UNA GUERRA ABSURDA
La historia como bien se describe en este artículo, nos deja momentos para el olvido, si no fuera por la gravedad de las pérdidas en vidas y bienes del momento. La historia de España y las relaciones con sus antiguas posesiones en Sudamérica tras las sucesivas independencias, es una buena forma de entender cómo no se deben hacer las cosas, sobre todo viendo cómo han gestionado otras grandes potencias, sus procesos de descolonización y relaciones posteriores. El honor, esa palabra tan castizamente española, tiene mucho que ver.
JOSÉ ANTONIO PARRA TOMÁS
José Antonio Parra en Asociación la Tortuga de El Charco
3/22/20268 min read


UNA GUERRA ABSURDA
El reinado de Isabel II, que se inició en 1843, hasta que la Revolución llamada “La Gloriosa” la depuso en 1868, fue un reinado muy convulso en política interior y en el que internacionalmente se buscó devolver a España al círculo de las grandes potencias.
Para lograr volver a ser una potencia, España recompuso su marina de guerra comprando varios buques modernos de vapor, con blindaje y con artillería más potente, y además modernizó el ejército. Tras estas reformas, los gobiernos de Isabel II buscaron conflictos externos donde sacar beneficio político y económico de este nuevo poderío naval y militar. Estos conflictos neo-colonialistas se mantuvieron con Marruecos principalmente, al cual se venció en 1860, obteniendo varias compensaciones económicas y beneficios territoriales. Además de Marruecos, España participó en las campañas francesas en Indochina y en México, y se anexionó Santo Domingo.
La siguiente etapa de este neo-colonialismo, que pretendía devolver la gloria pasada a España, fue Sudamérica, donde había “cuentas pendientes que ajustar” con las antiguas colonias. Así, en 1862, España aprobó el envío a Sudamérica de una “expedición científica”, formada por tres navíos de guerra, que debía recorrer toda la costa americana, desde Río de Janeiro, en el Atlántico, hasta San Francisco, en el Pacífico, bajo las órdenes del vicealmirante Luís Hernández Pinzón, descendiente de Martín Alonso Pinzón, contralmirante de Colón en el descubrimiento de América. Pero tras la “expedición científica”, se ocultaba una operación encaminada a servir de apoyo a varias reclamaciones de empresarios españoles que residían en Sudamérica, y a conseguir tratados comerciales.
El 18 de abril de 1863, la expedición española llegó al puerto de Valparaíso, en Chile, iniciando un circuito por Chile y que continuó por Perú, en julio de ese año. España no había reconocido aún la independencia de Perú y, por tanto, no mantenía relaciones diplomáticas; sin embargo, entre ambos países no existía enfrentamiento, pero durante la visita empezaron a surgir conflictos.
El 2 de agosto de 1863, se produjo un suceso en una hacienda peruana, entre inmigrantes vascos y agricultores peruanos, y como resultado del mismo, un ciudadano español fue asesinado y otros cuatro quedaron heridos. Enterado de este suceso, el vicealmirante Pinzón, que se encontraba ya camino de EE.UU., regresó al Perú a toda máquina, aprovechando el incidente para presentar exigencias al gobierno de Perú y pedir compensaciones por el suceso.
El gobierno de Perú comunicó al vicealmirante Pinzón, que el asesinato era un asunto interno, y sería resuelto por la justicia peruana. Pero el gobierno español aprovechó el incidente para presentar otras reclamaciones, como la exigencia del pago de deudas originadas en la guerra de independencia de esa colonia, de España. Además, el gobierno español se permitió la ofensa de mandar a un comisario (funcionario colonial) para negociar, y no a un embajador, como correspondía a negociaciones entre dos países soberanos.
Las negociaciones, lógicamente, se interrumpieron, y el 14 de abril de 1864, la flota española, como medida de presión, se apoderó de las islas “Chincha”, frente a la costa peruana, que eran extremadamente valiosas, ya que allí se encuentran los importantísimos depósitos de guano, el fertilizante más importante del mundo en aquella época, base de la economía peruana.
España utilizó las islas como elemento de presión para tratar de conseguir sus demandas, aunque también se estudió la posibilidad de canjeárselas a los británicos por Gibraltar. Además de ocupar las islas, el vicealmirante Pinzón también impuso un bloqueo en el Callao, en Lima, principal puerto de Perú, para aumentar la presión sobre el país.
Viendo que la “extorsión” al gobierno peruano estaba dando frutos, el general Narváez, presidente del gobierno español en ese momento, para reforzar la flota española, envió cuatro barcos más, al mandó del vicealmirante José Manuel Pareja, nombrado comandante en jefe de la escuadra y ministro plenipotenciario, relegando al vicealmirante Pinzón. José Manuel Pareja era hijo de un oficial español, muerto en la guerra de la independencia de Perú, un hombre que odiaba a los culpables de la muerte de su padre.
Tras arduas y secretas negociaciones entre el vicealmirante Pareja y el general peruano Vivanco, se acordó el Tratado preliminar de Paz y Amistad entre Perú y España, conocido como Tratado Vivanco-Pareja, que fue firmado a bordo de la fragata española “Villa de Madrid”, frente al puerto del Callao, el 27 de enero de 1865. El Tratado acordaba que Perú debía pagar tres millones de pesos a España por los gastos ocasionados, y por no haber recibido al comisario español. También Perú debía enviar un plenipotenciario a España para solucionar lo que los españoles llamaban deuda de la independencia. A cambio, España devolvería las islas Chincha.
El acuerdo, sin embargo, no fue aprobado por el Congreso peruano, y exaltó los ánimos patrióticos de la gente, surgiendo una revolución nacionalista en Arequipa. España, para reforzar más aún su posición en el Pacifico, envió a la zona a la fragata Numancia, uno de los barcos más poderosos de la época, al mando del capitán de navío Méndez Núñez.
El conflicto de España con Perú había alarmado a los otros países de la zona, Bolivia, Ecuador y Chile, que temían un neo-colonialismo, un intento de restaurar el antiguo imperio español en la región. Muchos voluntarios chilenos acudieron a Perú para combatir en un posible conflicto. Además, Chile se negó a abastecer de carbón a la flota española. Esto ocasionó un nuevo conflicto diplomático entre España y Chile.
El vicealmirante Pareja partió con cuatro fragatas hacia Valparaíso en Chile, para pedir explicaciones, mientras la Numancia y otra fragata continuaban bloqueando el puerto del Callao en Perú. El vicealmirante Pareja llegó a Valparaíso el 17 de septiembre de 1865, a bordo de su buque insignia, el “Villa de Madrid”, para empezar a entablar negociaciones y restablecer el honor español. De entrada, exigió que el pabellón español fuera saludado con una salva de honor de 21 cañonazos, pero los orgullosos chilenos se negaron a tan absurda condición de saludar la bandera, y una semana después estalló la guerra.
El vicealmirante Pareja no contaba con tropas suficientes como para intentar un desembarco, y se dedicó a imponer un devastador bloqueo económico en los principales puertos chilenos, que arruinó a muchos empresarios chilenos y neutrales.
El 26 de noviembre de 1865 subió al poder en Perú el líder del movimiento nacionalista, el general Mariano Ignacio Prado, que lo primero que hizo fue declarar su solidaridad con Chile y declarar la guerra a España.
Mientras acontecía esto en Perú, el vicealmirante Pareja había sufrido varios reveses en su bloqueo de los puertos chilenos. El vicealmirante estaba muy presionado, y era consciente de que se había extralimitado en sus funciones, al provocar una contienda con Chile, no prevista por el gobierno español. A esos reveses, en la efectividad del bloqueo, se unió la pérdida de la goleta “Virgen de Covadonga”, que fue apresada en una brillante acción por la corbeta chilena “Esmeralda”, e incorporada a la Marina de Chile.
Al día siguiente de conocer la noticia de la pérdida de la goleta, el vicealmirante Pareja se vistió con el uniforme de gala y se pegó un tiro en la cabeza en su camarote. La muerte del vicealmirante Pareja supuso el ascenso a contralmirante del formidable marino Casto Méndez Núñez, asumiendo el mando de la flota.
Perú y Chile, tras firmar un tratado de alianza frente a España, juntaron sus escuadras para formar una flota común. Chile además tenía varios barcos en construcción en Gran Bretaña, que ya estaban a punto de ser acabados, y con los que pensaba atacar el tráfico mercante español.
La intención del flamante contralmirante Méndez Núñez era hundir la flota aliada, pero al encontrarse la misma en aguas poco profundas, fue imposible; por ello, optó por bombardear los principales puertos enemigos: Valparaíso, en Chile, y El Callao, en Perú.
Se dio un preaviso de cuatro días para la evacuación de la ciudad, y los comandantes de otras naves de países neutrales en aguas chilenas, al enterarse de la decisión española de arrasar la ciudad de Valparaíso, intentaron mediar en el conflicto, ya que era una ciudad indefensa al no disponer de defensas costeras.
El general norteamericano Kirkpatrick, pensó en intervenir, pero enterado Méndez Núñez, le manifestó que, si por algún motivo movía sus naves para proteger Valparaíso, “Me veré obligado a hundirlas, porque mientras me quede un barco procederé con el bombardeo. España, la reina y yo preferimos el honor sin barcos que barcos sin honor”. ¡Toma ya!
El 31 de marzo de 1866, una vez retirados los barcos ingleses y americanos, la flota española tomo posición frente a Valparaíso y abrió fuego con un total de 138 cañones. La ciudad fue bombardeada sin misericordia, durante tres horas interminables, descargando 2.600 proyectiles, destruyendo almacenes, un viejo fuerte, la estación de ferrocarril y otros edificios públicos. Los daños a Valparaíso ascendieron a 14 millones de pesos, la mitad de los cuales correspondía a propiedades de países neutrales.
Después de esto, la flota española emprendió rumbo a Perú, con la intención de bombardear el puerto del Callao, la plaza costera más fortificada de la zona. Todo el mundo pensaba que atacarlo era una locura y aguardaban expectantes, convencidos de la derrota española, ya que el Callao contaba con 96 cañones de gran calibre.
El 2 de mayo de 1866, tras seis horas de duelo artillero la flota española consiguió una victoria completa. Cuando terminó el combate, solo tres piezas peruanas seguían disparando, la torre blindada de defensa había sido destruida y el ministro de guerra peruano había muerto. En el bando español sufrieron daños casi todas las naves, murieron 43 marinos y 157 resultaron heridos, entre ellos el propio Méndez Núñez.
Tras este bombardeo inútil, la flota española partió el 10 de mayo hacia Filipinas y no hubo más combates, acabando la contienda España de forma unilateral, una vez satisfecho su honor con el bombardeo de los dos puertos, bombardeo que demostraba que España era de nuevo potencia, aunque de segunda fila.
Perú y Chile planearon un tiempo vengarse y atacar la península ibérica, pero numerosas desavenencias impidieron que esos planes fraguaran y al final la cosa se quedó como estaba, en un absurdo conflicto que todos ganaron y ninguno perdió. Un intercambio de golpes que la historia se encargaría de olvidar.
En 1871, España y los cuatro países sudamericanos firmarían un armisticio, posteriormente ratificado bilateralmente con Perú, Bolivia, Chile y Ecuador entre 1879 y 1885.
Desde Filipinas, Méndez Núñez decidió volver a España, dando la vuelta al mundo, pasando por Indonesia y Sudáfrica, llegando a Cádiz como un héroe y siendo honrado en todas las ciudades de España, donde aún se conservan numerosas calles y plazas con su nombre o el del combate de El Callao (como la madrileña plaza de El Callao en plena Gran Vía).
Méndez Núñez murió el 21 de agosto de 1869, siendo vicepresidente del Almirantazgo. Sus restos descansan en el Panteón de Marinos Ilustres de San Fernando (Cádiz). Hoy día, la fragata F-104, lleva su nombre.
José Antonio Parra Tomás
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