. Nos han mentido cuando nos narran de los paraísos terrenales y los infiernos dantescos (Vivan Moisés y el Concilio Vaticano de 1870), que nos han asegurado que somos un algo separado del Universo, es decir, una entidad independiente que llega a este mundo como un extraño y que se irá de el de la misma manera. Nos han dicho que somos un cuerpo que ha atrapado una fatamorgana llamada alma. Vaya con lo Bizantino y sus fantasmas mentales.

Pero yo soy de la creencia que al respecto no hay una separación real entre mi Yo, mi Ser y de la totalidad de lo que existe .Opino y pienso que cada átomo de mi cuerpo proviene de estrellas que explotaron hace miles de millones de años. Respiro oxígeno que antes fue exhalado por árboles, algas, organismos que muchos años antes de nacer yo, ya vivieron. El carbono de mis células antes estuvo en dinosaurios, en bacterias antiquísimas, en plantas prehistóricas y concluyo aseverando que en mi, nada, nada hay que sea totalmente originalmente mío que no haya sido criado, también creado, de la Nada y solo para mí.

Soy un mero patrón temporal organizado en un flujo infinito de materia y energía, y cuando esto se disuelve, yo le llamo Muerte pero sí, a sabiendas de que nunca seré destruido, solo que cambiaré de forma. Lavoisier ya dictó hace un par y medio de siglos que la materia (mi cuerpo) ni se crea ni se destruye (mi alma) solamente se transforma (se sublima) integrándose como parte de un desconocido universo que yo creo que me creó y convencido estoy que es el epicentro de donde como persona vengo y como persona voy.

Pero aquí vienen las Religiones (Todas) con su catálogo de prescripciones y amenazas, y te obligan a admitir todo lo contrario., conminándote a creer que tu alma se va a los cielos, convenientemente inventados, para allí ser juzgados, con veredicto de castigo llameante o recompensa placentera, y te etiquetan como condenado o como salvado, intentando que no te enteres en vida que cuando mueres te encaminas a una expresión momentánea de la totalidad infinita y haciendo así de estas ideologías neurosectarias, repletas de angustias y masoquistas pensamientos, una indiscutible arma para donde por imperativo divino, sus representantes nunca puedan perder su poder de dominar mundo, población y mentes, metiendo sus pezuñas en lo que puede ser el disfrute de la vida, aspaventado en el acatamiento de la verdadera moral social, una especie de miedos, con falsas y pueriles esperanzas, agonías, complejos y demás satrapías intelectuales por lo demás tan ruinosas como engañosas, a la par que arrebatadoras del poder y capacidad de vivir la edad temporal, llámala vida, con felicidad y el libre albedrío de evitar contratiempos que por vitales pertenecen al orden intelectual de cada cual.

La Religión Inventora de estos artilugios, más que majaderos, un día se saca de la manga eso del pecado como transgresión voluntaria a la Ley del Dios (de cualquiera, eso que importa) para así ocuparse de la Regiduría Global del Humano que al nacer ni sabe quien es y que cuando deja de existir, lo hace siempre con terror a lo que le puede venirle encima.

El Imperativo del Poder es patrimonio de cualquier Religión, y este es el peor error de conocimiento real que se pueda aceptar sin intentar discutir. La vida que al nacer se nos otorga es un cofre rebosante de sutiles oportunidades, ambiciones, triunfos, decepciones, fracasos, pero jamás, con incrustaciones de miedos y truculentos terrores amalgamados y por encima de ese detrito, creencias y fantasías oníricas mas de ciencia ficción que de realidad comprendida. Yo a esto lo defino como una Teoría del Absurdo donde te cuentan desde el parto naciente que posees un alma eterna e inmutable que sobrevive a la muerte del cuerpo y continua siendo siempre quien ahora eres, sí, un ahora que conserva recuerdos y vida experimentada manteniendo tu persona y tu personalidad, tus preferencias, tus relaciones, en fin una falacia mas pueril que mentecata.

Esta mentira es seductora porque apela a nuestro propio arraigo mas profundo, el apego a nuestra propia identidad, queriendo creer que nuestro Yo continuará, que seremos irreemplazables anímicamente para siempre. Y ahora me pregunto yo: ¿Quién soy exactamente cuando estoy ejerciendo de vivo? ¿Soy el mismo que cuando tenía 5 años, o 25? Y me respondo: cada célula de mi cuerpo, personalmente las mías que han vivido mas de ocho décadas y media, se han reemplazado múltiples veces y desde entonces mis creencias, mis gustos, mis miedos, mis ajustes cerebrales, mis sueños han ido cambiando porque la experiencia de vivir los enseña a ello. Me digo y me repito que hoy hay cosas que me son indiferentes, que hay personas que antes fueron parte de mi mundo entero y que ahora apenas recuerdo o placenteramente he preferido olvidar. También me digo, por que lo sé, que mis recuerdos se reescriben cada vez que los evoco, y los hago sutilmente alterados por lo que esté en ese momento viviendo en la actualidad, por el hecho de que nuevas experiencias, por el simple paso del tiempo, vuelvo a reimaginarlos y es entonces que vuelvo a preguntarme que o quién es ese Yo que supuestamente ahora renace en la remembranza.

Porque el Yo es un proceso, no una cosa que dura mientras existo, y que cuando se disuelve se transforma en una substancia que se integra en el incógnito del Universo que constantemente se está organizando.

Las Religiones nos mienten al asegurarnos que nuestro destino eterno continua después de la Muerte, que se nos juzga por las acciones, que se nos premia, que se nos castiga en consecuencia de veredicto dictado por un fantasmagórico Juicio Final, que no es otra cosa que una soberana entelequia inventada por el propio Hombre para controlar al hombre y justificar así el como y el por qué de su existencia.

Al nacer te educan y te meten en el cerebro el sentido del “libre albedrío” donde reside el miedo y la culpa, inventan el Universo como creación Divina y te dicen que este Dios y los demás Númenes reinando en todos sus panteones, son todo Amor, pero que te castigan si no haces los que según los humanos inventadores manejando sus religiones te proclaman y que hablan como portavoces de esos mismos Divinales Dictadores, creándote la cruel paranoia del pecado, la conciencia siempre culpable y el terror a ser incinerado por “belcebuces” y similares.

Y siempre recordándote la malignidad de la Muerte. Otro absurdo. Otra mentira. Y concluyo yo apostillando que si Dios, dioses, númenes, divinales figuras que son infinitos, lo son, por lo mismo otra entelequia de un oblivión tan macabro como manipulador de seres.

La vida no puede ser concebida como una sala de espera para alcanzar en su final, que se abra la puerta para la existencia vital eterna, que no viene a ser otra cosa que una idea que nos está robando el vivir en el presente, que creo es la totalidad de lo que existimos. Yo me considero “un ahora” que experimenta el Universo representándose a si mismo. Mis momentos son sagrados, mis hechos y acciones los justifican sus consecuencias. Si obro mal, mal lo pasaré. Si lo hago bien, lo disfrutaré. Nadie me va a premiar o condenar. Yo soy Yo y Yo mismo, porque existo y soy también infinito, divinamente infinito.

No creo en reuniones post mortem, ni familiares ni mucho menos que me espera un Paraíso de cuentos de hadas como habitáculo de mi eternidad, donde las enfermedades son una entelequia y para colmo, te están esperando bien dispuestos al cachondeo del Kama Sutra, ni mancebos seráficos, ni vírgenes inmaculadas. O en su defecto praderas de dinosaurios que te darán la bienvenida entre increíbles polvaredas de brillantes estrellas.

Paparruchadas de todos los tiempos y es que la mentalidad del humano es el más grande inventor. La mentira de la Muerte es la mentira del miedo al estar siempre esperando lo que nunca tiene que ser esperado y pensar que tu disfrute de existencias, se acaba pensando en el mas allá que no es nada más que una holografía mental del oblivion. La vida es nuestro existir y la Muerte, real o imaginada no es mas que una sutil liberación a la que todo humano tendría que estar preparado, porque hoy somos el hoy, y mañana pues eso, algo parecido al ya veremos.

Concluyo con un hasta siempre y como gran deseo existir sin más, dejar de machacarse las neuronas con esas truculencias de que “se allega la muerte tan callando”.

Paz y disfrutar lo que queda por vivir, que son dos días. Fecha de caducidad, amigos, y solo eso. Shalom.

Lorenzo Piriz-Carbonell.

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