ODA AL GATO
Breve relato de como el autor de este artículo dio con la ODA AL GATO que se acompaña en este artículo, y lo hizo en casa de uno de los grandes de la Generación del 27, Vicente Alexandre, con el que tuvo la oportunidad de charlar amigablemente sobre diversos temas de interés compartido.
LORENZO PIRIZ-CARBONELL
Lorenzo Piriz-Carbonell en Asociación la Tortuga de El Charco
9/7/20265 min read


Oda al gato
Los animales fueron
imperfectos,
largos de cola, tristes
de cabeza.
Poco a poco se fueron
componiendo,
haciéndose paisaje,
adquiriendo lunares, gracia, vuelo.
El gato,
sólo el gato
apareció completo
y orgulloso:
nació completamente terminado,
camina solo y sabe lo que quiere.
El hombre quiere ser pescado y pájaro,
la serpiente quisiera tener alas,
el perro es un león desorientado,
el ingeniero quiere ser poeta,
la mosca estudia para golondrina,
el poeta trata de imitar la mosca,
pero el gato
quiere ser sólo gato
y todo gato es gato
desde bigote a cola,
desde presentimiento a rata viva,
desde la noche hasta sus ojos de oro.
No hay unidad
como él,
no tienen
la luna ni la flor
tal contextura:
es una sola cosa
como el sol o el topacio,
y la elástica línea en su contorno
firme y sutil es como
la línea de la proa de una nave.
Sus ojos amarillos
dejaron una sola
ranura
para echar las monedas de la noche.
Oh pequeño
emperador sin orbe,
conquistador sin patria,
mínimo tigre de salón, nupcial
sultán del cielo
de las tejas eróticas,
el viento del amor
en la intemperie
reclamas
cuando pasas
y posas
cuatro pies delicados
en el suelo,
oliendo,
desconfiando
de todo lo terrestre,
porque todo
es inmundo
para el inmaculado pie del gato.
Oh fiera independiente
de la casa, arrogante
vestigio de la noche,
perezoso, gimnástico
y ajeno,
profundísimo gato,
policía secreta
de las habitaciones,
insignia
de un
desaparecido terciopelo,
seguramente no hay
enigma
en tu manera,
tal vez no eres misterio,
todo el mundo te sabe y perteneces
al habitante menos misterioso,
tal vez todos lo creen,
todos se creen dueños,
propietarios, tíos
de gatos, compañeros,
colegas,
discípulos o amigos
de su gato.
Yo no.
Yo no suscribo.
Yo no conozco al gato.
Todo lo sé, la vida y su archipiélago,
el mar y la ciudad incalculable,
la botánica,
el gineceo con sus extravíos,
el por y el menos de la matemática,
los embudos volcánicos del mundo,
la cáscara irreal del cocodrilo,
la bondad ignorada del bombero,
el atavismo azul del sacerdote,
pero no puedo descifrar un gato.
Mi razón resbaló en su indiferencia,
sus ojos tienen números de oro.
Y hasta aquí el Poema y hasta aquí lo que he querido compartir con todos a mi vuelta de una canícula que ha resultado ser un estropicio del pensar español. Creo en mi Patria como los Gatos en sus Colonias. Al menos habrá que imitarlos. Otros tiempos vendrán, deseo y espero. Por ahora, eso a cuidarse...y mucho. Shalom.
Lorenzo Piriz-Carbonell
“Oda al Gato”
¿Cómo que una “oda al gato”?. ¡Y si desvelara que de esa elegía al felino es su autor Pablo Neruda.’?
Si, el mismo poeta y escritor y hasta dramaturgo del siglo pasado que además de comunista, tenía su fibra sensiblera, para que después no digan que la ideología está distanciada del pensamiento del alma. “Cosas veredes” decía Don Ramón de Valle Inclán, republicano de derechas y ácrata de todo lo que se pudiera escribir que no fuera él su autor. Y lo más asombroso de ésta poesía al cuadrúpedo peludo, es que es un magnifico poema y una gran descripción al amor por un animal. Y el como descubrí este pedacito de loor al tigrecillo domesticado tiene un anecdotario divertido y sobre todo, para mi, histórico e inolvidable.
Explicaciones al respecto vienen y al respecto explicaciones van, así que comienzo. Ahora la parte anecdótica. Estudié Medicina, el Primer Curso, en el año 1959, pero en Madrid. Mi padre así lo quiso. Pero los seis subsiguientes años hasta doctorarme los cursé en Salamanca, también porque mi padre así lo quiso.
En Madrid descubrí otra clase de vida y en Salamanca viví la experiencia donde encontraría la vida y mas allá de lo que ella me ofrecía y yo me apresuré a tomar como un loco hambriento de saber y de experimentar lo que se me pusiera por delante. Tuve esa suerte y ese padre. En el año primero, madrileño, mis profesores fueron un lujo de la enseñanza.
En Histología me enseñó- y luego me nombró su alumno interno- nada menos que Fernando de Castro, Nobel junto con Golgi por haber descubierto el Glomus Caroticum, controlador inseparable de la corriente sanguínea al encéfalo y gran salvador de no tener ictus cerebrales ni otros males encefálicos.
En Fisiología se suponía que me la tenia que explicar un tal Severo Ochoa, también Nobel de Medicina, pero la verdad es que lo veíamos poco, porque cuando no estaba con Sara Montiel andaba de laureles académicos por el resto del mundo. Pero su subalterno-de cuyo nombre no me acuerdo- fue el mentor didáctico de aquella bioquímica que aprendí entonces y que luego me sirvió de mucho, cuando años después ya en la NASA me tuve que liar con la Física Nuclear y lo que marcó el ejercicio de mi profesión médica.
Y para terminar, la tercera de aquellas primarias asignaturas, la Anatomía, me la enseñó un grande entre los grandes, Francisco Orts Llorca, que no tenia Premio Nobel pero que era y fue un profesor que me enseñó que todos los cuerpos humanos eran iguales, tuvieran el color de piel que tuvieran, cosa que también me sirvió para mi practica medica en las Urgencias que me tocaban el el Beth Israel Medical Center de un New York que ahora ya ni existe.
En mi bisoña etapa madrileña, un sobrino de Ochoa se hizo muy amigo cercano de mi y yo de él, y a través de él y de su tío-solo le vi en persona esa vez-fui invitado a visitar a un tal Vicente Alexandre, escritor, poeta, ensayista y sobre todo alma y mente de una Generación del 27 que ya lo catalogaba durante el Franquismo como un intocable por su fama internacional. El propósito de la visita era que Don Severo-sin Sarita- le iba a llevar unos libros que les traía desde Puerto Rico, y que en España no se podían conseguir. En la visita nos recibió su esposa Matilde, agria al conocerla y luego dulce y amable en el trato, quien nos llevó ante aquel Alexandre que ya acusaba la enfermedad renal que a la tumba se lo llevaría sin mas discutir.
Le entregaron la presea, y charlamos de todo. Poesía, de Lorca, de Cernuda, de toros, de la ambigüedad del torero Mejías, y de Pablo Neruda, que venido al caso le había dejado unos poemas escritos y publicados en no se que revista de latinoamerica y que de eso tenia unas octavillas. El poema nerudiano en cuestión se llamaba “Oda al Gato”. Me llamó la atención que a un felino se le pudiera dedicar un poema, pero mira, le acepté una copia del sucinto poemilla que allí tenía en montón y que como los repartía pues uno que me quedé.
Hoy lo conservo, amarillento, pero todavía atesorado. Sin embargo, también lo busqué en las wikipedias de la actualidad y lo encontré, ya muy bien copiado y mejor en lectura que el panfletillo original mio. Y eso es lo que quiero aquí compartir. Fue un descubrimiento para mi saber que también los divinos tienen alma y que los oscuros tienen emociones que trascienden gracias al amor que no entiende ni de políticas ni de discusiones vacuas. Y en este tenor, aquí la otra parte: el poema, la Oda al Gato de Pablo Neruda.L
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