¿PAPÁ NOEL COMO MARCA COMERCIAL?

Resulta refrescante acabar una celebración de amigos, pudiendo charlar con alguien a quien le llevas un buen puñado de años y que el hecho suponga un aliciente más dentro de la propia celebración, de forma que ambas cosas formen un complemento perfecto. Este es el caso.

LORENZO PIRIZ-CARBONELL

Lorenzo Piriz-Carbonell en Asociación la Tortuga de El Charco

6/4/20267 min read

¿Papá Noel, como marca comercial?

Por lo general casi todo el mundo tiene familia, la de sangre y la adquirida por el avatar, inexplicable a veces, del tiempo y sus circunstancias. Yo soy uno más de ellos y aunque ya puedo aseverar que mucha familia de sangre ya casi no me queda, si puedo afirmar que de la adquirida tengo y de la cual me honro, amigos que son muy especiales, tanto, que con los hechos de la vida se han ido transformando en auténtica Familia y de las de verdad.

Pues en este tenor resulta que dos de ellos, familia especial mas que probada, celebraron hace un par de días sus Bodas de Oro, vamos que que se reafirmaron en dar por válidos 50 años de enamorarse soportarse, animarse, apoyarse, también discutir hasta buscar las reconciliaciones mimosas y siempre eternizadas en volver a repetirse, repelerse un poquito pero no tanto y sobre todo a amarse con el hilo de la amistad entrambos, que los convierte en seres inseparables.

Y al condumio de esas celebraciones nupciales fui invitado. Volvieron a honrarme al sentarme a su vera, nieto por medio, en aquella mesa destacada de y para los Novios. Y el joven señalado como a mi lado estaba pues hicimos buenas migas de interlocutores. De más está apuntar que el referido zagal (denominación murcianísima) cuenta con solo 16 años de existencia mundana y mostró desde el principio, una extraordinaria madurez. Educado en sus estudios, ambiciones de ser Ingeniero Industrial, diletante de la guitarra , cabeza bien amueblada y modales de esos que ahora los de su edad o nunca los han aprendido o nadie les ha enseñado. Y con conversaciones varias comenzamos a disfrutar del ágape y a charlar sobre temas variados.

Nos interesó opinar sobre los mitos que hoy abundan, o por intrigas políticas o por demostraciones publicas de supinas ignorancias, astracanadas de los que a veces nos quieren hacer creer que saben más que nadie y hacen de la estupidez, su única enciclopedia. Y hablando de mitos surgieron las tradiciones populares mantenidas y trasmitidas por la sociedad sean religiosas o festivaleras.

Surgió lo de los muy tan españoles como cristianas Fiesta de las Reyes Magos, que como se había ido difuminando con el tiempo hasta ser casi suplantada por esa cosa estrafalaria llamada Papá Noel.

Le expliqué que lo español siempre tenía que ser español, y si era con matiz cristiano, pues más aun. Le dije que el Gordinflón Cocacolero tenía más de invención que de real existencia, y basándome en eso le expliqué el origen y malas andanzas de éste icono de la Navidad impuesta por rachas norteamericanas pero de raigambre muy, y muy más que mucho, centro europeas.

Me pidió saber de ello más y yo le narré todo lo divertidamente posible lo que de este personaje sabía y cuanto de engaño ofrecía su existencia navideña. Y así le fui explicando entre risas y francachelas.

El ahora conocido como San Nicolás de Bari, fue un obispo que llegó, gracias al Nuevo Mundo, a convertirse en una marca comercial. Nació como Nicolás de Mira. Sacerdote algo iracundo pero muy listo alcanzó a que le nombraran Obispo de Lisia, ciudad todavía ubicada en la Turquía de las Medias Lunas. Vivió entre finales del Siglo III y principios del IV de la Era Cristiana. Históricamente se sabe que de familia muy rica heredó una gran fortuna, que comenzó a distribuir muy pronto entre los pobres y necesitados del lugar donde ejercía su Sede y más tarde a las poblaciones aledañas, hecho que hacía cuando llegaban las épocas navideñas que entonces la Iglesia ya ponía en boga.

En el año de 325 asistiendo al Concilio de Trento, ese donde a las mujeres les reconocieron que tenían alma, que Dios tenía existencia pero no aspecto siendo tautólicamente un inexplicable Misterio de Fe y donde se discutieron grandes reformas y dogmas del Cristianismo Naciente en lo que ya comenzaba a ser la Iglesia Católica Universal, pues allí mismo, un muy respetado teólogo del momento, de nombre Arriano, en sus ponencias fue discutido por nuestro Nicolás, todavía no Santo (faltaría más) y en medio de esas diatribas el de Bari le propinó unas cuantas bofetadas al venerable Arrio y armando trifulca tal, que del famoso Concilio Feminista fue invitado a irse para otra parte o en lenguaje arameo sencillamente expulsado.

Y ya mas sosegado el Obispo Nicolás continuó su vida religiosa sin olvidarse nunca de repartir dineros, prebendas y ayudas a los que más lo necesitaban, y siempre en las fiestas de la Natividad. Así recorrió hasta su muerte varias ciudades de Europa siendo por ello muy querido y afamado. Luego lo de ser Santo, ya fue cuestión de los ecuménicos Pontífices subsiguientes que de eso siempre han sabido premiar con el Cielo Eterno sus conveniencias tan poco pragmáticas como santoralmente religiosas.

En los Países Bajos, los Holandeses y Suecos cuando lo celebraban le llamaban en su lengua SinterKlaas (Santo Niclauss, por traducción del Nicolás) y los franceses para no ser menos pues le apodaron como Pere Noel o Padre Navidad. Quien iba a decir que pasados los tiempos este personaje conocido por sus ataques de ira y violencias en discusiones que nunca quería perder, sería el emblema dadivoso de la alegría, la bondad y la paz de los celebrantes navideños de todos los países donde su fama se allegó.

Cuando los inmigrantes holandeses fundaron en el Siglo XVII la Ciudad de New Ámsterdam (hoy Nueva York) se llevaron consigo esta tradición y los angloparlantes la fueron deformando desde su pronunciación germánica, hasta adaptarlo fonéticamente a Santa Clauss, que es como ahora ya es renombrado en sus festividades. Años después los ya norteamericanos libres de los anglosajones, siguieron celebrando sus Navidades comandadas por el Papa Noel muy arraigado y como era muestra de generosidad y alegría contagiosa, una marca de refrescos de zarzaparrilla, Coca Cola, para sacarle provecho a estas algarabías se hizo cargo de hacerlo famoso con evidentes fines comerciales, claro, aprovechando las festividades entre religiosas y consumistas ya muy de raigambre norteamericana.

En medio de la Gran Depresión de 1930, la Empresa de Refrescos contrató al ilustrador Haddon Sundblom para sus campañas publicitarias navideñas. Antes de este artista, San Nicolás se mostraba de formas diferentes y múltiples. Delgado, fornido, vestido de verde, de rojo, de marrón, con o sin barba, lo que me invita a sugerir que entendamos esta anormalidad: Coca Cola no fue nunca un invento del Santa Clauss moderno (Papá Noel, San Nicolás, Pere Noel, con sus regalos, regalos y más regalos) pero sí que le concedieron un contrato de imagen que ningún Obispo del Siglo IV habría imaginado posible. Y el artista transformó al Santo en un gordinflón barbudo y lo vistió con los colores mercantiles con que la marca auspiciadora ya se anunciaba. Ergo, el Papá Noel o Sant Claus, de hoy y por siempre.

Y esa es la historia legendaria o veraz que a mi me explicaron cuando lo indagué y que así conté a mi joven compañero de marras, quien solo después de escuchar mi narrativa solo me hizo una pregunta: ¿como y por que llegó este Papa Noel a España cuando antes lo más importante eran “los Tres Reyes Magos” que más que una ilusión infantil también era alegría de los mayores y Festividad Nacional? Con cierto sardonismo yo le respondí que la respuesta la tenía “El Corte Inglés” y similares. Y apostillo yo, que el cristianismo hispánico no debería dejarse engullir por el angloamericanismo y esto es una problemática muy profunda que tienen que resolver los socios del club de la Religión Católica, quien hasta siempre instituyó y mantuvo la tradición como colofón de los festejos navideños.

Sin embargo quedé asombrado al poder conocer aquel ejemplar de hombre español, que con 16 años, hoy no solo cree en España, en sus tradiciones, en su nacionalidad indivisible y en la lucha por rescatar su idiosincrasia y no con batallas políticas, sino ejerciendo de amor a una patria que cuando se nace dentro de ella, es ya motivo para sentirse honrado y orgulloso de por vida.

Descubrí en mi interlocutor un futuro agradable para mi Patria y para su perennidad nacional. Mi joven compañero de mesa nupcial se divirtió muchísimo, más que con la historia del Papá Noel, que con la manera en me confesaba que creía lo mismo que yo sobre el asunto. Le agradecí por su amena compañía y su interés.

Por otros temas de los que charlamos; música, poesía, arquitectura, cine, discotecas, algo de cosas mas sensuales que sexuales (los jovenzuelos de hoy en eso andan algo desorientados) y de un pelín de dramas familiares. El nombre de mi nuevo amigo es Álvaro y cuando nos despedimos me dio un abrazo y un apretón de manos diciéndome que cuando nos volviéramos a encontrar en una de estas fiestas familiares, a lo mejor ya estaba estudiando su anhelada Ingeniería Industrial y me contaría como se había reído en la siguiente Navidad con los regalos que le iba a pedir al Papá Noel, pues aunque invento comercial y demás, había que sacarle partido.

Y cuando me fui marchando del lugar, me alegré por mis amigos tan especiales que hasta después de su boda aúlica, aún siguen compartiendo su amor familiar y su esperanza por un futuro mejor. También me contentó que había hallado en aquel Álvaro entusiasta por aprenderlo todo, el futuro de la inmortalidad de España. Y esta no me lo ha regalado ni Papá Noel ni Moisés, ni el Rabino de Perpignan, quien fue el que cuando tenía yo 12 años me contó la prehistoria de un Santo de Bari, que tenia muy mala leche pero que era tan generoso que se convirtió en un icono universal.

Espero no haber aburrido. Aplaudite, la comedia e finita. Y ahora a cuidarse que ya me toca decir Shalom.

Lorenzo Piriz-Carbonell

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