VERÓNICA Y MIS AMISTADES GENEROSAS
Normalmente cuando hablamos y contamos cosas, lo haces sobre terceros, pocas veces lo hacemos sobre nosotros mismos, seguramente por pudor, así que cuando en nuestro entorno más cercano alguien se desnuda un poco y habla sobre él y sus relaciones con ese entorno compartido, nos sorprende y nos obliga en cierta medida a reflexionar sobre su posicionamiento, al que por cierto pertenecemos. El autor de este breve artículo describe sus sensaciones actuales en este nuevo entorno en el que se ha convertido su vida, en La Costera.
LORENZO PIRIZ-CARBONELL
Lorenzo Piriz-Carbonell en Asociación la Tortuga de El Charco
5/16/20267 min read


“Verónica y mis amistades generosas”
Hoy quiero decir algo y explicar también otro algo sobre lo que son para mi los “amigos generosos”. ¿Es que hay amigos que no lo sean o sepan serlo?
Definiré por concepto y ontología lo que es saber y lo que es conocer y lo abordo bajo riesgo de ser tachado de pedante justificando que no es lo mismo conocer que saber, y así poder explicar este articulo que resultará ser más un anecdotario, que un corriente ejercicio literario. Y aunque sorprenda, eso de ejercer generosidad en sus amplios sentidos, hoy casi se ha convertido en un comportamiento arqueológico. Y es que yo soy de los que conciben la generosidad como una especie de virtud o hábito de dar, compartir o ayudar a los demás de manera desinteresada, sin esperar recompensas ni nada a cambio. Implica nobleza de carácter y puede manifestarse compartiendo bienes materiales, tiempo, conocimientos o apoyo emocional, y siempre buscando el bienestar ajeno.
Como divino paradigma de estos particulares conceptos míos, declaro que concibo la amistad como una relación afectiva, voluntaria y recíproca entre personas, basada en la confianza, el respeto, la lealtad y el afecto puro. No se basa en lazos de sangre, sino en el trato asiduo, compartiendo experiencias y apoyo mutuo, fortaleciéndose con el tiempo. Es un vínculo incondicional que enriquece la vida y brinda compañía. En otras palabras la amistad para mi es fundirse en alma e intelecto sin mas miramientos ni justificaciones. Y ya aclarado esto de amistad y su sucedaneidad (que las puede haber) y antes de comenzar este anecdotario, quisiera añadir recordando en la filosofía del saber, su diferencia de lo que es del conocer.
Y como en los tiempos de ahora parecen haberse olvidado que estos conceptos no son, ni por asomo, los mismos ni en su contenido ni en sus formas, paso a reflexionar y decir que por eso uno conoce “amigos”, que llama “conocidos” y diferenciándolos, sabe de “amigos generosos” que implican las características de sus propios adjetivos.
Y acto seguido, el anecdotario: Confieso y admito que he vivido una vida no tan intensa como deseo que llegara a ser mas extensa, pero eso sí, diversa, variada, a veces turbulenta, muy divertida, bastante azarosa e incansablemente aventurera. Y en éste avatar he llegado a conocer muchas personas, unas buenas, otras no tanto, las más diría que peores y de entre esas peores las que califico, sin ambages, de mediocres. He navegado en el prosaico mar de los imprevistos y de los soñados previstos que han sido más pesadillas que gozar de paraísos; como también me se de memoria mis fracasos de entre los cuales algún triunfo he obtenido y en medio de todo y como resultado de sus consecuencias, he hecho amigos, pocos, conocidos aunque no tantos y me he enfrentado con una pléyade de deformes mentales que haciéndose pasar por íntimos amigos, ya conociéndolos “a calzón quitado”, han resultado ser la holografía más que real de una hez fecal diabólicamente humanizada. Y de esos solo me quejo de que no han tenido ni altura, ni hechuras intelectuales, para alcanzar la categoría de enemigos. Y de ésta vacua pretensión me sacudo aseverando que hoy por hoy no he llegado a ser tan intelectual como quisiera y que forzadamente, en ocasiones, me he tenido que convertir en ogro de cuentos infantiles para preservar mi naturaleza humana de ser un ignoto y no parecerlo tanto.
Pero me contenta saber que esto no le importa a nadie. Soy lo que soy y sé que la vida me ha sido variopinta y a veces estrafalaria. Vivo en y de su resultado y con eso tengo que conformarme. Más con el paso del tiempo, llegando el punto cardinal de tener que detenerme, tuve que parar en seco mis labores profesionales y eso de jubilarme no me sentó nada bien. Siempre he soñado con morir con las botas puestas, con escritos sin acabar, con obras y proyectos sin terminar, sin ver a mi España hoy vituperada por menceres de la política, siendo salvada por la valentía de mis congéneres que ahora me parecen hasta lobotomizados y con ello despierto cada día para encontrarme que todavía sigo con las ansias de mantenerme con el cerebro incrustado en el cráneo y funcionando.
Pero para mi sorpresa, me he topado con la realidad magnífica de que en mi oblivión, me quedaban amigos, unos sin epitafio y otros los menos tan vivos como yo. Y de entre estos aparecen estos amigos que he tenido la suerte de hacerlos nuevos. El caso es que en el anecdotario de mi retiro socio-laboral me he tropezado con otros “lorenzos” que al por igual estaban viviendo la felicidad de sus vidas, pero exiliados de sus antiguos trabajos ahora sentían la ausencia de la actividad productiva en sus existencias como personas, que siempre las habían dotado de valor y arriesgada ejemplaridad.
,Y es así como tuve la suerte de conocer unas increíbles nuevas amistades, pero distintas de las que hasta ahora había tenido y dotados de la capacidad y las experiencias de vida que, como yo, se veían en la obligación humana de compartir. Los conocí como conocidos, llenos de una inquietud vivencial que les había "obligado" a formar una Asociación que graciosamente tenían denominada como “La Tortuga del Charco” y que no eran mas que un club de personas de dignidad e intelecto que les hervía la inquietud por eso de “hacer cosas” para mejorar no solamente su sociedad, sino como probatura de que todavía se dotaba de la fuerza de servir para mucho y que lo agradeciera quien quisiera o quien pudiera.
En su desarrollo de actividades se crearon un periódico digital, ahora le llamamos blogs, donde me invitaron a participar colaborando esporádicamente con algún que otro articulo o de opinión o de temáticas artísticas, que al fin y al cabo era el currículum que me precedía. Y así entré en lo que para mi es el “Círculo Tortugo”, donde he venido desde entonces escribiendo artículos que mas que enseñar a nadie lo que en mundanal vivencias había aprendido, me encontré que en esa labor, quien mas aprendía era yo, pues en el avatar de escribir ya seguía continuando siendo lo que siempre había sido.
Y así volví a recuperar mi persona de valor y compromiso. Mas sucedió que en uno de esos artículos describía una reunión fiestera que habíamos tenido los Quelonios de este maravilloso Círculo donde en las francachelas del divertimento gastronómico, habíamos estado analizando y divagando sobre un anterior articulejo mío que publicado en su periódico digital, trataba del Amor, lo Eterno y la Eternidad. En ese artículo yo hacía referencia a mi amigo Paco como el interlocutor principal de aquella diatriba metafísica, a la vez que sin nombrarlos incluía a las otras tres contertulianas de las cuales me referí con una amable descripción algo tácita. Se apelan: Juani, Rosa y Verónica, esta última la que en el momento de discutir el tema de marras fue la introductora y animadora.
También pensé que en ese articulo tan farragoso a veces, no quería que pareciese un cliché de la alta sociedad de los periódicos de antes donde se describían las modas antes que los argumentos. Nada, que mi amiga Verónica se disgustó por la no inclusión de su nombre de pila y en cuanto pudo, reunión fiestera por medio, me lo dispuso en cara. Y es que Verónica es un punto y aparte en cualquier tertulia interesante. Culta, abogada, con un talento que desperdicia al no escribir y narrar sus peripecias profesionales que tanto enseñarían amen de entretener al lector, y sobre todo eso Verónica es una “amiga generosa”. Desprendida, lleva la bondad en los genes y eso la hace socialmente querida. Y sobre todo es honesta. Piensa y dice lo que piensa. Y en aquella ponencia sobre el Amor demostró serlo.
En esa animosa tarde, para mí extraordinaria, fue cuando me di cuenta de que ella y los nuevos amigos ahora representando corro de tertulianos, eran en verdad unas personas vívidas, generosas de su tiempo y que regalaban su saber a la vez que compartían divertimento. Había encontrado a mis amigos generosos y era lo que la vida mía, inquieta y siempre belicosa me había estado reservando para que así, con ellos, pudiera llegar al confín de mi existencia con la satisfacción de haberla experimentado, pues ellos, esos Tortugos de almas inquietas, me resultaron ser el ejemplo de que todavía la sociedad ésta, que me parece tan carcomida por intoxicada de tanta ofimática y desprecios de intelectos, este maremágnum de ignorancias supinas en los que creí haberme exiliado, ahora ya iba adquiriendo un punto de continuación y de esperanza para intentar conseguir que todo vuelva a ser distinto pero igual que antes, con sus cambios y matices, pero con su honrada intención de siempre progresar.
La fiesta tortuga que ahora narro fue para celebrar que Don José Olmos, poeta y solo poeta, había llegado al centenario de publicaciones en el referido Blog Quelonio. Y ese homenaje fue posible porque estos “amigos generosos” lo pergeñaron y lo llevaron a cabo. Y quizá para no cometer el mismo error del que fui enfrentado por mi insustituible Verónica, apuntaré que en aquel sarao también intervinieron con su presencia y conocimientos el Profesor Parra y su encantadora esposa Kati, y con el premiado vate, también su mujer Maricarmen y su hija Patricia, que ya hoy, se ha estrenado como nueva colaboradora de La Tortuga del Charco. Y por supuesto Juani, adoratriz de la “Madame Buterfly” pucciniana, y Rosa, impresionante persona que sabe manejar los silencios con la entereza y precisión de un filósofo del Renacimiento, y Paco, mi amigo nuevo, generador de acciones imparables y buen escritor, viñetas sardónicas aparte, y como colofón Antonio, que si no lo menciono tendría problemas domésticos. Y por supuesto estaba yo, el que esto suscribe, emulando un gacetillero de Revista Franquista.
Y ahora si ,tengo que coronar mi crónica social con la presencia de la entrañable Verónica, que ya se le había pasado el disgusto que le había dado mi anterior artículo y ahora ya desparramaba su gracejo y su intelectualidad que tanto agradezco y disfruto.
Avisé que esto iba a ser un anecdotario. Y ha resultado ser además una Crónica de mi Agradecimiento a todos mis Nuevos Amigos que amen de generosos, me han devuelto las ganas de seguir viviendo entre dimes y diretes hasta que la muerte nos separe...como en las sentencias matrimoniales.
Y colorín colorado, este anecdotario se ha acabado. Shalom.
Lorenzo Piriz-Carbonell
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